La maldad del hombre sobrepasa todo límite. No hay razón por la cual alguien se convierta en un monstruo, todos nacimos bestias; pero no todos tenemos la suerte de controlar nuestro instinto primitivo, algunos preferimos quitarnos el disfraz de humano frágil y sensible y simplemente cedemos a nuestra verdadera naturaleza: monstruos crueles deseosos de matar a cualquier disfrazado que se interponga en nuestro camino, monstruos capaces de convertir tu pequeño paraíso en un infierno por un capricho.
Somos esa especie que no se enamora; aunque también lo hacemos, de la forma más real y más intensa. Y si por un capricho hacemos arder el mundo... ¿Qué seríamos capaces de hacer por el amor de nuestra vida?
Luna Stuart
Hacía demasiado frío, el horrible y constante ruido de las goteras perturbaba el silencio, era desesperante; pero no tenía más remedio que estar allí. El polvo, las telas de araña, el hedor a moho proveniente del techo, las paredes de madera y la abstinencia por las pastillas revolvían mi estómago y me obligaban a vomitar varias veces al día.
Los muebles antiguos que crujían, la cama húmeda y fría, la comida enlatada, no tener una bebida caliente y mucho menos compañía; hacían que aquel lugar fuese una verdadera experiencia de terror.
Contaba los días anciosa, sabía que él llegaría en cualquier momento luego de un mes; pero la espera se hacía más y más larga, mi mente solo me hacía creer que estaba muerto o tal vez en prisión.
Mi desesperación iba en aumento, caminaba en círculos en aquella cabaña de mala muerte, tronaba mis dedos y jugaba con mi cabello, solo pensaba en que él tenía que volver si no, estaba jodida; y en efecto, lo estaba, nunca regresó por mí.
Otra vez Lamdon me había usado para desquiciar a nuestra madre más de lo que estaba.
Recuerdo ese día como quitó mis ataduras, manchando mis tobillos y muñecas de sangre.
«Volvió a matar, lo hizo otra vez».
Recuerdo su sonrisa torcida, siempre era la misma sonrisa cuando estaba tramando algo o cuando sus planes marchaban jodidamente bien; eso me asustaba. Era como si reviviese el momento en que nuestro padre cayó en su trampa, no puedo si quiera describir como sucedió todo, solo se que la trampa no era sólo para él, también era para mí.
Esa noche mi madre aún no llegaba del hospital, Lamdon y yo mirábamos un documental de asesinos seriales, era su favorito; de pequeños jugábamos a los detectives y por una extraña razón él siempre quería que yo fuera la víctima, mientras el hacía los papeles de asesino y detective.
Mi padre llegó a casa, como de costumbre lo recibí emocionada y le di un beso en la mejilla, mi hermano cómo siempre lo ignoró y siguió viendo la tele.
-Como te fue en el trabajo papá -pregunté ansiosa mirando su carpeta en espera de un chocolate como de costumbre.
-Hoy fue un día un poco estresante hija. Lo siento, olvidé tú chocolate. No te enojes, ¿Si? -puso su mano en mi cabeza y desordenó mi cabello en muestra de cariño.
-¿Olvidaste su chocolate? -dijo Lamdon en tono burlón sin quitar la vista de su programa -. Luna parece que nuestro padre está padeciendo de Alzheimer -soltó una risa por lo bajo y se puso de pie luego de apagar la tele.
-No estaría mal sufrir la enfermedad si puedo olvidar lo insoportable que es tener un hijo como tú -dijo tirándose de golpe en el sillón con un suspiro de cansancio luego de lanzar su carpeta a un lado -. Al menos llegaste al mundo con algo bueno -. Me miró con una sonrisa de boca cerrada.
-Si claro, lo que tú digas -dijo mi hermano mientras caminaba a las escaleras que daban a las habitaciones -. Hija favorita, te espero en mi habitación, tengo algo que decirte.
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Culpables Inocentes
Misterio / Suspenso¿Matar? ¿Por qué alguien pensaría en cometer tal atrocidad? ¿Acaso un asesino no tiene sentimientos? Este es el juego de preguntas que nos hacemos intentando explicar el instinto humano más cruel, cuando sabemos que todo sucede por una razón: un imp...
