Atada a tí: capítulo 9

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Nuestro siguiente encuentro fue en su casa, cuatro días después. Con el pañuelo plisado azul marino que llevaba al cuello vendó mis ojos. Podía sentir como deambula a mi alrededor, acción inoportuna que avivaba mi nerviosismo.

-No tiembles.

-Es involuntario.

Le desabrocho su sujetador al pasar por su espalda y lo dejo caer al suelo. Tiró de la joven y la acerco a su cuerpo desesperadamente, anhelaba su pasión. Beso sus labios, recorrió su cuello mientras el cuerpo de Amelia clamaba más. Sus besos eran intensos, fogosos, arrolladores...

-Preciosa y sensual. Aclamo él.

Intenté reponerme de su pasión. Estaba en su dormitorio, en pie, frente a su cama, sola con mi chico misterioso.

-¿Confías en mí?

-Si, confío en ti Leandro.

-Arrodíllate.

Me sentí indefensa, sola, asustada, nerviosa, estaba semidesnuda en la habitación del primo de Riqui.

Algo me rodeo la muñeca derecha y luego la izquierda, se tensó y mis brazos se juntaron involuntariamente. Sentí como el proceso se repetía más arriba a la altura de mis codos. Permanecí expectante e inmóvil. No podía mover ni articular los brazos. El pánico se apodero de mí. ¡Qué está haciendo! ¿Qué era todo aquello? ¿Me drogaría y sacaría los órganos?

-Sigo aquí tranquilízate. Anoche me dijiste que confiabas en mi y que te podía hacer lo que quisiera.

-Las cosas que se dicen con el calentón no cuentan.

-Relájate, mantén la mente abierta y déjate llevar.

Las cuerdas apretaron sus senos, oprimieron su pecho, la encarcelaron...Amelia se retorció contra las ligaduras. Era mil veces peor que llevar un corsé.

-Detente Amelia o te harás daño.

-Suéltame.

Amelia siguió forcejeando con la jaula que la oprimía. Lo que la retenía le quemaba la piel al moverse, era rasposo, incomodo y doloroso.

Leandro bajo la venda de sus ojos y vio el horror en el rostro de Amelia.

Cuerdas rojas decoraban su pálida piel, cruzaban sus pechos, atravesaban su sexo, hacían rombos y nudos por toda su anatomía. Una prisión artística.

-Háblame Amelia, cuéntame ¿cómo te sientes?

-Desátame, quítame esta mierda ya puto chiflado.

-¿Si te desato, hablarás conmigo?

(Ni de coña correré)

-Sí.

Una por una, las cuerdas abandonaron mi cuerpo, cayendo por el suelo. Contemplé horrorizada las marcas rojas y profundas, algunas de tonos morados de mi piel. No pude contener las lágrimas.

-¿Pero qué me has hecho? Grité entre lagrimones.

-Siento que esto te haya asustado, íbamos tan bien y pensé que había llegado el momento. Debería habértelo dicho antes.

-¿El qué? Que eres un sádico, un pirado, un raro de esos que se excita inmovilizando y atando.

-Las cuerdas son para... Su rostro se endureció, su mandíbula estaba tensa. Cuando respiro continúo hablando. ...Shibari. Se limito a decir.

-¿Lo único que querías de mí era esto no? Pues ya lo has conseguido. Ya has vivido en mí tus perversiones.

Un tenso silencio inundo el dormitorio.

Agarre mi vestido y mi sujetador y salí de aquella habitación. Leandro la siguió.

-Lo nuestro no se ha acabado. Te daré tiempo para que investigues y entres en razón. No soy el monstruo que crees que soy y menos un depravado salido.

-Tengo que irme.

-Una semana. Me advirtió con voz áspera. Llámame o ven a verme, sino iré yo a buscarte.

[ ]

Salí llorando de esa casa, arranqué mi coche y me alejé lo más rápido que pude de allí. Pase la noche en vela, junto a tarrinas de helado y onzas de chocolate.

Joder con lo bueno que estaba y tenía que ser peculiar en la cama. No podía contarle nada a Andrea ni a Riqui. Debía de ser un secreto para ambos, una noche que yo ya jamás olvidaría. Podría haberme torturado, violado o a saber que más...

Durante los ocho o nueve días siguientes no abrí ninguna red social ni conteste a los mensajes del móvil, ni siquiera a los de mis mejores amigos. Fui una estúpida, pensar que le importaba, pensar que era importante para Leandro, solo era un fardo de carne para atar y follar. Me dejé embaucar por sus besos y orgasmos, que estúpida fui.

Me centre en mi trabajo pero tenía miedo de verlo aparecer por el ventanal del escaparate de la librería.

-Amelia, ¿Me estas escuchando? Llevas en la luna toda la semana.

-Si perdona Elisa ¿Qué decías?

-Hace unos días llego un paquete para ti, está en el almacén, se me olvidó por completo dártelo.

-No te preocupes.

Cuando reuní valor (y ganas) baje las escaleras. Encontré el paquete sobre la repisa. Abrí el paquete y contenía una madeja de cuerda de color beige con olor a regaliz. Bajo ella encontré un sobre, tenía unas letras impresas en la esquina inferior izquierda. Se podía leer:

Martín Pozo Servicios Jurídicos, en ejercicio desde 1989, calle....Nº 27 Málaga, España

Contenía una nota escrita a mano con estilográfica, que decía así:

"Cuando realmente amas a alguien, aún si hay un millón de razones para irse, todavía buscas una para quedarte"

Fdo.

Leandro Martín Pozo

P.D. Esta cuerda que te entrego es la que usé para anudar tus muñecas el día que nos conocimos. Quédate con todos los ratos buenos no con el agobio del último. Te estaré esperando.

Atada a tiHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora