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Presionaron sus manos suavemente sobre la de la otra para tratar de mantener todo el calor que les fuera posible. Chaeyoung sonrió y la menor le devolvió la sonrisa tímidamente. Reemprendieron la caminata, pero ahora de manera más silenciosa que antes. No era un silencio incómodo. Si no todo lo contrario. Las palabras estaban de más en ese momento. Como si lo único que les importara en el mundo fuera sentir la calidez del tacto de la otra sobre su mano, sentir su suave piel, el roce de sus dedos. Permanecieron así con cientos de pensamientos vagando por su cabeza. Mina simplemente no podía creer que estuviera caminando de la mano con Chaeyoung. La chica que no podía sacar de su cabeza. Era como una de esas escenas de las películas románticas que a veces veía su madre, sólo que esto era real. No tenía comparación.

Luego de caminar todo el trayecto, Mina se detuvo en unas rejas de color negro que daban paso a una casa blanca de tejado azul, muy bonita. Suspiró presionando la mano de Chaeyoung con fuerza y luego soltándose del agarre lentamente, haciendo que ambas sintieran cada pequeño roce. Abrió la puerta de rejas con su llave pero no se adentró al patio delantero.

—Gracias -dijo queriendo desviar la mirada, pero haciendo un esfuerzo por mantener el contacto visual, recordando que eso era lo que Chaeyoung quería- Gracias por acompañarme -Chaeyoung sonrió.

—Por nada, Mina. Fue un placer. Gracias a ti por acompañarme a la cafetería -la menor negó un poco con la cabeza sonriendo hasta marcar su linda sonrisa y mordió su labio inferior.- Mina.. -dijo seriamente haciendo que esta la mirara de la misma manera. Permaneciendo estáticas unos segundos. Chaeyoung iba a decir algo más cuando de pronto...

—¡¡Mina!!

Se oyó un grito desesperado luego de abrirse la puerta de la casa y la mujer corrió hasta las rejas negras que daban a la calle. Abrazó a su hija con todas sus fuerzas. Con su rostro cubierto de su cabellera negra, con el rostro de Mina sobre su pecho. Su hija no dijo absolutamente nada, después de todo a su madre era a la única persona que le permitía ese tipo de contacto humano. Bueno, casi la única.

—¡Me tenías muy preocupada! -decía con la voz aún desesperada sin poder evitarlo, sus ojos estaban vidriosos- ¡No vuelvas a asustarme de esta manera!

—Por favor no se enoje con ella. Fue mi culpa -dijo con tono culpable al ver esa escena y el lío en que la había metido.

Sachiko ni siquiera se había percatado que había alguien más allí. Subió su vista posando sus ojos en Chaeyoung que la observaba con remordimiento. Mina se separó de ella por cuenta propia y quedó observando el piso como una niña a la que acaban de regañar. Sachiko sabía perfectamente quién era esa chica, pero fingió no saberlo.

—¿Y tú eres...?

—Chaeyoung -aclaró su garganta por los nervios- Soy Son Chaeyoung. Soy una amiga de Mina -Mina la observó directamente al oír esas palabras. Chaeyoung se había llamado a sí misma su amiga- Lamento mucho haber regresado tan tarde. No volverá a ocurrir. Por favor no se enoje con ella -volvió a pedir.

Sachiko suspiró.

—Procura que no vuelva a pasar.

—Sí, señora. Lo siento ¿Entonces no está enojada con Mina? -preguntó expectante.

Sachiko rió un poco. Esa chica transmitía demasiado carisma en su manera de ser. Hablaba mucho y le pareció tierno que se preocupara tanto por su hija.

—No, Chaeyoung. No estoy enojada con Mina.

—¡¿Oíste eso?! -mirando a Mina con la mayor de las sonrisas.

Mina quiso reprimir una pequeña risa fracasando completamente. Su madre no podía estar más feliz por eso. Chaeyoung tenía esa habilidad para entrar en confianza fácilmente. Podía alivianar el ambiente sin importar que tan tenso estuviera.

La chica de los CDs [ADAPTACIÓN Michaeng] Donde viven las historias. Descúbrelo ahora