Nombre: Salma White
Edad: 22 años
Trastorno: Síndrome de Estocolmo.
Era otro día común y corriente. Tenía 18 años y empezaría un nuevo curso en la misma escuela privada donde empecé a estudiar hacía ya un par de años.
Bajé a desayunar y ya estaba sola prácticamente, solo la sirvienta y el chófer me hacían compañía. Mis padres ya estaban en su gran empresa, haciendo lo suyo. Sólo los veía media hora durante la cena, y unas tres horas en mi cumpleaños. No compartía con ellos nada más que sangre. Mi madre fingía que éramos cercanas; y mi padre solo se limitaba a darme grandes sumas de dinero y luego me acariciaba como a un cachorro luego de darle su premio. Esa era mi familia... Sin hermanos, sin abuelos, unos tíos que veía cada 5 años; solo era yo, la soledad se volvía cada vez más insoportable.
En la escuela era odiada por todos. Y como no; mis padres compraron las acciones de más de la mitad de los padres de mis compañeros y algunos quedaron en la calle. Por suerte para la mayoría de los estudiantes, tenían el colegio pago en su totalidad; pero algunos, ni si quiera podían entrar ese año. Mi madre decía que no creyera en los comentarios de la gente; pero sabía que lo que decían por ahí era verdad. Habían hecho una fina y limpia estafa: todo prácticamente "legal" y sin pruebas que los incriminaran.
Bajé del auto y la suave brisa alborotó aún más mi cabello rizado. Caminé a la entrada del colegio perseguida por cuchicheos y siendo señalada por todos a mi paso.
"Es la hija de esos ladrones", decían. Pero ninguno se atrevía a molestarme directamente.
-¡Ey! -dijo una chica que no conocía, me aló por mi brazo y me introdujo en uno de los baños.
-¿Quien eres? -pregunté extrañada; nunca la había visto.
-Eso no importa -dijo con una voz dulce y sonrió. Note su aroma al estar tan cerca una de otra por la estrechez del baño; me puse nerviosa.
-Tienes que ir cuando terminen las clases a esta dirección -me dió un pequeño papel doblado. Lo abrí de inmediato.
-¿Por qué debería ir? No te conozco.
-No seas tonta; será una sorpresa, te va a encantar -volvió a sonreír -. Tienes que ir por favor -puso sus manos en mis hombros y me dió un beso en la mejilla; me sonrojé; era muy guapa y a mí me gustaban las chicas, solo que nadie lo sabía.
Salió del baño apresurada. Yo salí tras ella, mirando el pequeño papel con dudas.
«¿Debería ir o no?». Me pregunté varias veces.
El día fue largo y molesto. Las clases al fin terminaron; para nada presté atención; intenté buscar a la chica por todas partes, pero no la volví a ver.
Al final decidí arriesgarme.
«¿Que podía salir mal?».
Rápidamente hice todo un plan para esquivar al chófer que ya me estaba esperando afuera. Aproveché una multitud de chicos que iban saliendo y me escondí entre ellos lo mejor que pude ; a penas estuve lo suficientemente lejos, salí corriendo.
Detuve un taxi y le pedí que me llevará a aquel lugar. Estaba algo nerviosa, pero se sentía bien hacer algo diferente.
-¿Está segura que éste es el lugar señorita? -preguntó el taxista un tanto preocupado.
Miré al rededor aquel lugar y mis pelos se pusieron de punta. Era un edificio antiguo, prácticamente en ruinas. Todo estaba lleno de escombros y grafitis terroríficos.
-Sí, aquí es. Eso creo -susurré dándome cuenta que algo andaba mal.
Bajé del taxi y caminé con dificultad. Exploré el lugar y no había nadie.
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Culpables Inocentes
Mystery / Thriller¿Matar? ¿Por qué alguien pensaría en cometer tal atrocidad? ¿Acaso un asesino no tiene sentimientos? Este es el juego de preguntas que nos hacemos intentando explicar el instinto humano más cruel, cuando sabemos que todo sucede por una razón: un imp...
