Capítulo 5 "Nuevas personas"

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Katelyn Henderson

Odio despertarme temprano a quien se le ocurrió que era buena idea impartir clases a las 7 am. Sonó mi despertador a las 5:30 y aunque traté de levantarme el sueño pudo conmigo y me dormí, a las 6:00 en punto Elena la ama de llaves me despertó y me dejo el desayuno en mi escritorio.

—Señorita, tiene treinta minutos si quiere llegar a tiempo.

Cuando Elena dijo eso me escandalice no me iba a dar tiempo para nada. Busqué mis cosas para irme a bañar y traté de tardarme lo menos que pude. Con mi bata de baño decidí desayunar rápido, pero me detuve a ver mi reflejo en el espejo comiendo.

Ni una semana aquí y ya vas a empezar.

Me distraje buscando mi conjunto de ropa que había elegido ayer y entre en pánico cuando no lo encontré en su bolsa, poco después levante la mirada y lo encontré colgado en mi puerta, estaba impecable sin ninguna arruga y sabía que había sido gracias a Elena y después le agradecería. Ya vestida empecé a maquillarme levemente, sombras cafés, rímel y brillo labial, ahora lo complicado mi cabello; no tenía tiempo de secarlo entonces se quedará al natural, en un día con suerte se harán unos chinos lindos, pero con mala suerte se esponjará.

—Señorita Henderson, si no nos vamos ahora llegaremos tarde.

Tomé mi mochila que había preparado previamente y bajé corriendo las escaleras no podía permitirme llegar tarde un recuerdo de mi madre se hizo presente.

—La puntualidad es clave para ser exitosas Katelyn, nunca debes llegar tarde a ningún sitio debes ser perfecta, es lo mínimo que puedes hacer después de provocar mi divorcio con tu padre.

Era duro que mi madre me culpara por todas las desgracias de su vida. Sus regaños, castigos, gritos, las veces que me hizo sentir mal y la poca violencia que ejerció sobre mí me dejaron marcada. Ella está a kilómetros de distancia y yo aún puedo sentirme miserable solo con recordarla.

—¿Está bien? —preguntó Robert.

Solo asentí y un poco inseguro salió de la casa para ir por el auto. Guardar mis sentimientos es algo a lo que estaba acostumbrada porque el amor te hace vulnerable. Quite la lagrima de mi mejilla y subí al auto. Robert condujo hasta mi escuela y me dejo en la puerta.

—Lo hará bien.

Robert logro calmar mis nervios y me hizo sentir mejor. Mi papá había tenido que salir antes que yo porque tenía una junta importante con un inversionista del otro lado del mundo.

Subí al primer piso y empecé a caminar por el pasillo. Sentía miradas de todas partes y cada risa que escuchaba sentía que era alguna persona riéndose de mí y cuando volteaba no había nadie. Solo es mi ansiedad. Encontré mi primer salón de clases donde me impartirían derecho romano y entré. Me senté en cualquier pupitre y saqué mis cosas.

—Estas en mi asiento.

Una chica rubia, de ojos verdes, alta, de facciones casi perfectas y un estilo de la moda único llamó mi atención con ese comentario. Algo dentro de mi sabía que no lo había dicho con mala intención.

—No veo tu nombre en él.

—No están nuestros nombres, pero si nuestro número de cuenta —hizo una seña en la parte superior del pupitre— dame tu credencial y te diré cuál es tu asiento. —Sonrió amablemente. Le extendí mi credencial y señalo la banca a lado de la de ella. —Eres nueva, bueno todos somos nuevos, pero no estuviste aquí en la preparatoria por eso no sabías lo de los asientos, me llamo Aria Hegel —extendió su mano con una sonrisa, la cual yo acepte para luego tomar mis cosas.

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