Como sin nada, así estaba, recostado en el sofá viendo criminal minds cuando un portazo me interrumpió y Zeus ingresó tirando unas fotos frente a mí.
Las fotos del suceso de hace unas horas en las que Lance me estaban dando un beso en la frente y yo le entregaba las llaves de la camioneta, y luego él ingresando a la camioneta Lincoln negra que eran de mi colección.
—¿Qué mierdas? ¿Me estas siguiendo? — dije levantándome rápidamente, obviamente estaba furioso, pero había algo en la cara de Zeus que me decía que me calmara.
El maldito infierno se notaba en sus ojos.
—¿Temes a que te siga? ¿Tienes algo que ocultar? —enarqué una ceja y traté de tranquilizarme, si ambos estábamos alterados, algo malo iba a suceder y Kendall ya tenía su mano en su arma.
—Tranquilízate Zeus, estas haciendo un puto drama innecesario, yo no te he hecho ningún puto drama por el tema de tu puto ex loco, vete de mi casa — enarcó una ceja y negó.
—Fue hace meses, ya debes superar ese puto tema— se acercó un paso y Kendal lo hizo igual.
—Lo he hecho maldita sea, no te culpe y te creí, te di el puto don de la palabra, ese de las fotografías es...— pero no me dejo terminar.
—Era, lo que sea que eran se terminó, así como no te has cruzado en estos meses a ese puto guardaespaldas, no lo harás con él— señaló las fotografías.
—Dime que es una puta broma— susurré. —Dime que es una puta broma porque eso no te lo voy a permitir— su celular comenzó a sonar, con el típico tono que ya tenía meses sin escuchar.
—No hagas esto Aris, no me obligues a...— pero esta vez yo lo corte.
—Si hay algo de lo que te puedes jactar bien, es en tu buen trabajo en corromperme, felicidades Zeus, ahora soy tu puto ángel caído, no te tengo miedo— antes de que me contestara, su celular sonó de nuevo, lo sacó de la bolsa de su pantalón y antes de que contestara y se alejara, le arrebaté el teléfono.
No, no alcancé a contestarlo porque rápidamente me lo volvió a quitar, pero si alcancé a ver ahí.
Ángel Greg.
Y solo eso, fue como el puto golpe que necesitaba para caer de mi bonita nubecita rosita y de algodón.
—Lárgate, vete de mi casa y mi puta vida— me giré, pero sus brazos me detuvieron.
—No, tú no puedes sacarme de tu vida— lo empujé y antes de que se me volviera a acercar, Kendall ya estaba detrás de él.
Obviamente eso no le detuvo y se volteo a él con un golpe, se volvió a acercar a mí y trató de llevarme a la habitación.
Kendall y Saori no se lo permitieron, fue cuestión de tiempo para que tuviera a mis cuatro guardaespaldas sacándolo del departamento, mientras gritaba mi nombre, que era suyo y que teníamos que hablar.
Ese día, me marcó, y no hablaba de la marca de sus dedos en mi brazo, ni de mis jarrones y muebles rotos que dejo a su paso cuando intentaban sacarlo, mucho menos de las marcas de sus patadas en la puerta principal para que lo dejara entrar.
Ese día me marcó porque yo lloraba en mi habitación mientras veía el cuadro que me había regalado e ignoraba sus llamadas, y luego mi guardaespaldas ingresando de nuevo esa tarde, con una palabra que lo iba a cambiar todo.
—Tenemos un código dorado— dijo mientras ingreso corriendo a mi habitación por la maleta de emergencia, afuera escuchaba como los guardaespaldas hacían ajetreo y como más personas de las que estábamos antes había ahora. —El señor Milán ha sido secuestrado, tenemos que llevarlo al lugar seguro por si intentan algo contra usted— Kendall ingresó y sin pedirlo, me cargó, salimos corriendo de ahí por la puerta secreta, o puerta de pánico como papá le había llamado cuando la mando a construir.
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PAPARAZZI
RomanceAnte el primer enfoque que tuve por parte de alguien, ante el primer cruce de miradas, ante el primer encuentro inimaginable, todo en mi vida cambio poco a poco, sin darme cuenta, ya no me escondía detrás de mi coraza, sin darme cuenta, ante ese pri...
