Capítulo -19- Engaño

11 3 1
                                        

Zack Jones

El amor, siempre creí que era una tontería, un sentimiento tan básico que te hacía ser egoísta contigo mismo y reducir el mundo a una sola persona; para mí era cosa de estúpidos. Pero la vida se empeña en recordarte lo humano y frágil que eres, no importa que te consideres un monstruo sin sentimientos, ella te pone delante la prueba definitiva de que eres un idiota más en su ciclo; a mí, me puso delante aquellos ojos.

-Pasa Zack, te he estado esperando -su voz sonó tan dulce a mí oído como una sinfonía de Mozart -. Espero estar hablando con el buen Zack -sacó una pistola de la parte baja de su espalda y me apuntó con firmeza.

-sorprendido, di dos pasos hacia atrás levantando mi mano derecha -Tranquila, hace mucho tiempo que "El músico" no visita mi cabeza.

-Lo siento pero debo seguir un protocolo para estar más tranquila, no quiero que mi cabaña termine con una clave de sol sangrienta pintada en la pared del salón
-dijo sin dejar de apuntarme -. Eso dijo Axel que pasaría si tu macabra personalidad aparece y se entera de que soy la hermana de Lamndon.

Quedé perplejo ante tal información y tenía sentido, tenían un claro parecido.

-Mientras no hayas matado a personas inocentes "El músico" no te hará daño.

-Por su puesto que no puedo saber si eso es verdad o no; así que por las dudas -caminó despacio sin dejar de apuntarme para colocarse detrás de mí, sentí el arma haciendo presión en mi espalda -, me mantendré a salvo.

No puedo decir que sentí aquella aguja clavarse en mi cuello, tal vez ya estaba acostumbrado a tantos pinchazos que recibía en aquel lugar; pero las pocas fuerzas que tenía se desvanecieron. Caí de rodillas y mi cuerpo se empeñó en desplomarse de forma tal de que lo último que vieran mis ojos fuera los de ella.

-Lamndon ¿En serio crees que así me vas a torturar? -reí de forma maliciosa -. Necesitas más que una estúpida máquina de electroshock -una sonrisa torcida apareció en mi rostro.

-levantó una ceja, acercó su rostro al mío mirándome fríamente -Te sorprendería lo que puede lograr una máquina de terapia electroconvulsiva de hace 80 años -se separó de mi para darle dos golpecitos al aparato como si fuese una mascota -. Encontré esta joyita en el sótano del psiquiátrico. Ah, ésto debería estar en un museo. Benditos sean Ugo Cerletti y Lucio Bini - alzó sus ojos y levantó las manos.

-Eres un completo idiota si crees que así me vas a curar -reí a carcajadas.

-Mi pobre Zack -colocó una especie de sintillo con dos pedazos metálicos que reposaron en mi sien -. ¿Que te hace pensar que quiero curarte? Tampoco quiero torturarte -colocó su mano derecha en un botón de la máquina -Aunque... -hizo una pausa para estirar su labio inferior -. La corriente eléctrica de estás bellezas es mucho mas alta de las que se usan actualmente; a demás el tratamiento en aquella época se realizaba sin anestesia ni relajantes musculares, justo como lo recibirás tú -sonrió -. La terapia era tan dolorosa y arriesgada -colocó un pedazo de madera en mi boca con dificultad porque intenté mantenerla cerrada -. Las convulsiones eran tan violentas que hacían que el cuerpo se sacudiera con una fuerza lo suficientemente grande como para romperte los huesos -dijo lentamente, abriendo los ojos infundiendome pánico.

-Mmmmm.....mmmm

-puso la máquina en marcha
-Disfruta tú viaje en el tiempo, al pasado de la psiquiatría.

Intenté gritar y moverme; pero la parálisis del sueño se apoderó de mí hasta que...

-Zack, despierta -sacudió mis hombros para que mi cuerpo respondiera.

Has llegado al final de las partes publicadas.

⏰ Última actualización: Aug 25, 2025 ⏰

¡Añade esta historia a tu biblioteca para recibir notificaciones sobre nuevas partes!

Culpables Inocentes Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora