Regina cerró la puerta de su casa y se apoyó en ésta. No encendió la luz, sino que permaneció en la quieta oscuridad, suspirando. Los médicos habían decidido que Roland debía quedarse un día más en observación y todos, incluido su hijo, le habían convencido para que volviera a dormir a su casa. Y allí estaba, obligado a enfrentarse a la soledad y al silencio de la casa. En el hospital había agitación y numerosas interrupciones, para tomar muestras de sangre, comprobar cómo evolucionaba la cicatriz, dar las comidas... Las enfermeras entraban y salían. Y mientras todo aquello ocurría, Joshua podía mantener a los demonios de su mente alejados.
La agitación del hospital le había impedido volverse loco pensando en qué hubiera podido pasar, o culpándose por haber permitido que el chico fuera en moto. Le había impedido hundirse en el recuerdo de los meses de hospital de Robin y del último viaje a urgencias, cuando ya no pudieron hacer nada por ella. Incluso había olvidado echar de menos a Emma.
—Otro día duro —dijo una dulce voz femenina desde el otro lado del salón—. Otro día sin descanso. Regina abrió los ojos. Era Emma. No podía distinguirla, pues la habitación estaba a oscuras.
—¿Dónde estás?
—Acercándome —dijo Maddie y estuvo a su lado. Le puso un vaso en la mano y Joshua pudo respirar su aroma—. Bébete esto. ¿Cómo está Rolad? Regina bebió el vino sin pensar. Estaba frío y seco, y era reconfortante.
—Roland está mejor. Lo bueno es que la moto está destrozada —añadió—. Así que la tentación ha terminado.
—Ya veremos —dijo Emma con prudencia —. ¿Has cenado? Regina pareció pensar.
—Creo que sí. Ah, sí, me he tomado unas hamburguesas —miró los ojos de Emma que brillaban en la oscuridad y se terminó el vino en dos tragos—. ¿Qué haces aquí?
—Ver qué tal estás —le quitó el vaso de la mano—. Te pondré más vino.
—Voy a encender la luz —dijo Regina inmediatamente.
—No —respondió Emma —. Siéntate y relájate. ¿Por qué? estuvo a punto de preguntar Regina, pero ganó el cansancio y obedeció. Emma regresó al momento con más vino y se sentó a su lado en el sofá. —¿En una escala del uno al diez, cuánto terror sentiste al recibir ayer la llamada? —se aventuró a preguntar Emma.
Regina respondió con la misma tensión. —Veinte.
—Y cuando Regina Mills se enfrenta a un problema, lo hace solo. Regina la miró, sin discernir su expresión.
—No conozco otra forma.
—Nada de abrazos, ni de apoyo ni de compartir la angustia —continuó Emma, acercándose más a ella. Regina respiró, sintiendo un peso en el pecho que apenas empezaba a disiparse.
—No recuerdo haber tenido nada de eso. Emma le tocó el brazo y le besó en la mejilla.
—Pues va siendo hora de que tengas nuevos recuerdos. Le quitó el vaso de la mano, y lo dejó sobre la mesa. Emma olía a un perfume dulce y embriagador como el vino. —A lo mejor va siendo hora de que aprendas una manera nueva de enfrentarte con la vida —añadió la mujer y la besó. Por fin Regina sintió una liberación en su pecho y pudo respirar.
Al mismo tiempo la excitación tomó el lugar de la ansiedad. Los labios de Emma eran suaves y ardientes, sus manos amantes y seductoras. Respiró más, queriendo absorber todo su calor y su tierna presencia, queriendo incorporarla a su ser. Y entonces todo estaría bien. No era que no pudiera vivir sin ella, se dijo. Era que no quería seguir viviendo así. Sintió que los dedos de Emma le desabrochaban la camisa.
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Una Chica con Problemas
FanficAdaptacion del Libro del mismo nombre de Leanne Banks. g!p Regina ¿Encontraría alguna vez a su príncipe azul? Ni hablar de príncipes, lo que Emma Swan necesitaba era una ambulancia. Estaba a punto de dar a luz, en mitad de un atasco de la autopista...
