Capítulo XXIII - Bidla

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Bidla - Cambio

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Louis se encontraba cargando y meciendo a sus dos bebés mientras Harry se situaba en medio de todos los dioses para empezar a retirar los encantamientos que condenaron a aquellos seres.

Antes de hacerlo, pidió a Thavma que se retirara, debía hablar con ella antes de poder explicarle lo que pasaría cuando empezara a sentir. En cuanto a los otros dioses, les explico rápidamente que podían experimentar algunas emociones fuertes debido a que estas se han contenido demasiado tiempo dentro de su ser.

Cuando ya todos estuvieron mentalmente preparados para recibir las emociones, Harry abrió sus manos dejando salir una esencia con la forma de humo turquesa de sus palmas, aquella sustancia fue ingresando en cada uno de los dioses regresándoles lo que tanto añoraban desde hace varios siglos atrás.

La reacción de algunos fueron risas de emoción, otros lloraban, otros se sentían aliviados, todas estas emociones mezcladas desequilibraron un poco a los dioses obligándolos a alejarse del lugar y lidiar con sus propios sentimientos por separado.

—Lo hiciste excelente amor—. Dijo Louis acercándose a su chico.

—Tienes que ayudarme con Thavma—. Dijo Harry depositando un beso en su frente y en la de las dos bebés.

—Por supuesto que lo haré—. Ambos se retiraron con un brazo cargando cada uno a una de las diosas y con el otro enlazando sus manos.

Al llegar a casa de Thavma, fueron recibidos de inmediato por la diosa que se encontraba a la espera de saber lo que Harry le tenía que decir.

—Bien, por donde empiezo... —. El rizado no encontraba las palabras para explicarle a la diosa que el era el hijo de Adeline.

—Deimos—. Thavma miró a su hermano esperando recibir una respuesta por su parte al ver que el chico no decía nada.

—Estoy ocupado—. Dijo Louis mientras jugaba con ambas bebés haciéndolas reír.

—¿Enserio se las van a quedar?—. Preguntó la diosa.

—Son nuestras, sentimos esa conexión interna que nos dijo que ellas serían nuestras hijas.

—No entiendo porqué las personas tienen hijos, es decir... ¿Para qué otra responsabilidad a parte de cuidarse a ustedes mismos? ¿No les molesta saber que no podrán follar cuando las bebés estén en la casa?

—¡Cállate! No digas eso en frente de mis niñas—. Dijo Louis tapando los oídos de las pequeñas diosas que se asustaron con dicha acción.

—¡Mira lo que provocas!—. Circe y Sejmet habían empezado a llorar. —Iré arriba, asusta niños. 

—¿Por qué no te gustan los bebés?—. Preguntó Harry cuando Louis se alejó del lugar junto con sus hijas.

—No es que no me gusten, no tengo buena experiencia con eso... Un bebé fue la razón por la que tuve que alejarme de la única persona que me hacía sentir algo.

—¿Adeline?

—¿La conoces?—. Los ojos de la diosa brillaron ante la mención de la mujer que tanto amaba.

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