Chapter 1

1K 100 14
                                    

Emma miró por la ventanilla de su coche. El mismo espectáculo la rodeaba portodas partes. Coches. Coches parados.
Estaba en medio de un monumental atasco de la autopista 81.
Atrapada de nuevo.

Aquello no solía ocurrir en Storybrooke, no había población suficiente como para crear un atasco serio y menos en la autopista. Según la radio, un accidente en la vía central era culpable de la retención que podía durar un par de horas.

No habría importado tanto si hubiera estado a la derecha, cerca de la curva que le permitiría salir de la autopista y alcanzar su destino. Pero estaba en mitad del atasco. Tampoco era una situación habitual: no tenía prisa por culpa de su trabajo como agente de viajes.

De hecho se había tomado el día libre. Tampoco tenía una cita para cenar. Llevaba nueve meses sin ninguna cita para cenar.

Su problema era otro: su problema estaba en los tirones rítmicos de sus
músculos, en los riñones y en la pelvis. De momento sentía más temor que dolor y las contracciones se producían cada cinco minutos. Emma se repetía que no podía tener tan mala suerte y que los dolores pasarían, pero mucho se temía que estaba de parto.

En el centro del único atasco en la historia de Storybrooke. En un día de lluvia.
Sin teléfono.

Sintió hambre y se repitió por enésima vez que tendría que haberse llevado galletas o algo para comer. Sintió otra contracción, más fuerte que las anteriores y tuvo que utilizar las técnicas de respiración para controlarla. Emma imaginó la isla de Maui, las palmeras, la arena blanca, el mar color zafiro. Si estuviera en Maui estaría tomándose un cóctel. Dios sabía que necesitaba una copa de cualquier cosa en aquel instante.

Sintió el asalto del pánico. No quería parir en mitad de la autopista. Buscó
ansiosamente un coche patrulla en el retrovisor. Por una vez, le agradaría ver a un poli. Pero por supuesto, ni rastro de la policía.

Tras el pánico, llegó la desesperación. A lo mejor debía empezar a andar. El
problema era que su comadrona le había explicado que caminar adelanta el parto.

¿Qué ocurriría si no le daba tiempo de conseguir un taxi que la llevara al hospital?

A través de la lluvia, observó que unos metros más adelante había una
camioneta que llevaba una moto cubierta por un plástico. Una peligrosa idea le vino a la mente. Por muy loca que fuera su idea, ¿no era peor tener un hijo en mitad de un atasco?

Siguiendo su instinto, Emma salió con esfuerzo del coche y avanzó hasta llegar a la altura del conductor de la camioneta. Golpeó la ventanilla cubierta de vaho.
La mujer volvió la cabeza para mirarla.

Emma sonrió.

Ella no lo hizo.

Swan suspiró y le pidió por gestos que bajara la ventanilla.

-¿Sí? -preguntó la mujer con un tono que hizo que Emma se estremeciera.

Estaba escuchando una canción de heavy metal y parecía haber alguien en el asiento de al lado, pero no podía verlo.

Emma miró a la morena y se mordió el labio. Aunque estaba sentado, parecía pequeña y tan flexible como una barra de acero. Sus ojos eran de un color marron claro y tenía un rostro duro y severo. Su amiga de la infancia, Ruby decía siempre que juzgaba demasiado rápido a las personas, pero en este caso, estaría de acuerdo en que la mujer no parecía nada cordial.

Tampoco parecía tener un gran sentido del humor. En otras circunstancias, Emma se hubiera dado la vuelta para volver a su coche. Pero lo único que necesitaba más que sentido del humor era la motocicleta de aquella mujer.

Una Chica con ProblemasWhere stories live. Discover now