Habría transcurrido un rato desde el inicio de aquella discusión, la cuál, cómo si de carbón se tratase, comenzó de a pocos con pequeñas chispas que ocasionaron el fuego en ambos.
– Jayden, ¿te crees qué no sé lo que haces?
Comentaría con un tono totalmente superior y desagradable el castaño. Observando fijamente al pelirrojo, quien estaría en su límite, apretando su puño con bastante rabia y resistiendo sus ganas de cerrarle la boca con de puñetazo.
– Ya estoy totalmente harto de repetirte que NO TE ENGAÑO CON NADIE, QUE ES UNA PUTA TERAPIA PARA MI JODIDA CABEZA Y OTRA PARA LA ADICCIÓN, si no quieres que vuelva a despertar en un callejón, sin recordar quién soy y sintiéndome totalmente miserable, entonces déjame en paz.
No quería actuar así, por lo que por instinto y costumbre, se arrodilló frente a él y comenzó a disculparse.
Veía reflejada la viva imagen de su padre en aquel chico, volviendo a repetir sus acciones de años atrás cuando sumaba un comentario o tono indebido.
Esto, claramente sólo haría al contrario tener más razones para convencerlo de ser una auténtica basura.
Entre risas, le dió una fuerte bofetada, observando cómo no ponía resistencia alguna.
– Vuelve a gritarme y seré peor que tu padre, ¿acaso eres tan miserable cómo esa mujer de la que me hablas cada vez que estas drogado hasta la mierda con esas pastillas para tus problemas de enfermo mental?, sólo eres un trozo de mierda que está bajo mis pies.
Aquel comentario realmente no podía pasar desapercibido, aquel comentario no podía ser algo más de su lista de cosas a ignorar; algo en su interior le gritaba, le exigía que reaccione.
No era su madre, tampoco era miserable, ni mucho menos alguien que estaba a sus pies, era alguien totalmente capaz de enfrentar las dificultades y seguir adelante. Era alguien valiente, alguien fuerte, era cómo aquel héroe que pintaba ser en las historias de su inocente mente infantil.
Tomando el coraje, rompió su posición para avanzar hacía él, devolviéndole su golpe, y muchos, muchos más. Estaba harto de quedarse siempre cabizbajo y dócil, estaba harto de ser visto desde arriba...ahora, aunque sea por unos minutos, quería tomar el poder y desahogarse de todo el odio y rencor en su interior.
– Aquí, quien está en los pies, eres tú, porque pintas con ésta agresividad lo cobarde y miserable que eres.
No era exactamente a quien realmente deseaba decirle esas palabras, pero servía.
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Jayden.
Short StoryEscritos sobre Jayden e ideas a tener en cuenta. [Ignorar, por favor].
