Capítulo 10

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  Viserys aún no se levantó los siguientes días lo cual comenzaba a preocupar a sus hijas. Rhaenyra se la pasaba junto a él al igual que la reina Alicent. Todos parecían haber olvidado que Naara continuaba en las mazmorras por lo que aún no se hacia un juicio. Así que luego de la cena y tras escapar a hurtadillas de su hermana, Ellarya se dirigió a las mazmorras a asegurarse de que está continuará con vida y el bebé siguiera bien. Ciertamente dudaba que su madre utilizará algo tan estúpido para matarla como un vino envenenado, pero eso no quitaba que quizás sus intenciones solo fueran asesinar a Otto, lo cual aún era bastante malo.

  Las mazmorras eran oscuras y húmedas, sin dudas un lugar para nada agradable. A Naara al menos se la había encerrado en una habitación al final de estas, algo más cómoda y menos decadente pero que no dejaba de ser una prisión aún.

  -¿Mamá?

  Una sombra oscura se movió dentro de la habitación antes de acercarse a la luz de las antorchas. Naara tenía los ojos rojos y unos enormes surcos oscuros debajo de estos mostraban las noches que está debía haber pasado sin dormir. Su cabello enmarañado y su vestido bastante cubierto de polvo daban una imagen terrible para una mujer que siempre se presentaba pulcra.

  -¿Te diste cuenta ya que no fui yo? Tus disculpas valen lo mismo que las de cualquiera aquí así que ni te gastes...

  -No vine a pedirte perdón madre... Solo venía a ver cómo seguía mi hermano.-informo Ellarya bajando apenas la vista hacia el vientre, manteniendo cierta distancia de las rejas de la puerta donde Naara se mantenía firme.

  -¿Dónde está Viserys?¿Por qué aún no ah venido a verme?

  Ellarya carraspeo la garganta nerviosamente, buscando valor para seguir viendo a su madre sin derrumbarse ante su imagen.

  -El se encuentra enfermo, está en cama hace días... Los maestres no permitieron que le dijeramos que estás aquí para preservar lo que queda de su salud. Vendrá a verte de seguro cuando esté mejor y podrá llevarse a cabo el juicio. Es eso o dejar que la dolida Alicent te juzgue ella misma y eso no saldría para nada bien.

  -Yo no lo mate Arya... Pero eso no significa que no me alegra que esté muerto.-un nudo de instalo en el estómago de Ellarya al escuchar aquello. Si era sincera ella también se alegraba un poco de que el hombre hubiera muerto pero era algo que jamás diría abiertamente.-Durante años creí que hacía lo correcto al casarte con él. Fue un error... Él te llevo lejos de mí y fuiste infeliz. Lo lamento

  Ellarya negó al oír la disculpa. El daño estaba echo, ahora ella era la viuda de un hombre por el que solo había sentido asco y quizás pena. Sus manos ásperas y horrorosas ya habían estado sobre ella.

  Miró a su madre una última vez y se volteo para marcharse. Fue un gemido de dolor el que la llevo de regreso a la celda, está vez más cerca aún. Las manos de Naara sostenían el vientre mientras intentaba que sus rodillas sostuvieran el peso de su cuerpo que cada vez parecía ser más debido a que segundo a segundo parecía ir debilitándose.

  -Madre... ¿Que ocurre?

  -Tú hermano Ellarya, está intentando nacer hace días. No quiero que Nazca aquí pero los guardias no me hacen caso

  Ellarya se volteo apresuradamente hacia la entrada de las celdas dónde el guardia que las vigilaba estaba de pie.

  -Trae a nuestro maestre, de prisa y ordena que preparen las habitaciones de la reina. El principe debe nacer en un lugar apropiado.-ordeno a voz alzada antes de tomar las llaves de la celda de su madre para sacarla de allí. Sin embargo, mientras hacia esto, el sonido de otra cerradura la descolocó. Para cuándo Ellarya intento correr hacia las puertas de la mazmorra ya era tarde, el guardia había cerrado las puertas impidiendo que la princesa pudiera salir. Grito llamando por ayuda sin embargo esto fue en vano, teniendo que detenerse al oír los ahora agonicos gritos de su madre detrás de sí. Intento calmarse y se dirigió ahora una vez más hacia Naara para intentar abrir la puerta, la cual no cedió dándose cuenta al fin que la llave ni siquiera coincidía por completo con la cerradura.

  -Ya no aguanto Ellarya

  Con cuidado, la reina Naara se acomodo en el suelo no teniendo ni siquiera fuerzas para llegar a la cama y como pudo se levantó las faldas para comenzar su trabajo de parto. Puje tras puje Ellarya solo podía permanecer arrodillada ante la celda rogando a todos los dioses en los que jamás había creído con tanta vehemencia cómo ese día por la salud de su madre y su hermano. Los minutos se convirtieron en horas y las horas en una eternidad que no mostró señales de que todo aquel trabajo estuviera sirviendo. Naara solo perdía más sangre que la que Ellarya hubiera visto jamás y en algún momento dejo de luchar. La princesa alzó entonces la vista, atenta para lograr notar en las penumbras si su madre continuaba con vida. Sin darse cuenta por completo, su rostro estaba completamente surcado por lágrimas que salían de sus ojos sin permiso.

  -Arya... Mi amor, necesito sacar a tu hermano.- la voz de Naara era tan suave que Ellarya apenas pudo distinguir sus palabras aún en el completo silencio.

  -Claro, solo un poco más ¿Si? Pariste a dos hijas ya solo necesitas pujar algo más fuerte.-indico la chica aferrándose a los barrotes para ver más claramente, estirando una mano lo más que pudo para intentar tocarla.

  Naara se arrastró un poco tomando la mano de su hija entre las suyas y una pequeña sonrisa se instalo en sus labios mientras entrelazaba sus dedos con los de esta.

  -Exacto, pari ya a dos hijas por lo que se distinguir cuando uno no está ayudando.-Con cada palabra su respiración se oía aún más forzada lo cual Ellarya no pudo pasar por alto. La estaba perdiendo y eso la obligó a gritar aún más fuerte y una vez más por ayuda.-Shhh.... Necesito algo filoso Ellarya y que me prometas algo.-intento alzarse hacia su hija más el cansancio de su cuerpo y la perdida de sangre no se lo permitieron.Protegerás a tus hermanos con tu vida. No cometas mis errores pequeño cachorro, nadie valdrá más la pena que ellos y tus hijos si alguna vez los tienes. Ahora no reniegues y déjame salvar a tu hermano

  La desesperación invadió por un momento a la joven Targaryen quien solo quería buscar una forma de salir, continuar gritando por ayuda no parecía servir y con cada segundo que pasaba la posibilidad de perderlos a nos aumentaba. Mil cosas pasaron por su mente, entre ellas que quizás aquel día si ella no hubiera bajado su madre moriría sola y su hermano no tendría ni siquiera una oportunidad. Un guardia no la había encerrado solo por qué si, aquel guardia tenía la orden de aíslar a Naara en cuanto comenzará su trabajo de parto y el asesinato de Otto había Sido nada más que una manera de deshacerse de la reina sin que todo el mundo se enterará. algo filoso se medio clavo en su pierna recordándole que entre los pliegues de su vestido llevaba aquella daga que Daemon le había obsequiado el día de su boda. Rebuscó rápidamente y antes de poder dudar la entrego a su madre quien simplemente le apretó una vez más la mano antes de soltarla.

  -Debí hacerte caso... Invernalia, tu y yo éramos lo único que necesitábamos. Te amo Ellarya, y recuerdale a tus hermanos también cada día que los ame cada segundo. Ahora no mires, sabrás cuando haya acabado

  Ellarya se volteo sin poder decir nada, sin poder despedirse de su madre se volteo cerrando los ojos y cubriendo sus oídos más no pudiendo evitar oír gran parte de los gritos de dolor de Naara.

  Otra eternidad paso antes de que pudiera volver a voltearse.

  Naara estaba tumbada en su propia sangre. Dormida, inconsciente o incluso muerta no podía saberlo con total certeza. Al menos entre sus brazos tenía a su bebé, sin dudas este último no respiraba, no lo había oído llorar siquiera.

  No supo cuando exactamente pero luego de un rato la celda estaba llena de gente que atendía a la reina y al bebé mientras otras tantas personas se encargaban de tratar de despertarla de su propio shock.

  En menos de unos días la muerte se había cernido sobre ella como un animal feroz terriblemente hambriento. Su esposo había muerto sobre ella, su madre y hermano junto a ella sin poder hacer nada en ninguna ocasión.

  Los ojos de cervatillo herido de Alicent se cruzaron con los de ella mientras alguien la retiraba del lugar y por un instante pudo ver una sonrisa en los labios de la mujer. Una sonrisa que la desconcertó aún más, pero una sonrisa que estaba dispuesta a borrar costará lo que costará. 

The Wolf who raised a DragonsHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora