Chapter 8

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N1:

Lo siento por no actualizar, pronto lo haré de nuevo, pero voy a terminar otras historias para centrarme en las más recientes.

Emma tomó aire y siguió un viejo hábito. Si te pillan, habla. Todo lo que puedas.

—No me has despertado —regañó a Regina, ruborizada, queriendo así romper el hechizo de la escena y dejar de sentirse ridículamente atrapada —. Es muy amable por tu parte, necesitaba descansar, pero me molesta que te hayas pasado la noche en una silla. Anda, dámelo. Voy a cambiarlo y darle de comer —tomó a Henry en brazos y fue hacia la cocina—. Si me das un minuto, te preparo un café.

—¿Emma? —La voz de Regina la detuvo delante de la puerta de la cocina.

—No hagas café. Me marcho en dos minutos.

Sus palabras la hicieron moverse de nuevo.

—Ni hablar —Henry empezó a gruñir y Emma sacó un biberón de la nevera y lo metió en el microondas para calentarlo un poco. Sentó al niño en una sillita en la cocina y preparó el antibiótico en líquido para dárselo con la leche —. Déjame al menos que te de un café. Si esperas un poco más, te prepararé el desayuno y así...-

—Oye —Regina apareció detrás de ella —. ¿A qué vienen tantos nervios?

Emma se detuvo mientras echaba el líquido en la cucharita para calcular la cantidad. Tenía el corazón acelerado y la mente confusa. Se sentía fuera de control.

—Nadie me ha ayudado nunca en los momentos difíciles. Bueno, excepto Ruby y Elsa , mis amigas. Y mi hermanito, a veces.

Dio la cucharada al niño y murmuró «buen chico» al ver que se la tragaba. Por fin miró a Regina.

—Me siento estúpida. Para mí significa mucho lo que hiciste anoche...

Regina se encogió de hombros.

—No fue gran cosa.

—Sí, lo fue - Emma habló con firmeza —. Para mí significa mucho y no sé cómo agradecértelo.

La mirada de Regina se llenó inmediatamente de la poderosa luz del deseo. 

Emma pensó en las pintas que debía tener y supuso que había leído mal la mirada de la mujer.

—¿Te sientes agradecida?

—Sí.

—¿Cómo de agradecida? —Su voz ronca jugaba con las terminaciones nerviosas de Emma. Regina se acercó un poco más a ella.

Emma rio brevemente, sin ganas. La mujer era incorregible.

—Llevo una camiseta que tiene diez años, estoy dando un biberón a un bebé, y aunque no me he mirado al espejo, sé que mi pelo está en el mayor desorden imaginable. No es posible que me desees en este momento —a pesar de su protesta, 
no se había equivocado; había un sincero deseo en sus ojos —. A menos que seas ciega.

Regina negó la posibilidad.

—Ni una dioptría.

Perfecto. No la sorprendía en absoluto.

—O estás loco.

Regina rio a su vez y pegó los labios al cuello de Emma.

—Eso es posible.

Emma cerró los ojos, inundada por las sensaciones.

—No puedes desearme. No puedes. Es que no es...

Una Chica con ProblemasWhere stories live. Discover now