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Esa tarde fueron a comer a un bonito restaurante italiano, ambos habían amanecido con antojo de pizza y lasaña, así que luego de quedarse toda la mañana mirando el techo, acurrucados juntos y sin moverse, decidieron hacerlo cuando el estómago les gruñó por comida.

Y ahí estaban, compartiendo una pasta de plato inicial antes de que llegara su pizza y lasaña.

—Después de comer—inició Hyunjin con las mejillas llenas, pero aun así enredando más pasta en su tenedor—¿Qué quieres hacer?

Felix tomó la servilleta y limpió los labios de Hyunjin antes de que se metiera el tenedor lleno de pasta a la boca.

—No sé, mientras este lejos de la mansión de los Han, lo que sea—sonrió cuando notó las mejillas del alto de un rosa pálido, no se esperaba que Felix lo limpiara.

—Te llevare a un lugar bonito entonces—dijo picando una albóndiga.

—¿Dónde?

—En Gwacheon ¿nunca has ido al parque Gran Seúl? Tienen un zoológico y todo.

—¿De verdad? —preguntó un poquito ilusionado-mucho en realidad, pero intento ocultarlo- Felix no había tenido una infancia normal como muchos otros, él nunca fue a parques, zoológicos o museos, él siempre estuvo en clases y lecciones para volverlo un chico con costumbres "aristócratas".

—Si—sonrió y acarició su mejilla con suavidad, sin ser consciente Felix se apegó al toque haciendo que Hyunjin se sonrojara un poquito más.

Felix era demasiado lindo sin ser consciente de ello.

Cuando se acabaron la pasta trajeron los otros dos platillos, los cuales compartieron entre risas y burlas.

Todos esos momentos fueron captados en cámara y enviados a la madre de Felix, la cual ya ni siquiera sabía cómo sentirse, aún no había averiguado la ubicación del departamento de aquel chico porque siempre a la hora de volver se perdían en la gente y el investigador ya no los podía seguir.

—¿Qué piensas hacer entonces? —preguntó el señor Lee, mirando como su hijo sonreía de una forma tan bonita, le hizo sentir culpa en el pecho porque Felix nunca había sonreído así estando con ellos.

—No lo sé—gruñó la mujer pensando en que hacer.

Los Han no estaban muy diferentes a ellos, si bien sabían donde vivía el muchacho de los Lee, no habían visto a su hijo por ahí, ni por ningún lado, como si la tierra se los hubiera tragado.

Y bueno, básicamente no los habían visto ahí porque no se estaban quedando ahí.

Minho tenía un tío con casa en la playa, Jisung se había encargado de todo pues había estado retirando suficiente efectivo de su tarjeta desde hace varios meses para tener una generosa cantidad y así no pudieran detectarlo con las compras de su tarjeta, con eso compró los pasajes de avión y apenas pudieron salir de la mansión se fueron al aeropuerto para ir a Jeju.

Ahí podían amarse sin que nadie los estuviera espiando, sin que se los prohibieran y sin que los conocieran, básicamente eran una feliz pareja pasando el rato en la playa, solo eso.

Jisung se podía levantar todos los días, mirando el perfecto rostro de su novio, y no lo decía solo porque lo amara, de verdad Minho tenía de los rostros más hermosos que había visto, era como una obra de arte creada por el mejor escultor del mundo.

Justo ahora ambos chicos seguían dormidos, o bueno, Minho seguía durmiendo, Jisung estaba recostado a su lado, admirando la belleza de su novio, acariciando con cuidado su rostro solo con las yemas de sus dedos para no perturbar su sueño.

NOVIO DE ALQUILERDonde viven las historias. Descúbrelo ahora