Capítulo 8. Mustang©

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Sinopsis

Bar La Cortina


Cuando los conductores llegan al Bar La Cortina por la noche, el dueño siempre les advierte que se queden: no es bueno atravesar la Ruta del Cerro de la Muerte.

La razón de la advertencia son los extraños accidentes ocurridos en los últimos meses, que han ocasionado la muerte de los ocupantes de los autos. Sin embargo, como el dueño del bar es un viejo un poco loco, nadie lo toma en serio. Pero esa incredulidad les costará la vida...

La primera víctima


Era una noche de finales de mayo, el inicio de la época lluviosa en Costa Rica. Las altas montañas de la Cordillera de Talamanca, con su bosque lluvioso, propiciaban noches oscuras y, por las condiciones climáticas de la zona, en algunos tramos de la carretera era común la formación de neblina. A veces, esta era tan espesa que no permitía ver más allá de diez metros.

Quienes viajan de Golfito hacia San José, la capital, deben tomar la Ruta 2, la Interamericana Sur, en ambos sentidos. La carretera serpentea por el cerro, con profundos cañones en uno de sus extremos.

Los Rodríguez, una pareja que había ido a conocer la frontera con Panamá, regresaban a su hogar en Alajuelita. Eran las ocho de la noche cuando pasaron por el Bar La Cortina para comer, tomar algo y descansar.

—Buenas noches, señor —dijo Mario Rodríguez al ver a Cornelio, el dueño del bar, tras la barra.


—Buenas noches, joven. ¿Qué le podemos servir? —respondió Cornelio.


—Dos hamburguesas y dos cervezas, por favor.


—Claro, con mucho gusto. —Pasó la orden a Catalina, su esposa y cocinera del bar.

—Qué lluvia, ¿no? —comentó Mario.


—Es muy normal en la zona —dijo Cornelio.


—Para usted debe ser bueno, le trae muchos clientes —observó Mario.


—Claro que me trae clientes, pero ellos no se quedan por gusto —aseveró Cornelio.


—¿Cómo es eso? —preguntó Mario.


—Una pregunta, joven —contestó Cornelio con otra pregunta—. ¿Es su primera vez en la zona?


—Sí, es nuestra primera vez que venimos por nuestros medios —intervino Teresa, la esposa de Mario.


—¿Se quedarán en algún hotel de la zona?


—No, solo pasamos a comer algo —dijo Mario.


—Sí, queremos llegar a casa —añadió Teresa.


—Deberían quedarse y descansar. Tienen que cruzar un lugar muy peligroso —advirtió Cornelio.


—Ya hemos cruzado gran parte del camino. Si es por las curvas y las laderas pronunciadas, no tenemos problema con ellas —aseguró Mario.


—Varios vehículos se han ido por el tramo de la Ruta Fantasma. La ladera es muy pronunciada y profunda. Ha costado sacarlos de ahí, y ninguno con vida —afirmó Cornelio.


—Seguro no han tenido cuidado en la ruta y han ido a alta velocidad —dijo Teresa.


—Créame, jovencita: ahí aparece un auto de la nada, saca los vehículos de la carretera y los lanza por la ladera. Mire a esta gente: todos prefieren pasar la noche en la zona antes de enfrentarse a ese auto.


—Confiaremos en nuestra buena suerte. Hoy no habrá neblina —declaró Mario con determinación.


—Bueno. No pueden decir que no les advertí —dijo Cornelio, dejándolos terminar su comida.

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