Capítulo 29:
Ada.
Un olor a desinfectante de frutilla llega a mis narices. ¿Por qué siempre percibo el aroma a desinfectante o a lavandina? No lo sé, uno de los misterios de la vida, pero supongo que no todos los espacios de la cuidad huelen a desinfectante o lavandina, talvez mi nariz es hipersensible, quizás tengo un trauma con ese olor común o en todo caso, estoy medio chiflada. Más segura la última opción.
Me pone de malas usar calza apretada. Esta prenda coloca mi ropa interior entre mis nalgas y bueno, yo no disimulo al sacarla de su escondite incomodo, haciendo que de vez en cuando Sofía me rete. Atravesamos un pasillo, rodeadas por el inmenso rosa merengue sobre las paredes, llegamos a la clase preferida de mi amiga; Yoga. Yo nunca hice yoga, o algo parecido, lo más cercano a esto es estirarme por las mañanas. El deporte y yo no van de la mano.
Dentro de la habitación hay por lo menos quince chicas de diferentes edades y contextura corporal, eso sí, todas parecen ansiosas por la clase, estas acomodan la esterilla sobre el suelo y se sientan cruzadas de piernas mirando hacia adelante. Y luego estoy yo, con una enorme sudadera canguro a pesar del calor, parada contemplando el espacio con las manos dentro del gran bolsillo de mi abrigo, con ganas de morirme en este mismo instante. Sofía se acerca y me da una esterilla sacada del montón, imito a las chicas de la clase y me siento por encima cruzando con torpeza mis piernas.
─ Deberías sacarte ese buzo.
─ Tengo frío.
─ Nunca has hecho esto, yo sí. Te aconsejo que te lo quites para estar cómoda.
Protesto, pero le hago caso. Al fin y al cabo, he venido a esta pedorrada solo para complacerla. Sofía ha estado un poco tristona desde que Will se marchó, hace tres días, a casa de sus padres para pasar navidad y año nuevo. Solo son dos semanas, no entiendo porque tanto drama, todos los días se hablan y mensajean constantemente. Puf, es asco del amor. Igual ella no fue por ese lado a la hora de convencerme, sino que todo comenzó cuando le pedí que fuéramos a practicar tiro y ella se negó rotundamente a disparar un arma, lanzar cuchillos o cualquier cosa que requiera liberar estrés por medio de la violencia, así que me invitó (obligó) a hacer esta cosa del Yoga, aun sabiendo que no soy demasiado flexible y mi conocimiento sobre el Yoga se aproxima al conocimiento de un mamut sobre una computadora.
Una mujer de unos treinta años ingresa al pequeño salón. Lleva el cabello en un rodete apretado, se pasea hasta quedar delante de todas nosotras. Ella saluda de una manera extraña, juntando las palmas de las manos delante de su mecho e inclinando levemente la cabeza. Todas imitan su saludo, excepto yo, que no tengo ni un culo de conocimiento básico sobre esta disciplina.
La instructora nos hace realizar unos ejercicios de respiración. Luego nos pide ponernos en cuatro patas, así como si estuviéramos por follar de perrito. Ahogo una risa ante la idea.
─ Hacemos la vaca para pasar al gato- dice la instructora en tono calmado.
¿Qué mamada? ¿Estamos haciendo yoga o aprendiendo los animales de nuevo? Sofí parece relajada mientras hace la postura. Mi mente es asquerosa, debería relajarme como las demás, pero en lugar de eso pienso en lo divertido que sería usar esta postura con Codi. Sí, con él. Luego de que me atara a la cama, mis sueños no son del todo normal, y no dejo de imaginármelo como todo un Amo, aunque tiene pinta de sumiso. Sería divertido devolverle el favor y atar sus muñecas con esa soguita roja, le azotaría el culo hasta que le sangre desquitando la bronca que le tengo, mordería uno a uno sus tatuajes diciéndole lo feo que son, pero en realidad le quedan espectacular. No haría falta una mazmorra o un cuarto rojo para hacer esas cosas, según Google, bastaría con su soguita y un cinturón, ambas cosas disponibles en su habitación. Tendría que aprender a hacer nudos bondage, pero si Codi aprendió yo también puedo. Y sería mí Sumiso, uno genial.
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ADOLECER ▪
Teen Fiction[SIN EDITAR] ••• ¿Sabes lo que se siente qué todos te odien por ser tú? Nunca creí en el amor porque todas las personas que he llegado a amar terminaron tratándome como basura y se marcharon de mí vida. Pero él es diferente. ¿Por qué Codi? ¿Por qu...
