Chapter 6

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-Pero no soy yo -dijo Emma en un intento desesperado de cambiar de tema y controlar los latidos de su corazón-. Lo que pasa es que has estado tanto tiempo alejado de las relaciones sociales que la presencia de cualquier mujer... -tragó saliva- te afecta.

Regina la miró con seriedad.

-¿De verdad crees que reacciócionaría igual con la señora Alice? -lo preguntó con el mismo tono íntimo que hacía que las rodillas de Swan perdieran su rigidez.

Evidentemente la señora Alice tenía el doble de años que Mills y casi el doble de peso.

-Digamos que no toda mujer, pero...

-Así es -la mirada de la morena la envolvía con pasión-. No toda mujer. Tú.

El corazón de Emma se detuvo. Por una vez en su vida, no sabía qué decir. Se preguntaba si iba a besarla allí mismo, en la pista de baile, pero no lo hizo. Solo la sujetaba y la miraba, esperando a que sus palabras penetraran en ella.

Terminó la canción y otro estudiante se acercó a la rubia para pedirle un baile.

La ojiverde siguió colgando de la ojimarron durante unos segundos después de que la música hubiera cesado hasta que se dio cuenta de lo que hacía.

Entonces murmuró un «gracias» inaudible y se separó de ella observando cómo se retiraba al fondo del salón mientras ella comenzaba automáticamente a bailar.

Emma no estaba acostumbrada a despertar esa clase de atención en una persona. Su novio, por llamarlo de algún modo, había sido más bien desenvuelto y tibio en lo relativo a su deseo por Swan. Ella representaba más bien la estabilidad en su vida errática que una gran pasión. Su única pasión era la música, y la rubia el puerto al que volvía cuando se sentía solo.

La ojiverde se había adaptado, pensando que no necesitaba ser la pasión de nadie.

La amistad, la compañía, el respeto le habían parecido siempre más importantes.

Sintió un ligero dolor al pensar en Killian. La última vez que se había ido de gira le había prometido traerle un anillo de compromiso a su vuelta. Siempre hablaba de la «próxima vez». Emma le había echado de menos, pero como nunca estaba presente cuando le necesitaba, se había acostumbrado a arreglárselas sola.

Regina no parecía una mujer capaz de romper sus compromisos cuando las cosas se ponían difíciles. La idea de que podía desearla a ella, no a cualquier mujer, hizo oscilar su decisión de vivir en un espacio sin hombre o mujeres para el resto. No recordaba haber sido deseada con una intensidad tan explícita. La sensación mecía su corazón y despertaba toda clase de sueños locos y olvidados.

Dos horas más tarde, Emma y Regina salieron del baile.

-¿Y Roland? -preguntó la rubia mientras se dirigían al camión de la pelinegra.

-Hoy vuelve tarde a casa. Había quedado después del baile para seguir en casa de unos amigos -abrió la puerta para Emma-. Así que estamos solos tú y yo, puesto que tu hermano cuida de Henry.

La ojiverde subió a su asiento.

-Así es -murmuró.

Regina subió a su vez y arrancó, dirigiéndose hacia su casa, dónde estaba el coche de la ojiverde. Enormemente consciente de la presencia de la ojimarron a su lado, la rubia bajó la ventanilla para crear la ilusión de espacio abierto, aunque el aire era un poco fresco.

-¿Tienes calor? -preguntó Mills.

-No, me gusta el aire.

Silencio. Parecía envolverlos y acercarlos. Emma no podía soportar la tensión.

Una Chica con ProblemasWhere stories live. Discover now