Este es nuestro pecado

26 3 0
                                        

Esta historia se remonta a unos veinticinco años atrás. Una pareja de enamorados y padres, que en ese momento tenían 37 y 36 años, se encontraban en la cúspide de sus carreras profesionales. Sin embargo, con una familia tan extensa como la suya, eso no bastaba; los gastos siempre los rebasaban entre escuelas, víveres y gastos "hormiga". Nunca había dinero que alcanzara, pero eran felices.

—Oye, Lynn, mañana es el torneo de Lori en el campo diecisiete —dijo Rita. 

—Ni me lo digas. También está el recital de Lucy y la pasarela de Lola —respondió el Sr. Lynn con un suspiro. 

—Entiendo, pero algo saldrá. No te preocupes. —Te amo, mi amor.

La calma era la norma, pero algo empezaba a inquietarlos: sus hijas eran muy hermosas y muchos hombres malintencionados solían acechar, esperando el momento de aprovecharse. Esto no era paranoia; 

el Sr. Lynn solía meterse en problemas al buscar a Leni o a Lori en fiestas donde las intenciones de los asistentes eran claramente oscuras. Cada vez que una de sus hijas entraba en la adolescencia, la preocupación crecía.

Las cosas se relajaron un poco cuando Lincoln entró en la secundaria. Él se convirtió en un gran apoyo para sus padres, pues siempre procuraba el bienestar de sus hermanas. 

Aunque no era el más fuerte, siempre daba la cara por ellas; aun si terminaba golpeado o humillado, siempre estaba listo para saltar a la acción.

Los días pasaban y los peligros se volvieron evidentes no solo para la pareja, sino para la ciudad entera en la cual el crimen crecía a pasos agigantados. Un día, de la nada, una mujer de unos cincuenta años entró al restaurante donde Rita y su esposo revisaban las cuentas.

—Buenas tardes, lo lamento, el Mesón de Lynn está cerrado por el momento. Si gusta, le puedo hacer una reservación —indicó Rita sin levantar la vista. 

—Ay, querida, no me digas que no me recuerdas...

Rita guardó silencio. Los recuerdos comenzaron a invadirla; la persona frente a ella era alguien que ya había visto en las noticias: una criminal vinculada a la trata de personas. Rita palideció de inmediato y se puso a la defensiva.

—Disculpe, pero este negocio es humilde. No hay nada que usted pueda obtener de aquí. 

—¡Ay, qué estúpida eres! —la mujer soltó una carcajada—. Parece que no sabes quién soy.

De pronto, la mujer atrapó las mejillas de Rita con fuerza bruta. Sus uñas afiladas se clavaron en su rostro, casi haciéndola sangrar mientras algunas lagrimas de desesperación comenzaban a asomarse.

—Si eres tan idiota para asustarte así, te diré quién soy.

Rita estuvo a punto de golpearle la mano para liberarse, pero en ese instante, dos hombres arrojaron al Sr. Lynn fuera de la cocina, visiblemente golpeado.

—Mi nombre es Erika, querida, y soy tu tía —sentenció mientras enterraba las uñas hasta hacer brotar sangre—. Deberías agradecer que estoy aquí. Tus hijas... esas hermosas y talentosas criaturas, están en nuestra lista de interés.

Rita estaba paralizada. El hecho de que la mujer fuera su familiar no le importaba; solo le aterraba la confesión de que sus hijas estaban en el radar de una red de trata.

—Pero agradéceme, vine directamente a hablar contigo. Tengo una propuesta y, si accedes, puedo asegurar el bienestar de tus hijas.

El rostro de Erika se volvió sombrío, mostrando una sonrisa perturbadora y unos ojos oscuros como la noche.

Dos años después

Habían pasado dos años desde aquel incidente. Rita miraba a sus hijos comer con aparente tranquilidad, pero por dentro estaba rota. Ni ella ni el Sr. Lynn convivían ya con ellos ni con Lincoln. El restaurante no había cerrado, pero ahora no era más que una fachada.

Aunque en apariencia ella se había distanciado y se mostraba tosca y brusca, por dentro lloraba por no pasar las tardes con ellos, por no abrazarlos, por no asistir a sus eventos, por dejar se ser su madre.

—Tranquila, amor. Es lo mejor para todos —susurró el Sr. Lynn. 

—¿Lo mejor para quién, Lynn? Ahora somos criminales y merecemos el infierno mismo. 

—Con nosotros o sin nosotros, esas basuras harían lo mismo, Rita. Piensa que, por lo menos, logramos que Royal Woods esté a salvo y que ellos tengan una vida feliz.— Sr. Lynn la abrazaba y sobaba sus hombros

—Lynn... ¿algún día seremos libres? ¿Podremos ser los que éramos antes?—Rita preguntaba con algo de llanto atrapado en su garganta

—No. Nada será como antes.

—Prométeme algo: algún día destruiremos a todos esos malditos. 

—Para eso, nosotros tendremos que ser los malditos. ¿Entiendes eso? 

—Entonces seremos los peores. Incluso para ellos. 

—Sabes que nos van a odiar, ¿no? 

—Tengo el pretexto perfecto... No sé si lo sabes,  algo pasa entre Lincoln y Lynn. 

—Tendría que ser un tardo para no darme cuenta —rio él con amargura—. No son nada discretos, además de que en esta casa todo se escucha. 

—No hay nadie más digno para tomar las riendas de esta casa que Lincoln. —rita toma las manos de su esposo y las besa con amargura— Te amo, Lynn, de aquí hasta el infierno. 

—Hasta el infierno, mi amor.

Los crímenes cometidos por la pareja fueron diversos: asesinatos, contrabando, fabricación y distribución de sustancias. Incluso robaron experimentos de Lisa, los cuales cayeron en manos de Ernesto, el actual líder de la organización. Meses después nació Loan, trayendo una felicidad momentánea a sus vidas.

Los padres no se sorprendieron, pues sabían que tarde o temprano algo así pasaría, pero ese fue el pretexto perfecto para alejar a sus hijos. Lo que no estaba en sus planes era que todas sus hijas terminaran enamoradas de su propio hermano. Aunque impresionados, usaron eso como escudo para alejar a los chicos de la podredumbre en la que ellos se habían hundido. Cortaron lazos para protegerlos, sabiendo que los condenaban al fracaso, pero prefiriendo mantenerlos seguros.

Actualidad


—Fuimos tan estúpidos, mi amor —dijo Rita suspirando. 

—Al final tenías razón. Lincoln es el único capaz de resolverlo todo. 

—Incluyendo nuestras estupideces —rio ella con tristeza. 

—¿Crees que hubiera sido diferente si hubiéramos confiado en él en ese entonces? 

—Estoy segura de que sí. Él es el hombre del plan.—Rita se recostó en el pecho de Lynn como en los viejos tiempos sintiendo una tranquilidad que no tenia en años

—No podemos regresar el tiempo, mi amor. Ahora, esta es nuestra "vida y consecuencias".


¡Hola de nuevo!

Sé que este capítulo es cortito, pero es algo que quería escribir desde hace mucho tiempo. ¿Qué les pareció?

Desde el inicio de este fic, sabíamos que los padres Loud estaban siendo crueles y malvados con sus hijos, frustrando sus sueños deliberadamente. Pero, 

¿alguno de ustedes se esperaba este giro en los acontecimientos? 

¿Se imaginaron que esa crueldad era, en realidad, un escudo para protegerlos de algo mucho peor?

Sin más, me despido. Recuerden: solo soy una escritora ignorada más, ¡jajaja!


Has llegado al final de las partes publicadas.

⏰ Última actualización: May 08 ⏰

¡Añade esta historia a tu biblioteca para recibir notificaciones sobre nuevas partes!

Vida En Una MentiraHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora