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Fuyumi

Puede que debiera estar triste, dolida o enojada, pero en realidad todo lo que sentía era confusión.

Estaba intentando ser comprensiva, debía haber una razón, ella debía tener un motivo y mi única opción era respetarla.

Suspiré.

Al menos había sido una linda despedida...

Miré mis manos, como si aún sintiera el calor de su piel en ellas, su cabello, su olor...

Tocaron la puerta.

- Adelante.- Dije.

- Hija, ¿Estás vestida?- Preguntó papá, abriendo la puerta con los ojos tapados.

- Sí, lo estoy.- dije extrañada por la pregunta.

Él retiró la mano de su rostro.

- ya veo, es que cuando tu amiga se fue...- Parecía avergonzado.- mira es tu vida y supongo que no puedo controlar a quien traigas cuando no estoy, sólo... Intenten dormir vestidas, por si acaso, esta mañana fue algo incómoda.

No era cierto, me sentía tan avergonzada.

- Papá, te agradezco pero no es lo que piensas.- Dije cubriendo me el rostro.- Pero descuida, no se va a repetir.

Él asintió y se fue sin entender lo literal que había sido esa frase.

Mi teléfono comenzó a sonar.

- ¿Hola?- respondí.

- Señorita Todoroki Fuyumi, Buen día, me comunico desde el hospital.

- ¿Pasó algo con mi madre?

- Ah, no, descuide, su madre está perfectamente, se trata de la enfermera que la cuida, ya es tarde y no ha venido a trabajar, tampoco responde su teléfono ¿Tiene idea de dónde pueda estar o de cómo localizarla? Sabemos que tiene una amistad con usted, así que tal vez nos pueda ayudar.

- Yo... Lo siento, no... la ví anoche pero no sé a dónde pudo haber ido.

- Entiendo, gracias por haber tomado la llamada, que tenga buen día.

Esto comenzaba a ser sospechoso.

Pensé que se habría ido a trabajar, aunque por otro lado la carta decía que tenía que irse, tal vez era literal, tal vez había dejado la ciudad y si así era, no me imaginaba el tamaño de sus problemas personales, para llegar a esos extremos.

Ella había dicho que tenía a alguien especial a quien tenía que ocultarle cosas y me preguntaba si ese alguien podía ser yo y lo que me estaba ocultando.

No tenía idea de qué hacer o de si debía hacer algo siquiera, sabía que lo lógico era estar molesta por su partida, pero francamente estaba preocupada, muy preocupada por lo que pudiera estar pasando, por lo que sea que la haya obligado a huir, mi sexto sentido me decía que no era nada bueno.

***

Honestamente tenía la esperanza de recibir noticias de ella pronto, pero no pasó.

Habían pasado ya varios días y nada, pregunté por ella cuando fui a ver a mamá y me dijeron que únicamente presentó su renuncia por correo, ni siquiera pensé que eso fuera posible y no quisieron decirme la dirección de la que habían enviado los papeles de renuncia firmados, porque eran datos privados.

Quería olvidar el tema, tal y como ella me dijo que hiciera, pero no pude, soñaba con ella cada noche y siempre que me distraía un poco pensaba en ese beso.

Incluso los niños de la escuela notaban que me sucedía algo raro.

Por mucho que intentara seguir adelante...

Quería encontrarla, ayudarle con sus problemas para que pudiera volver a huir a su lado, lo que fuera pero ella era la que me había salvado, merecía que yo hiciera algunos sacrificios por ella.

Ella, la dulce y linda enfermera que jugaba juegos de azar con mi madre y le llevaba de comer siempre su platillo favorito del menú del hospital.

Cuando no la conocía personalmente y solo la observaba de vez en cuando no se me habría ocurrido pensar que esa enfermera gentil y paciente, tenía una vida personal tan conflictiva, no se me ocurrió ni por un segundo...

Fuí tonta al creer que todo en su vida era la bondad con la que trataba a mamá.

Yo gustaba de ella desde antes de tratarla, gustaba de la forma en la que atendía a mi madre y le haca compañía y regresaba al hospital a diario con la esperanza de encontrarlas jugando cartas.

Pero cada día era lo mismo, sin noticias de ella, nada más que un locker vacío.

- Extraño a T/N- Dijo mi madre.- Ninguna de las otras enfermeras es verdadera competencia para jugar póker. Es una pena que tuviera que irse.

- Sí... Lo es.- dije en tono pensativo.- Sabes, me gustaría hablar con ella sobre un tema pendiente, por casualidad no conocerás su domicilio ¿O sí?

- Mencionó el nombre de su barrio una vez, pero nada más.

Mamá me dijo el nombre de aquél barrio, era muy cerca del hospital.

En cuanto terminó mi visita salí en dirección a aquél lugar y me acerqué a una mujer que atendía un carrito de camotes.

- Disculpeme.- Dije mientras me acercaba.- Estoy buscando a una persona que vivía por aquí, una mujer, si le muestro una foto ¿me podría decir si la reconoce?

- No lo sé...- Dijo desconfiada.- ¿Qué gano yo?

- Le haré una compra.- dije sacando dinero.

- Está bien.

Le mostré una foto de T/N.

- Sí, la ví.

- ¿Cuál era su domicilio?- Pregunté. Ella permaneció en silencio y yo coloqué el dinero para otro camote frente a ella.

- No sé con exactitud el número de su departamento pero vivía en el edificio de allá.- Señaló al final de la calle.- los timbres tienen el apellido de los ocupantes pero si dices que ella ya no vive ahí entonces puede que ya hayan cambiado la etiqueta.

- Gracias.- Dije llevándome los camotes que ella ya había colocado en una bolsa para mí..

Corrí hasta el edificio señalado y examiné los timbres con detenimiento, había uno con su apellido, tal vez alguien tenía el mismo, o aún no lo habían cambiado, tenía que averiguarlo así que toqué.

-... - Escuché el pitido que indicaba que me habían respondido por el interfón pero ninguna voz salió de él.

- ¿Hola? T/N ¿Eres tú?- No hubo respuesta, sólo el ruido blanco que me hacía pensar que seguía en la línea.- Soy yo, bueno... Fuyumi. Comprendo que quieras distancia, lo respeto... Pero al menos quisiera saber que estás bien, desapareciste de repente y estoy preocupada.

Entonces colgó el interfón y se escuchó un zumbido tras el cual las puertas se abrieron.

Duvitativa crucé la reja y la cerré detrás de mí.

El número del departamento era el 8, habían 4 departamentos en cada planta, así que imaginaba a dónde debía ir.

Subí las escaleras hasta el segundo piso y avancé hasta el final del corredor.

Iba a tocar la puerta, pero al primer golpe de mi puño, esta cedió, abriéndose lentamente y dejándome el paso libre.

Esto no me estaba gustando nada.

- Eh, ¿T/N? Está abierto... Entraré...

Algo aquí adentro olía muy mal.

Dame PazDonde viven las historias. Descúbrelo ahora