El despertar de los loud

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Después de una noche algo alocada entre juegos, gritos, historias y bebida, vemos a los Loud durmiendo; algunos en sus cuartos y otros esparcidos donde el sueño los atacó.

El sol de la mañana entra por la ventana y golpea el rostro de uno de los pocos hombres de la familia.

—Ahhh... —Lemy se estiró, soltando un quejido al sentir un pinchazo de dolor—. Qué rico dormí, jejeje. Si no fuera porque tengo las costillas rotas, esto sería genial.

Al mirar a su lado, vio a Sera dormida, aún abrazada a él. Lejos de dejar que sus pensamientos de adolescente le ganaran, solo sonrió y la tapó con cuidado. Lemy caminó con lentitud, todavía recuperándose, mientras recorría la casa pensando en todo lo que había pasado y en si valía la pena arriesgar tanto. En el camino se encontró con Leia, que apenas se levantaba. Vestía una playera sin mangas rosa y ropa interior negra; muchos dirían que era una vista hermosa, pero Lemy ya estaba acostumbrado e incluso cómodo con su presencia.

—Buenos días, héroe —saludó Leia—. ¿Qué me cuentan esas heridas?

—Pues he estado mejor, jejeje. Pero dime, ¿cómo estás tú?

—La verdad, es una sensación extraña. Siempre quise encontrar a papá, pero no llevamos ni una semana con él y ya nos quisieron secuestrar y asesinar. Tenemos hermanas nuevas y, aunque mamá diga que no, ahora soy rica... ustedes también, pero no me emociona tanto.

—¿Y qué opinas de las chicas? —preguntó Lemy—Son extremadamente impresionantes.

—Leia se servía un café muy cargado

—La palabra "impresionante" pierde sentido en esta familia —sentenció ella.

—La mayoría de nosotros hemos pasado por los experimentos de tía Lisa, pero ellas no. —Lemy se recarga en la barra

—¿No te parece que las idolatras mucho? —intervino Lupa, llegando a la cocina en busca de una cerveza—. No son diosas, ¿eh?

—No es eso —respondió Lemy con sinceridad—. Es que me siento feliz... ahora no me siento como un fenómeno.

—No eres un fenómeno —dijo Leia con firmeza—, y estoy segura de que ellas no lo piensan así. Además, muchos te la debemos, y nosotras desde hace ya un tiempo.

—Por cierto —añadió Lupa—, no me importa que ahora sean tus favoritas, pero no olvides que tú fuiste nuestro desde un principio y eso no va a cambiar.

—No me lo creo... ¿Acaso están celosas? —la sonrisa de Lemy se ase grande

Los chicos reían con la conversación hasta que Nakaro entró por la puerta. Para sorpresa de todos, ya estaba arreglada y lista para preparar el desayuno.

—Vaya... —murmuró Leia—. ¿Hay algún momento en el que no sean perfectas?

—Es mi trabajo —Nakaro se recargó en la barra con actitud relajada alado de Lemy—. Pero admito que es algo difícil. Y relacionado con lo que hablaban, no se los quitaré. Estoy agradecida contigo, Lemy, pero mi corazón ya es de alguien más.

—La historia de mi vida... qué tristeza —dramatizó el joven.

—Y dime, ¿qué es lo que te enamoró de papá? —preguntó Lupa, intentando incomodarla.

—Muchas cosas, pero es más difícil convencerlo a él que luchar con la mafia. He intentado de todo: dormir desnuda con él, meterme a lavarle la espalda... ¡y nada sirve!

—Vaya, así que lo admites así de fácil —rio Lupa—. Pero yo sé cuál es tu problema. Mamá me contó que ella también batalló mucho para que la tomara en cuenta, hasta que tía Lola encontró la solución: lo único que necesita es romance y cae como tonto.

Vida En Una MentiraHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora