Valentina nunca olvidaría, mientras viviera, la forma en que Frederick lloró en sus brazos por el rechazo de su madre.
Ni siquiera después de mirarlo quedarse dormido podía conciliar el sueño. La opresión en su pecho era demasiado fuerte. Si había creído que ver al Frederick inseguro era duro, el Frederick con el corazón roto era mil veces peor. Con el primero sabía que podría ayudarlo a ganar esa autoconfianza y autoridad que siempre lo acompañaba; pero no estaba segura de que pudiera arreglar el corazón roto de su marido.
Miró sus manos unidas, Valentina le había ofrecido ir al estudio para que tomase una copa de whisky, pero él se había negado, pidiéndole entre sollozos que solo le permitiera abrazarla. Se llevó las manos unidas a los labios, depositando un beso suave sobre el torso de la mano de él.
—Voy a ayudarte a sanar, Frederick. Lo diste y arriesgaste todo por mi y ahora me toca hacer lo mismo—le susurró cerrando los ojos.
A la mañana siguiente, cuando bajó a la cocina, las chicas no mencionaron nada sobre la cena intacta y Valentina agradeció por ello. Les dio los buenos días y de dispuso a comer una tostada con mermelada, aunque no tenía hambre, tenía que aparentar frente a ellas que no había pasado nada.
—El desayuno está listo—le anunció Blanca con una sonrisa.
—Hoy el Señor Rousseau tomará el desayuno en la cama—Valentina sonrió a las chicas y después preparó una bandeja para llevarle a su marido. Encontró a Frederick aún acostado en la cama, mirando hacia el balcón. Valentina podía ver sus hermosos ojos azules hinchados y rojizos. Se acercó por su lado, dejando la bandeja en la mesita de noche—te he traído el desayuno, amor—le acarició el cabello, mordiéndose el labio al verlo cerrar los ojos.
—No deberías haberte molestado, no tengo apetito—la voz ronca de Frederick sonaba aun tan triste.
—Debes comer algo, cariño, debes reponer energías—el labio le temblaba y solo esperaba que su voz no lo hiciera.
—Valentina...—ella asintió y se levantó a cerrar la puerta para luego ir a acostarse a su lado, abrazándolo por detrás.
—Lo siento muchísimo, Frederick. —se cortó antes de que su voz pudiera traicionarla. Él no dijo nada, simplemente se limitó a respirar irregularmente.
Valentina despertó por un insistente sonido. Se levantó, buscando la fuente de aquel sonido y encontró el teléfono de Frederick metido en la bolsa del pantalón que llevaba la noche anterior. Volteó a ver hacia la cama, pero Frederick aún dormía. Decidió contestar la llamada en el pasillo, para no despertarlo.
—¿Hola? —preguntó en un susurro.
—¿Valentina? —la voz de Sophie al otro lado sonaba confundida— ¿Dónde está Frederick?
—Está durmiendo en estos momentos.
—¿Durmiendo? Pero si ayer dijo que estaría aquí a primera hora. Tiene una sala de juntas esperándolo desde hace horas.
—No es un buen momento ahora mismo, Sophie—Valentina se mordió el labio, sintiendo el nudo en la garganta formarse un poco. —¿Podrías decirles a todos que tu les informaras cuando Frederick pueda reunirse con ellos?
—¿Sucede algo, Valentina?
Valentina tomó aliento antes de decir: —Ayer vinieron los padres de Frederick a cenar, pero no fue como planeábamos—tomó otra pequeña respiración—creo que su madre no va a volver a dirigirle la palabra, Sophie.
—Oh, no...—el tono de Sophie cambió totalmente al decir esas dos palabras—¿Cómo está él?
—No sé siquiera cómo podría describírtelo.
—Me pasare por su casa en cuanto salga de la oficina.
—¡No! —se apresuró a decir—No vengas, solo dale un poco de tiempo y por favor, encárgate de la empresa. Yo tratare de... yo ayudaré a Frederick.
—Valentina...—escuchó una pausa y luego la exhalación de Sophie—cualquier cosa, llámame, por favor.
Tras colgar la llamada, Valentina regresó a la habitación, pero Frederick ya no estaba en la cama. Se dirigió al baño, desde donde escuchaba el agua caer. Se desvistió y entro en la ducha con él. Tomó la esponja y comenzó a enjuagarle la espalda.
—No tienes que hacer esto por mi—le dijo él dándose la vuelta.
Valentina le enjuagó el pecho, mirándolo a los ojos—Quiero hacerlo.
—No pasa nada, Valentina.
—Frederick...
—Sabía que esto pasaría. Es por eso que no quería enfrentarlos aún, pero he aprendido que nada bueno sale dejando que las cosas sigan. Tenía que hablar con ellos, con ella, y hacerles saber el porqué lo hice. Ahora lo saben—él desvió la mirada—están en su derecho de no querer saber nada.
—No, no están, no está bien, Frederick—Valentina soltó la esponja y lo tomó por los brazos—eres su hijo.
—¿Tu perdonarías a tu padre, Valentina?
Ella dio un paso atrás, sorprendida de que él le preguntara aquello. —No, pero lo de tus padres es diferente.
—¿Diferente en qué? No soy tan diferente de tu padre, Valentina, ambos hicimos algo atroz.
—No es así, Frederick. Mi padre me vendió porque quería dinero, tú me compraste porque querías una esposa, pero terminaste enamorándote de mí y pasando dos meses en prisión por ello. Mi padre no hubiera hecho eso por mí, así que no te compares con él. —Valentina se sentía un poco ahogada.
—Los dos quisimos hacerlo, a como yo lo veo, es lo mismo.
Frederick iba a salir de la ducha cuando ella lo tomó por el brazo con las dos manos. —Tú nunca hubieras querido que me pasara lo que me pasó ahí dentro. Mi padre sabía lo que ocurría ahí y aun así lo hizo. —Frederick volteó a mirarla y ella aprovechó para soltar su brazo y señalarle las delgadas líneas blancas en sus muñecas—te dije que me las había hecho al intentar zafarme de las restricciones que me ataban a la cama de aquel sitio. ¿Tú hubieras querido que me las hiciera?
—No
Valentina se apoyó en la barra dentro de la ducha para levantar un poco la pierna, mostrándole la pantorrilla—Aquí fue donde me mordió aquel horrible perro—la marca ahí era más grande—¿Tú hubieras querido que ese perro casi me arrancara la pierna de un mordisco?
Frederick apretó la mandíbula—Por supuesto que no.
—Tú no eres igual a mi padre, Frederick. Tú no me abandonaste a mi suerte. Me compraste, sí, —Frederick apartó la vista—pero hiciste mi vida mejor. Mi padre me vendió para vivir mejor, tú me compraste para que yo pudiera vivir mejor y voy a llevar eso siempre en mi corazón.
—Ayer mi madre me hizo sentir como un monstruo, Valentina—admitió Frederick por fin, después de unos minutos en silencio. —En prisión tuve muchas peleas por sentirme así, igual a todos esos tipos que habían hecho cosas similares a lo que yo hice. Ninguno de ellos se arrepentía. Un hombre había comprado a una niña de quince años para abusar sexualmente de ella hasta matarla, sentí tanto asco y repulsión que no pude evitar golpearlo.
—Tú no eres ese hombre, Frederick—se acercó lentamente a él hasta que quedaron nuevamente frente a frente—y tampoco eres un monstruo. Eres mi caballero de brillante armadura y ojos azules. Yo soy tu princesa, ¿recuerdas? Tú no dejas que nadie me haga daño, nunca. —levantó una mano con cautela, llevándola hasta su mejilla. Frederick cerró los ojos al sentir su toque—ahora mismo me haces daño al pensar de esa manera sobre ti mismo—admite mordiéndose el labio.
Sintió los brazos de Frederick rodearla y ella pudo relajarse un poco. Amaba sentirse protegida entre sus brazos. No iba a ser fácil sacar a Frederick de la percepción que tenía en ese momento de sí mismo, pero ella daría todo de sí por lograrlo.
—¿Qué haría yo sin ti, mujer? —le susurró Frederick en francés.
—Menos corajes—contestó ella en español. Sintió la suave risa de él retumbar en su pecho a la altura de su oído. Valentina sonrió un poco, acorrucándose más contra su pecho, mientras el agua de la ducha caía sobre ellos.
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Valentina®️
रोमांसFrederick ha sido encarcelado bajo el delito de trata de personas, pero Valentina no piensa quedarse de brazos cruzados esperando a que la policia mexicana escuche su versión de los hechos. Va a recurrir a quien cree puede ayudar a Frederick: Aden. ...
