Prólogo

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  -¿Estas segura de que esto es lo que quieres?

  Naara asintió levemente hacía su hermano, quién la habia atrapado en plena noche mientras intentaba escapar con su hija de los muros del castillo de Winterfell. 

  Llevaba meses preparando aqulla huída. Ser Jaime Cassel, caballero de la guardia de la familia Stark, estaba esperandolas fuera junto con otros tres caballeros  y un carruaje el cual había sido reforzado exclusivamente para aquel viaje. Sus baules con las pertenencias de ambas mujeres habían sido cuidadosamente preparados en secreto por sus mas leales sirvientes. Y todo eso parecía estar yendose al cuerno solo por que había olvidado el simple detalle de que a Cregan jamás se le pasaba nada por alto. 

  -¿Tanto nos odias? Dijiste que jamás dejarías nuestro hogar Naara... 

  -Y sin embargo padre planea casarme con Elmo Tully y enviarme a Aguasdulces.-No había habido intención en ello, pero fue inevitable que al decir aquello se notara el asco en su voz. Y no era nada en contra de los Tully ni del joven Elmo, sino que para ella solo había habido un hombre durante toda su vida. Y aunque su amor no fuera correspondido de la forma en que deseaba, se conformaba con saber que de todas formas ese amor habia sido cellado con una unión sagrada y mas tarde con el nacimiento de una hija sana.-Por favor Cregan... No pienso alejarme de mi hija y esta es la única manera.

  Cregan suspiró observando a su hermana antes de desviar la mirada hacía la joven encapuchada detras de ella. Su adoración, su pequeña sobrina a la cual amaba mas que a nada en el mundo sería alejada de él. Pero amaba lo suficiente a su hermana como para opacar su egoísmo y simplemente asintió a lo que su hermana respondió con un abrazo antes de alejarse presurosa para escapar. Se detuvo sin embargo, al notar que la chica no se había movido aún.

  -Voy a echarte mucho de menos mi pequeña princesa helada.-Ellarya alzo sus profundos ojos violetas clavandolos en los de su tío, estos inundados de lagrimas al saber que quizas pasarían decadas hasta que volviera a verlo.

  -Te escribire cartas, cada vez que me sea posible... lo prometo

  Cregan tomó con suavidad el rostro de su sobrina depositando un calido beso en su frente, para ahora si dejar marchar a las dos mujeres, aunque su corazón helado pareciera estar rompiendose en pedazos en ese momento.

The Wolf who raised a DragonsHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora