Capítulo 7. La Ultima Cena©

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Los venenos son las herramientas de los asesinos, el arma preferida por la nobleza y un peligroso enemigo para cualquier combatiente. Capaces de derribar a grandes guerreros, nobles poderosos y sacerdotes influyentes, un envenenador habilidoso es uno de los asesinos más temidos de cualquier lugar. Nunca se sabe qué comida, qué bebida o qué cuchillo en la oscuridad contiene algún vil aceite que te mate."

Era un viernes por la noche cuando uno de los chefs principales del restaurante La Torre, en el centro de Londres, se reportó enfermo. Decidió enviar a alguien de su confianza para sustituirlo, ya que el prestigioso local no podía darse el lujo de contratar a cualquiera. Las estrellas Michelin que poseía el restaurante podían perderse de la noche a la mañana.

A las veinte horas, el lugar estaba abarrotado, con apenas una hora de haber abierto. El chef sustituto llegó como cualquier otro: se puso el uniforme y ocupó su puesto. Sin que sus compañeros ni los clientes notaran nada, sacó de su bolsillo una pequeña botella negra y vertió gotas en todos los recipientes que se encontraban en las estufas, incluso en los contenedores de ingredientes para ensaladas.

Poco después, tanto el personal como los comensales comenzaron a desplomarse, retorciéndose de dolor y convulsionando en el suelo por los efectos de la sustancia. Los únicos ilesos eran el chef sustituto y los saloneros, testigos y cómplices involuntarios del acto.

Mientras tanto, quienes esperaban mesa y el maître, desde la entrada, observaban impotentes la escena dantesca en estado de shock.


—¡Llamen al 911! ¡Se están muriendo! —gritó alguien.


—¡Miren, les sale espuma por la boca! —exclamó una mujer.


—Dios mío, están envenenados —vociferó un hombre.

Entre los gritos de auxilio, el responsable escapó sin ser visto por la puerta trasera.

Cuando la policía y los equipos de rescate llegaron, poco pudieron hacer: todos habían fallecido, excepto el maître, quien no había probado la comida.

Los detectives de Scotland Yard, Henderson y Geller, acompañados por el jefe Mayer y la forense Alice Campbell, inspeccionaron la escena. Tras autorizar el levantamiento de los cadáveres, confirmaron que todas las víctimas tenían la lengua ennegrecida, señal de envenenamiento por cianuro, aunque se requerían pruebas toxicológicas para confirmarlo.

—Henderson y Geller, tomen declaraciones a los testigos. Si son demasiados, recojan sus datos para citarlos luego —ordenó Mayer.

Mientras los detectives cumplían la orden, la doctora Campbell se aseguró de que las evidencias no se contaminaran.

......

—Jefe Mayer, tengo el informe de las declaraciones del caso La Torre —anunció Henderson al entrar en la reunión.


—¿Qué tienes? —preguntó Mayer.


—Todos coinciden en que esperaban mesa. Una hora después, comenzaron los gritos. El maître fue el único ileso porque no comió. Declaró que un chef se enfermó y envió a un sustituto. Contando al personal de cocina, falta uno: nuestro principal sospechoso. Necesito que firme una orden para allanar su departamento.

Al día siguiente, Mayer firmó la orden. La detective Erin Blake lideró el operativo.
—Vamos con cuidado. No sabemos si está armado —advirtió a sus compañeros, quienes asintieron en silencio.

Al tocar la puerta, notaron que estaba abierta. Un olor rancio emanaba del interior.


—Dispersión —ordenó Dixon.


Minutos después, un oficial gritó:


—¡Aquí! ¡En el dormitorio!

Sobre la cama yacía el cuerpo amordazado de un hombre adulto, con signos de descomposición inicial. El apartamento estaba revuelto. Siguiendo el protocolo, llamaron a los forenses para el levantamiento y la búsqueda de evidencias.

Tres semanas después, en el informe forense del caso La Torre, la doctora Campbell explicó:


—El toxicológico confirmó que todas las víctimas murieron por cianuro. Al chef que se reportó enfermo lo subyugaron antes de envenenarlo: presentaba golpes y marcas de lucha. El cianuro bloquea la cadena respiratoria celular, matando las neuronas en minutos. Causa dificultad para respirar, vómitos, inconsciencia y muerte rápida.

—En el apartamento no hallamos ADN o huellas ajenas al chef —aclaró Blake.

Tras el incidente, La Torre cerró definitivamente. Los clientes se negaban a entrar, y al propietario le resultó imposible contratar nuevo personal.

Mientras tanto, una figura sombría buscaba su próximo objetivo: un restaurante concurrido donde los comensales, ajenos al peligro, disfrutaban de sus platillos. El asesino estudió el lugar, hizo amistad con Sara Claire, una ayudante de cocina, y la envenenó para tomar su lugar.

Repitió su método en el Bon Appétit, contaminando salsas y guarniciones. Los clientes cayeron enfermos, algunos murieron, otros agonizaban. Los paramédicos solo pudieron administrar suero, sin saber qué los afectaba.

—Debe ser intoxicación —dijo uno.


—No puede ser, todo era fresco —replicó el maître.

El jefe Mayer llegó y ordenó trasladar a los pacientes al hospital. Geller obtuvo una descripción del sustituto fugado.

Horas después, la mayoría había muerto. Los exámenes confirmaron envenenamiento por aconitina, sin antídoto conocido.

Los medios bautizaron al criminal como El Asesino de la Última Cena. La presión pública aumentó, pero Mayer no tenía respuestas.

La forense Campbell presentó su informe:


Caso: Bon Appétit

Causa de muerte: Envenenamiento por aconitina (dosis elevada).
Síntomas: Calambres, paro respiratorio, dolor torácico.
Víctimas: 15 muertos, 7 en coma.

Al investigar el apartamento de Sara Claire, encontraron su cadáver y rastros de veneno en una taza. Esta vez, el asesino dejó huellas, pero no coincidían con ningún registro.

La frustración crecía en el equipo. Hasta que una pista surgió: Yina Morrison, estudiante de toxicología, sobrevivió a un intento de envenenamiento con VX-2, una variante letal en polvo.

—Me salvé porque reconocí los síntomas —explicó Yina a los detectives.

—Mi profesora, Xiomara Thomson Harris, me visitó antes de que empezara a sentirme mal.

Con esta información, la policía arrestó a Xiomara en el restaurante Un Trozo de Turquía, donde planeaba otro ataque.

Perfil del asesino:
Nombre: Xiomara Thomson Harris.
Edad: 45 años.
Profesión: Doctora en Toxicología Química.
Psicología: Psicópata, inteligente, sin empatía ni remordimiento.

El caso se cerró con alivio, aunque las víctimas nunca obtendrían justicia completa. Yina, la última sobreviviente, continuó sus estudios pese a las secuelas.

—Lo único rescatable es que frustramos su último plan —dijo el jefe Mayer.

—Yina vivió para contarlo.

Fin.

Fin

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