Atada a tí: capítulo 4

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Leandro recogió el obi, lo arrugo entre sus manos y se lo coloco a la joven sobre sus ojos previamente cerrados.

-Deposita tu confianza en mí, no haré nada que no quieras hacer.

-Sí. Articulé con temor.

-Pararé si me lo pides.

Leandro esparció pequeños y puntillosos besos por el blanquecino cuello de Amelia mientras ella inconscientemente temblaba.

-Relájate por favor Amelia. Le dijo mientras ponía sus manos en las caderas de la joven.

-Ahora voy a abrirte el kimono. Le susurro al oído y mordió suavemente el lóbulo de su oreja. ¿Estás lista?

Una lágrima recorrió el rostro de Amelia.

-¿Amelia estás bien? ¿Quieres que pare? Le decía Leandro mientras secaba sus lágrimas con sus dedos y besaba su mejilla.

-Ya sé quién eres.

-¿Tienes algún problema con ello?

-No sólo es que...El joven colocó sus dedos sobres sus labios y los recorrió.

-Ssshhh sin peros, sin culpabilidad, sin preocupaciones y sin reprimendas. Sólo relájate y disfruta.

Leandro descubrió el cuerpo de la joven lentamente como si de un regalo se tratase, disfrutando del momento.

-Eres muy hermosa Amelia. Le dijo entre los dispersos y diversos besos que descendían por su vientre mientras el cuerpo de la muchacha se arqueaba y ella mordía sus labios ocultando el gemido de placer que el joven le proporcionaba.

-Si sigues haciéndome cosas así tiraré la comida.

-Si la tiras al suelo te castigaré.

-¡Con permiso!. Exclamó alguien desde el exterior de la puerta corredera.

Leandro cerró el kimono de la joven con rapidez.

-Adelante, pase.

La camarera entró con unas enormes bandejas redondas de madera negra decoradas con una cenefa roja en relieve.

-Que disfruten de la cena.

-Gracias.

Leandro depositó las bandejas de sushi sobre uno de los cojines morados del suelo y volvió a abrir la vestimenta de la joven.

-Ahora no te muevas. Le dijo mientras iba mentalizando donde colocaría cada pieza de sushi en la pálida pero hermosa anatomía de Amelia.

Comenzó dispersando unas piezas de sashimi alrededor de los pechos de la muchacha mientras ella intentaba disimular sus gemidos en base al frío alimento.

-Si vuelves a moverte te castigaré.

-Perdóneme pero no puedo evitarlo.

Colocó unos makis sobre los pezones duros de la joven y esta mordió su labio inferior.

-Estos son mis favoritos. Abre muy lentamente las piernas.

Obedecí y sentí una tira fría de pescado en el centro de mi vagina y unos pequeños pesos sobre la misma (supuse que sería el arroz).

Leandro siguió adornando mi cuerpo con la cocina japonesa mientras yo intentaba contener mis emociones por el contacto sorpresa del frío de la comida y sus inesperados besos por mi desnudo cuerpo incapaz este de contenerse.

-Inmóvil como una estatua has de estar, voy a servir la salsa y no quiero pagar el tinte del kimono.

El líquido recorrió el arco de su garganta mientras Amelia se deleitaba de los labios ardientes del desconocido. Este le proporcionó una suave mordedura en sus labios y tiró con suavidad.

Gemí de placer. (No lo pude evitar)

-No los ocultes, déjalos fluir.

Poco a poco Leandro fue descubriendo los senos de la joven e inexperta muchacha dejando el maki de atún para el final. Bañó el maki sobrante con la salsa que reposaba sobre el pecho de Amelia y se lo introdujo en la boca mientras estimulaba el pezón de la joven con sus palillos chinos, observando de reojo el contoneo de las caderas y los dedos de los pies retraídos de la joven.

Amelia gemía de placer, no lo podía evitar. Leandro la estaba llevando al cielo, casi podía tocarlo con sus dedos y esa maldita venda que la torturaba haciéndola sentir aún más las sensaciones y emociones que el desconocido le proporcionaba.

Repitió el mismo proceso con su otro seno, muy lentamente. Amelia estaba muy excitada.

-Pon las manos encima de la cabeza.

Cumplí su petición y sentí como mis muñecas eran rodeadas por algo rasposo. Imagine que sería el contenido de la bolsa de seda.

Leandro beso cada curva de su cuerpo mientras terminaba de degustar las diversas piezas de sushi que decoraban a su Diosa dejando su favorito para el final, el nigiri.

Amelia sabía que le quedaba poca comida sobre ella. Por una parte deseaba acabar pero se sentía tan libre junto a Él.

Leandro hizo un lento y pausado camino de besos desde el esternón hasta el pubis de la muchacha.

La piel de Amelia se erizo mientras esperaba expectante su siguiente movimiento.

-Por favor. Supliqué.

Y sentí sus besos en la cara interna de sus muslos.

-Leandro por favor no lo hagas. Supliqué entre gemidos.

-Estás muy húmeda Amelia. Le dijo mientras jugueteaba con sus dedos arriba y abajo. Amelia gemía mientras le suplicaba que se detuviera.

-Dímelo sin gemir y pararé. Leandro degusto el otro nigiri mientras estimulaba el clítoris de la joven sin parar.

-Por favor...Gemí

-Regálamelo Amelia, solo para mí, solo a mí.

Amelia sintió un hilo helado rodeando su ombligo y se abría paso como un rio por su anatomía inferior.

-Deja a la gravedad hacer su trabajo.

El río de soja siguió su camino hasta la cascada de su sexo mientras el frío recorrido la hacía estremecer. Con el seto depilado todo era más sensible.

-Y todo cauce llega a su fin.

Leandro lamió la salsa de entre sus piernas mientras Amelia forcejeaba con las cuerdas de las muñecas. Acercó sus manos hacía delante pero el hombre las detuvo con rapidez y las apretó con fuerza contra los pechos de la joven mientras él se deleitaba con sus fluidos naturales.

La respiración entrecortada de Amelia, la humedad de su cuerpo, lo lujuriosa y sexy que estaba para Él y por Él, hizo de Leandro un rey.

-Para por favor, no puedo aguantarlo mucho más...

-Dámelo, solo a mí.

Amelia estalló en un éxtasis como nunca había tenido.

-Eres mía ahora, mañana y siempre.

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