-¿Es otro de tus trucos de ilusionismo?
Leandro llamó a la puerta con sus nudillos.
-Abre mujer que se enfría la cena.
Reconocí su voz.
Abrí la puerta y me encontré frente a mí un varón joven, de cabellos castaños y revueltos, barba cuidada, ojos color miel de caña, mucho más alto que yo. Vestía un pantalón azabache, camisa blanca arreglada con una corbata negra un poco aflojada. Zapatos de vestir en sus pies, cinturón de piel trenzado con detalles en relieve. Su piel era pálida. El rostro era fino, la mandíbula poco pronunciada y unos labios finos pero carnosos que sostenía unas bolsas de papel con el logotipo del restaurante de la esquina.
-¿No soy lo que esperabas?
-Te esperaba más viejo.
-¿Eso es bueno o malo?
-Bueno hombre. (O al menos para la cama, pensé). Pasa.
Leandro depositó las bolsas sobre la mesa, agarró a Amelia por la cintura con rapidez y la empujó con fuerza contra la pared. Sus frentes se tocaron, sus cuerpos se acercaron, sus ojos se miraron, se reflejaron el uno en el otro y Leandro agarro la barbilla de la muchacha, la subió hacia arriba y busco sus labios.
La beso con pasión. Sus lenguas se compenetraban al unísono. Ella intentaba seguir cada movimiento de su juguetona lengua mientras sus labios se acomodaban a los suyos y se dejaba llevar por las sensaciones que el muchacho le regalaba.
Leandro ejecutaba con maestría ese beso tan esperado y deseado; sus movimientos eran tan precisos y delicados como la maquinaria de un reloj de bolsillo suizo. La hizo temblar. Su sangre ardía. La deseaba y ella a él. Todo el tiempo que la había estado observando desde lejos había valido la pena. Por fin era suya.
-Nunca pienses que juego contigo Amelia. Le dijo mientras sus rostros se separaban con timidez y recuperaban el aliento.
Amelia intento recomponerse, su rostro estaba ruborizado y su corazón acelerado.
-Siento haberlo pensado.
-No importa. Y sus labios se volvieron a tocar.
Ese hombre avivaba el fuego en ella, deseaba conocer que más le podía proporcionar, que vivencias le esperarían. Él era la chispa de vida que anhelaba.
Leandro se aflojo la corbata y Amelia comenzó a desabrocharle los botones de su camisa. Contempló su vello varonil, le cubría algunas zonas, no llegaba a ser el oso que a Amelia le gustaba pero un lobo tiene siempre su lado cañero y salvaje.
El joven llevo a Amelia en volandas sobre la altura de su pecho hasta el sofá. La muchacha quedó sorprendida de su fuerza. La tumbó sobre el chaise longe y la contempló.
-Me encanta el color rojo rojizo de tus mejillas, tu respiración entrecortada, ese vestido te favorece, será un privilegio quitártelo. Sus palabras la ruborizaron más.
Leandro buscó los labios de la joven repetidamente mientras subía las manos por la parte inferior del vestido de la muchacha. La beso con lentitud, saboreando cada movimiento que Amelia le correspondía.
-¿Puedo ir más allá?
-Sí, soy tuya.
Le bajó con rapidez los tirantes del vestido y contemplo las transparencias del encaje.
-Precioso, me gusta el encaje y el raso deja lucir tus pezones endurecidos.
-Me gusta llevar lencería a juego. (Amelia mentía, ella nunca se había preocupado por estos temas porque no ligaba, tenía en el cajón de su mesilla muchas bragas viejas y con el elástico pasado)
-Si, y es nueva por lo que veo. Dijo Leandro agarrando la etiqueta.
Amelia se llevo las manos a la cara poniéndose roja como un tomate. Diooos como había podido cometer ese fallo.
-¡Qué vergüenza!
-Al contrario me gusta estrenar lencería. Le paso los nudillos por la turgencia de su escote. Su intensa mirada se clavo en ella. Leandro sacó por la cabeza su corbata.
-¿Te mantendrás quieta o te tendré que inmovilizar?
-Puedo intentarlo pero no te lo prometo.
Leandro anudo las muñecas de la joven muchacha avergonzada con su corbata y se deshizo del vestido.
-¿Qué planeas hacer conmigo?
-Lo que quiera.
Recorrió su canalillo con sus dedos y luego a besos mientras sus manos jugaban con los senos de la joven. Desplazó hacia un lado el fino raso y encaje que le impedía contemplar sus pechos con naturalidad. Trazo unos lentos círculos con la yema de sus dedos alrededor de sus pezones. Los pinzo con los dedos y Amelia mordió su labio.
-¿Te asusta? ¿O te excita?
Le chupo los pezones el tiempo suficiente para hacerle arquear el cuerpo y suplicar más.
-Responde. Le dijo con tono áspero.
-Me excita. Amelia lo sintió sonreír sobre la curva inferior de su pecho.
-Quiero lamer y chupar tu sexo hasta que tu dulce miel se vierta por mi garganta.
Leandro le introdujo los dedos bajo el tanga de encaje buscando su interior.
-¡Qué húmedo y hermoso tesoro tienes para mí!
Movió los dedos con rapidez.
Amelia gemía, no lo podía ocultar, no lo podía esconder, no lo podía detener.
-Toda tú me perteneces, eres mía, puedo tocarte a mi antojo, tenerte cuando desee, cuando quiera y donde quiera. Mía y solo mía y de nadie más. Nadie tendrá lo que me corresponde.
Amelia estaba lo suficientemente lejos de allí como para rebatirlo, estaba totalmente a su merced.
El joven Leandro mordisqueo la cara interna de sus muslos mientras temblaban las piernas de la muchacha a causa del movimiento de los dedos.
-Por favor...
-No nena aún es pronto.
-Pues deja de hacerlo.
-Deja de resistirte.
-No puedo. Quiero... No se atrevió a pedirlo.
-No pienso ir rápido, quiero deleitarme de ti, de tus gemidos, de tu cuerpo, te deseo demasiado para dejarlo todo en un polvo de cinco minutos.
-Yo también deseo deleitarme con tu cuerpo ¿me vas a negar que no lo deseas? Amelia sobo el paquete de Leandro. El la observaba.
Con dificultad abrí su botón del pantalón y baje su cremallera. Él bajo sus bóxer y me sentí fusilada. ¡Madre mía del amor hermoso pero que era eso! Era muy gruesa y larga. No tenía nada que ver con la de su ex novio del insti, mister salchichita.
ESTÁS LEYENDO
Atada a ti
Storie d'AmoreAmelia es una tímida chica que solo sabe del amor lo que ha leído en los libros, pero gracias a su mejor amiga despertará el interés de un misterioso abogado....con gustos eróticos y sexuales un poco diferentes a lo que ella está acostumbrada 🔥 Una...
