Capítulo 38

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Capítulo 38:

Ada.

─ Deberías quedarte más tiempo en casa.

Suelto un resoplido. Continúo metiendo las cajas dentro del cuarto de la residencia estudiantil.

Al final no conseguí la beca, es decir, la entrevista fue genial y el director de becas quedó fascinado con recibirme en la universidad, pero algún hijo de puta llevó el chisme de quién es mi padre, se enteraron de la cantidad de plata que tiene y a la mierda la beca. Así que no me quedó de otra que realizar algunas modificaciones en mi vida para poder costearme la habitación residencial, los libros, la comida y todo ese rollo. Y hablando de habitaciones... No sé cómo –ni quiero averiguarlo─ Emma consiguió que me den el cuarto donde ella reside, así que viviremos juntas por un tiempo, solo me dijo; "Querida, fue sencillo. Persuadir a la encargada de las habitaciones es muy sencillo", luego me giñó un ojo, ustedes saquen sus propias conclusiones.

En cuanto a la idea de estar nuevamente compartiendo cuarto con Sofía fue descartada al instante. Ella aún no está del todo bien con respecto a su salud mental, y, además, la universidad queda súper cerca de casa de su madre. Y Ahítan, bueno, él es un traidor. Al final sí se quedó en la finca de su padre a laburar en el campo, rodeado de bosta de caballo y levantándose a las seis de la mañana, también dejó a su novia, si hay algo que tenemos en común con mi hermanito es que a ambos nos disgusta la idea de una relación a distancia.

─ Lo siento, pero tenemos una tregua y eso es todo. Encima estuve en tu casa más tiempo del que te dije. Debe haber sido una molestia.

─ Para nada, Ada. Yo te lo ofrecí y quiero que te quedes. S-sí te queda lejos la universidad puedo pedirle a Alex que te traiga...

─ ¡Ni en pedo! A él no lo metas en nuestra relación.

Abro la caja que contiene mis libros, y como a Emma no le gusta leer, tengo toda la repisa para mí. Comienzo a ubicarlos en hilera tratando de hacer entrar todos los libros en las maderas.

Uf, este cuarto es sumamente pequeño.

─ Pero, hija, ¿cómo pagarás este cuarto?

─ Con trabajo─ dije girándome. Ella me mira extrañada.

Ni que contarles el dichoso empleo que conseguí.

Algunos dirían que es una suerte, otros una desgracia.

Bueno, les cuento porque sé que son chismosos. Hacía un frío que te cagas porque así es en Argentina, un día hace calor y al otro es invierno, y la noche anterior había llovido. Apretaba mi campera mientras paseaba por la calle, cuando vi un cartel afuera de un restaurante.

"Se necesita empleado/a, mayor de dieciocho años, con experiencia como mozo"

Me metí de una. Y sí, tengo experiencia laboral, con lo difícil que era que mis padres me den dinero cuando pequeña, me las arreglé para mentir con un documento falso y realicé gangas desde los quince.

La cuestión es que ingresé toda confiada, miré al camarero que se encontraba trapeando el suelo embaldosado, este levantó la vista y se encontró con un espantapájaros renegrido, ósea yo. Le comuniqué lo que había leído en el cartel de afuera, el hombre muy amable me dijo que llamaría al dueño para acordar una entrevista de trabajo. Me dediqué a mirar los cordones sucios de mis zapatillas, mientras reposaba en un taburete.

─ Hola, Princesa.

Debe ser una puta broma, pensé.

─ Hola, bonito. Qué coincidencia, ¿no crees?

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