•𝐂𝐚𝐩𝐢́𝐭𝐮𝐥𝐨 8.

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¿El día? 

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¿El día? 

Para Riki era uno de los mejores días de su vida. A excepción cuando se levanto y a su lado no había nadie. 

—Buen día Riki, tu hermano aviso que no tenías la primera y segunda clase, por lo que decidió irse temprano con Sunghoon —Sonrió el padre del menor. 

—Supongo que te enteraste de lo de ayer, ¿no es así? —El hombre asintió, con signo de preocupación en su rostro. 

Quizás Park Byungjin, podría salir con las mujeres que en su camino se cruzaban, enamorarlas, engatusarlas y jugar un rato con ellas. Pero si sus hijos decían que se sentían mal, física o emocionalmente siempre sería el primero en estar ahí.

También su trabajo era uno estable, siendo gerente de una empresa importante, donde seguramente algún día su hijo mayor podría permanecer ahí. 

—Padre, no soy un niño como para que tengas que venir a cuidarme, estoy bien —Riki aclaro con el debido respeto que le tenía a su padre. 

—Lo sé, —su padre Río. — vi en la mañana como estabas con Sunghoon cuando sonaban los relámpagos. Parecías un dulce bebé —Acarició la mejilla de su hijo con sumo cuidado. — ¿Cuándo planeabas decírmelo? 

—decir que? —Cuestionó, alejándose con nerviosismo y yendo a tomar un jugo de frutas que Jay le había comprado hace unos días. 

—Qué tenías novio, además de que Sunghoon es un excelente partido, podría ayudarte a subir tus notas si lo deseas.

—No es mi novio papá, solo somos... amigos —aclaró, sintiendo una suave punzada. — dejemos el tema de Sunghoon al lado y desayunemos juntos! —Contesto emocionado ante su propia idea. 

—¿tu cocinaras? —el menor negó, escuchando la risa de parte de Su padre. 

La empresa donde el padre de Jay era gerente, era una de las más importantes de la gastronomía, no solo coreana, si no también abarcaba la occidental. 

De algun lado, Jongseong había sacado ese perfecto Sazón. 

Y así la mañana entera se fue. Riki se había duchado, y después de mucho tiempo decidió colocarse perfume, o por lo menos, el perfume que su madre le había regalado hacía un tiempo.

Uno con olor a vallas y critricos.Siendo dulce y acido, una perfecta combinación que sincronizaba con Riki. 

Te han dicho que ese perfume te queda perfectamente bien, zorrita —vagos recuerdos de esa ultima noche surgieron. 

Pero aún así, quería colocarse aquel perfume, era el único que tenía además. Por alguna razón quería verse más lindo aquel día. 

Y andando por el cuarto, decidió pesarse. 

66 kg.

Había engordado, y demasiado. 

O eso era lo que Riki veía en la bascula, y los escenarios que gracias a su madre habría creado. 

𝗜 𝗹𝗼𝘃𝗲 𝗬𝗼𝘂Donde viven las historias. Descúbrelo ahora