|Capítulo cinco|

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- Me encantan los obsequios..

[^^]

Un día lluvioso, las clases se suspendieron por una reunión de maestros.

Kedamono estaba sentado en su escritorio, mientras miraba su laptop, en si, no le gustaba ver lo que los adolescentes miran en este tiempo.

El solo miraba diferentes peinados, su pelo era largo y muy difícil de peinar. Tenía que hacer el esfuerzo, ya que, en la escuela le mandaron un reporte por esto.

[^^]

Pintaba su cuarto, le gustaban los pequeños detalles.

De repente, escucho algunos golpes en su ventana, sin prestarle atención, siguió con lo suyo.

Los golpes aumentaban más.

— ¿Acaso no pueden tocar la maldita puerta?- Cuestiono Kedamono.

Abrió la ventana de su habitación, para darse cuenta de que una persona tiraba piedras a la ventana. La persona solo tenía un capucha, no se le podía ver el rostro.

El extraño solo saco una pequeña carta, mientras la señalaba.

— ¿Qué carajos quieres?- Pregunto Kedamono.

La persona no emitió ningún sonido, solo le mostró nuevamente la carta.

Kedamono no tenía paciencia, solo le saco el dedo de enmedio, así evitando decir una grosería.

El extraño solo asintió con la cabeza, para después subir las escaleras del departamento.

— ¿Qué mierda?

Kedamono solo suspiro, para después cerrar la puerta de su cuarto con seguro.

Mientras marcaba en su celular el número de su madre.

De repente, escucho como tocaban la puerta de su casa. Sin emitir ningún sonido solo fue hacia la puerta de la cocina y mirar desde el pequeño espacio de la puerta.

Era esa extraña figura que se encontró afuera.

— Disculpe..- Escucho una voz.

El no quería ser grosero, así que abrió la puerta, tenía que parecer dominante ante la situación, aunque era más alto que la silueta.

— Vengo a entregar está carta, para el señor Kedamono.- Dijo el extraño, sin quitarse su capucha.

— Si vas a entregarme algo, debes de quitarte esto.- Dijo agarrando la capucha y jalandola, haciendo que se cayera. La persona solo se tropezó, haciendo que cayera al suelo.

Al parecer, se asombró al ver que resultó ser una chica.

La chica solo se quedó mirando al más alto. Con asombró y con una buena vibra.

Solo se levantó y se sacudió.

— ¡Idiota!- Grito la chica.

Kedamono solo empezó a reír.

— ¿Encerio me mandan a una chica para hacer esto?- Cuestiono, mientras miraba el diseño de la carta.

— Que te quede claro, yo no soy el que te manda esas cartitas.- Dijo con un rubor en sus mejillas.

— ¿Me crees un idiota?- Kedamono solo miro con detalle el cuerpo de la menor.- Bueno, tengo que admitirlo, me mandaron a una persona con buen cuerpo, pero no con sentido del humor.

— Solo, me mandaron a enviarte está carta.- Dijo la menor.

— Bien, ¿Conoces a la persona que me manda estás porquerías?

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