9| Lágrimas

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Todo daba vueltas y el hecho de que me llevaran como algún tipo de saco no ayudaba

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Todo daba vueltas y el hecho de que me llevaran como algún tipo de saco no ayudaba. Intente enfocar la vista por el camino que íbamos dejando atrás con demasiada rapidez, pero a excepción de la grava, los arbustos nítidamente cortados a los lados y algunos postes de luz apagados debido al sol, no logre ver nada más.

Parpadeo varias veces. Sigo sin poder enfocar la vista y en algún momento había empezado a sentir un mal sabor de boca. No puedo hacer nada, maldición.

Coloco mis manos en la espalda de mi familiar recién aparecido en un intento inútil de bajarme de sus hombros.

— Bájame de una vez, maldición. — me escucho ronca y jadeante, como si me faltara el aire.

— En un momento, Ash. En un momento.

¡Es que no puedo esperar! ¡Siento que voy a soltar bilis en tu espalda, estúpido!

Me niego a abrir la boca, no quiero que mi desayuno termine volando por la espalda de este.

— Claire, ¿están listos? — me toma un momento darme cuenta que se dirige a la chica que caminaba con prisa junto a él.

Debido a que caminaban uno al lado de otro no era capaz de verla, pero mis instintos me afirmaron mis sospechas: hablaba por teléfono. No había reparado en el hecho de que, en algún momento entre mis mareos, se había comunicado con alguien más.

— Si, todo está preparado. — afirma y en cuestión de segundos el chillido de neumáticos suena contra el pavimento.

Los brazos que antes me sostenían de las rodillas subieron a mis caderas mientras nos inclinamos hacia el frente. Mis pies tocan la grava, pero no me atrevo a soltar la mano de mi hermano. En cualquier momento estaré vomitando o inconsciente.

Ninguna de ellas adecuada para la situación.

El sonido de una puerta abriéndose se hace presente, para luego escuchar los pasos de una tercera persona. Vestido de forma similar a Claire y justo como ella, no pregunto quién era. Simplemente me miro de arriba a abajo, antes de dirigirse hacia los demás. Agradezco que este más centrado en otra cosa que en mí y me permita pensar en las posibilidades de que alguien pueda tener tantos tatuajes en los brazos. Son enormes, tinta negra extendida incluso un poco más arriba del cuello alto de su camisa, justo detrás de la nuca.

— ¿Qué diablos está pasando? — levanta una mano y la pasa por su cabello castaño que le llega justo debajo de las orejas.

— Jordan, no hay tiempo para explicarlo. Debemos irnos ahora mismo. — mi hermano no se detuvo mientras sus labios se movían deslizando órdenes.

Me tomo del codo y me acerco a la puerta deslizada de la van negra. Puso la mano en la parte superior de esta y me empujo con un poco de fuerza hacia dentro. Mis pies se clavan en la tierra; no iré a ningún lado sin Ben.

Sus Ojos de InviernoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora