-Ya.
-¿Ya qué?
-Ya señor.
-Eso está mejor.
Algo frio y resbaladizo sintió sobre sus parpados. Otra vez le había vendado sus ojos.
-No te tenses y confía en mí.
Leandro beso la nuca de la joven y fue bajando con sus besos por la columna de Amelia mientras arrastraba con sus dedos la sedosa prenda de cubría a su sumisa.
-Coloca las manos a la espalda.
Algo helado y rígido rodeo las muñecas de la joven.
-¿La palabra de seguridad es?
-Rojo. Respondió ella.
-Así será. Recuerda si te agobias usa "Amarillo o Naranja"
-Sí señor.
Leandro se inclinó y adorno las muñecas y tobillos de su inexperta sumisa con 4 esposas acolchadas de cuero negro y adornos de acero. (Lo considero la mejor opción por su rápida eliminación en caso de una inesperada pataleta de Amelia)
-Lo que te acabo de colocar es uno de los símbolos de sumisión, llévalo con orgullo. Si tu sumisión me resulta satisfactoria se volverán permanentes. Amelia trago saliva.
-Arrodíllate.
Así lo hizo.
-Coloca las manos a la espalda. Amelia oyó un "click"
Su Amo comenzó a estimular sus pezones, primero con sus fríos y gruesos dedos y posteriormente con su cálida y experta lengua. Leandro disfrutaba con las reacciones de la joven.
-Deja de luchar contra el placer que te proporciono, considéralo un regalo.
Leandro recorrió con sus manos las caderas de Amelia mientras seguía jugando con sus pechos. Deslizó su mano lentamente sobre el cuidado vello púbico de la joven e introdujo los dedos en el cálido sexo de Amelia. Comenzó a mover sus dedos haciendo pequeños círculos acelerando el ritmo sin dejar de proporcionarle placer en los diminutos pezones de la joven. Ella se arqueaba mientras gemía e intentaba liberar las muñecas que el cuero retenía.
-Eres toda mía.
-Para por favor. Suplicó entrecortado por los gemidos que no podía detener.
-Quiero que lo disfrutes Amelia.
-Por favor...
-Cuánto más me suplicas más dura y gorda me la pones.
Le propinó un pequeño bofetón a la joven en el rostro y besó sus labios con rapidez antes de que Amelia pudiera replicarle nada.
-Ven conmigo.
El Amo colocó a la muchacha sobre sus rodillas.
-¿Nerviosa?
-Un poco.
El joven jugueteó con los pezones de la joven, tiró de ellos y Amelia pudo sentir como sus pezones eran pellizcados y comprimidos con más fuerza de la realizada anteriormente. El dolor era insoportable, estuvo a punto de gritar "naranja" pero decidió mentalizarse contra el dolor.
Su Amo acarició sus nalgas expuestas con un instrumento frio y duro. Era una pala de spank de cuero negro con un bajorrelieve en forma de corazón que en su interior escondía un poco de cuero rojo.
-Quiero que cuentes en voz alta cada azote que te proporciono (le tiró del cabello ondulado ¿está claro?
-Sí señor.
Leandro le proporcionó el primer azote con la pala.
-Uno
-Dos
-Tres. Leandro le acarició la nalga y trazó con su dedo, el corazón marcado en la piel incandescente de Amelia.
-Siete
-Diez.
-¿Cómo vas?
-Puedes seguir.
-Dieciséis.
-¿Cómo estás?
-Acordándome de mi amiga Andrea por haberme presentado a ti.
"Zas". El azote resonó por todo el salón. Le tiro del cabello habiéndole una improvisada coleta que mantuvo tirante haciéndole colocar la cabeza hacia atrás. La obligó a mirarle.
-¡Qué formas son esas de dirigirte y hablarle a tu Amo!
-Lo siento, perdóneme.
-Pensaba llegar a veinte pero esa boquita tuya ha ampliado tu castigo.
Me proporcionó veintisiete azotes de pala y tres más de regalo con su mano.
El trasero me ardía. Leandro liberó la presión de las pinzas japonesas de los pezones de la joven. Chilló cuando el corriente sanguíneo recobró su trayectoria normal por sus amoratados pezones. El joven Amo calmó su dolor con los dedos, masajeando la zona para facilitar el trascurso natural de la sangre.
-¿Te duele?
-Más que el trasero. Dios ¿Qué era eso?
Leandro agitó la cadena de las pinzas japonesas en su dedo corazón.
-Tu trasero está bien rojito. Le decía el muchacho mientras hacía círculos con su lengua a los amoratados y torturados pezones de Amelia.
-Eres cruel.
-Así aprenderás a controlar tus palabras y a respetarme. Leandro descendió la cinta de seda que cubría los ojos a su sumisa con delicadeza. Cuando Amelia pudo volver a ver con claridad, giró su tronco e intento mirarse el trasero. Su curiosidad sobre lo que llevaba en sus muñecas se disipó. Lo poco que vió bajo su espalda era más rojo que una rosa.
-Te has pasado.
-No créeme, si me hubiese pasado estarías llorando a lágrima viva. Besó sus labios nuevamente.
-¿Quieres seguir?
-Si Amo.
-Yo también, vamos al dormitorio.
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Atada a ti
RomanceAmelia es una tímida chica que solo sabe del amor lo que ha leído en los libros, pero gracias a su mejor amiga despertará el interés de un misterioso abogado....con gustos eróticos y sexuales un poco diferentes a lo que ella está acostumbrada 🔥 Una...
