Capítulo 43

99 13 7
                                        

Capítulo 43:

Ada.

~Cinco meses después~

Superarlo fue duro.

Aún recuerdo lo que ocurrió una semana después de su muerte. Mis demonios me devoraron y me hundí en mi propia mierda.

La sangre recorría mi piel incolora, mis ojos se clavaban en el cielo raso sin pintar, el resto de mi cuerpo era depositado en el suelo de madera. En mi mano derecha descansaba una navaja de afeitar y mi brazo izquierdo se desangraba con jovial lentitud. Las mejillas se me humedecían y los labios me sangraban por tanto morderlos.

─ Joder, Ada. –cuestionó Emma en tono alarmante. ─ ¿Qué te hiciste? –dijo y se hincó de rodillas frente a mí.

La puerta del cuarto de la residencia estudiantil se abrió. Mi novio todo despeinado con aires de no dormir ingresó a la pequeña habitación. Se encontró con un escenario salido de una peli de terror ochentera. No me digné a mirarlo. Seguía ida, consumida por las metanfetaminas, las cuales había probado por primera y última vez. Fue sencillo conseguirlas a través de Charles, quien depositó un cumulo pequeño de un cristal similar al vidrio entre mis dedos cuando le solicité comprar algo alucinógeno capaz de aturdirme un rato.

Mis pupilas dilatadas se concentraron en las grietas del techo que parecía caerse a pedazos. Codi se arrodilló junto a Emma, ambos frente a mí. Ella colocó un poco de papel higiénico en mi brazo con intenciones de frenar el flujo de sangre. No me dolía, el corazón me ardía mucho más que un par de líneas finas poco profundas. Supongo que haber estado drogada también ayudó a no sentir demasiado y en su defecto, ser consumida por un alivio creciente que me aliviaba el hambre, el sueño y el dolor.

─ ¿Ada, me escuchas? –consultó Codi tomándome por los hombros.

─ Claro. –le respondí sin mirarlo.

─ ¿Sabes lo qué hiciste?

─Obviamente. –Relamí mis labios, pero tenía la boca seca.

En ese instante comprendí por qué se lesionaba Sofía. Ese dolor es menor al interior, y a diferencia del otro, a este puedes apaciguarlo.

Me dolía el alma y no sabía cómo calmarlo.

Dios no me quería, de eso estaba segura. Y talvez lo siga estando ahora.

Recuerdo que me llevaron al hospital donde me realizaron curaciones en mis cortaduras, me pusieron suero y esperaron a que pasase el efecto de las metanfetaminas, para ello me dejaron en observación.

Ese día también tuve mi primera gran discusión con Codi.

─ ¡¿Por qué haces estás mierdas?! ¿No te das cuenta que no solo te afecta a ti? –me cuestionó.

Ambos nos encontrábamos a solas en una habitación del hospital público. Un suero colgaba de una vara de hierro junto a la camilla, y una aguja se incrustaba en mi piel para proporcionarme fluidos. Desde ahí le miraba atenta mientras él no sabía que más hacer conmigo.

─Lo siento, ¿ok?

─ No basta con sentirlo. Tienes que dejar de hacerlo.

─Te advertí que no podía quererte y que iba a hacerte daño. –le recordé.

─No se trata de eso...

─ ¿Entonces de qué?

─ No quiero verte morir, ¡entiéndelo! –me dijo con los ojos vidriosos, pero conservando una distancia prudente.

─ No me voy a matar, Codi.

─Lo mismo le dijo Sofía a Will, y mira lo que pasó.

─A ella no la metas en esto. –dije al borde de la rabia.

ADOLECER ▪Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora