Chapter 5

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Emma se extrañó de su respuesta.

—No quería decir que no soñaras en absoluto —explicó—. Eso sería exagerado.

—No creas —dijo Regina con voz neutral, pero parecía ensimismada.

Asombrada, la rubia le estudió unos instantes y luego rio para sí misma.

—Quizás deba dejarte uno de mis aretes esta noche.

La morena la miró como si le faltara un tornillo.

—¿Un arete?

—Sí, sirve para atrapar los sueños. Caza los buenos sueños y ahuyenta las pesadillas.

—Todo eso con un arete —dijo pensativamente la ojimarron.

Swan se quitó el pendiente y se lo tendió.

—¿Necesitas un poco de ayuda con los sueños?

—No.

La respuesta fue demasiado rápida, ajena al tono de broma de la ojiverde. ¿Sería posible que Mills tuviera un punto débil? Volvió a mirarle con atención. No era un rostro fácil el suyo, con aquel labio marcado por esa cicatriz que la hacía ver sexy y la mandíbula dura, los ojos llenos de cautela. Pero la dureza de la boca era engañosa, recordó sintiéndose vagamente incómoda. Por fuera todo era severidad, ángulos y rudeza. Pero dudaba mucho que fuera igual por dentro. Empezaba a comprender que Regina era más complejo que cualquier persona de una pieza que parecía.

—¿Cómo eras de pequeña?

Regina se encogió de hombros.

—Como todos los niños.

Emma alzó los ojos al cielo.

—Respuesta esquiva —suspiró—. Seré más clara. ¿Qué querías ser de mayor? ¿Cuál era tu caramelo favorito? ¿Y tú juego favorito?

La mujer vaciló.

—Quería ser Fiscal. Empecé a estudiar leyes y hubiera seguido en la universidad, pero nació Roland y seguí otro camino. No me gustaban los caramelos y siempre jugaba con un caballo que me regalo mi abuelo.

Así que había soñado de joven, pensó Swan. Sonrió.

—No nos hubiéramos entendido de pequeños. Odio las leyes. Yo quería ser una estrella del rock. Me hinchaba a dulces y me encerraba en el armario siempre que veía películas de terror.

La morena sonrió, más relajado.

—¿Así que te metías en líos incluso de niña?

Emma negó con la cabeza y le miró con seriedad.

—Era buena, solo que atraía a las figuras de autoridad en los momentos menos oportunos.

—Ya.

El tono de incredulidad era muy sexy aunque no pretendía serlo y la ojiverde se sentía enternecida por los sueños nunca realizados de la morena. Ella era experta en sueños sin mañana.

Sintiéndose extrañamente vulnerable, rechazó sus tiernos pensamientos.

—Me pillaban —explicó y añadió, tanto para él como para sí misma—. Pero no siempre.

Por ejemplo, no iba a dejarse atrapar por ningún sentimiento tonto hacia Regina Mills.

Aquella noche la ojimarron no se quedó de pie en la noche, bajo la lluvia, viendo partir a Emma. De haber sido una mujer supersticiosa hubiera dicho que Swan llevaba la lluvia con ella, allí dónde iba. Aquella noche llovía también, pero no tuvo
que cambiar ruedas o buscar chupetes.

Una Chica con ProblemasWhere stories live. Discover now