Capítulo 1: "Chica Fiestera"

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La esperanza es algo con plumas
Que se posa en el alma,
Y canta la melodía sin palabras,
Y nunca se detiene del todo...
-Emily Dickinson

El amor no puede ser forzado, el amor no puede ser manipulado...
-Pearl S. Buck

Junio
Verano, Antes del Último Año

Me prometí que nunca haría el trabajo de mi padre-Demonio, contaminar almas, conduciendo a los humanos a abusar de sus cuerpos con drogas y alcohol.

Había sido ingenua al hacer esa promesa. Había sido ingenua sobre un montón de cosas.

El bajo resonó a través de la oscura habitación en la que todos bailamos. Me subí a la mesa, fingiendo no saber sobre los ojos en mí: la mayoría amistosos pero algunos lujuriosos, algunos juzgando y otros llenos de envidia. Esta noche, mi lugar en la mesa era más el de tener la mejor vista y menos el de ser el centro de atención. Fui testigo de un Demonio Murmurador. Vagabundeaba por allí y necesitaba mantener los ojos abiertos. Había pasado toda una semana desde que había visto uno, el tramo más largo desde la cumbre en año nuevo.

Jack y Nayeon estaban por allí en algún lado. Mis dos mejores amigos humanos habían sido oficialmente una pareja desde hace cuatro meses, finalmente reconciliándose después de la fiesta de Año Nuevo donde besó a mi amiga Neph, Sana, una hija de Astaroth, El Duque del Adulterio. A Sana le gustaba Jackson, pero lo había besado sabiendo que él y Nayeon tenían sentimientos fuertes. Los eventos de esa noche se habían convertido en un tema tabú.

Buscaba a Jack y Nayeon ahora, pero debían estar en el sótano, jugando cartas. Iban a querer ir a casa pronto, pero no podía ser sorprendida dejando una fiesta tan temprano. Ni siquiera era la medianoche.

Allí estaba, el Murmurador. Mi corazón se quedó atrapado en mi garganta, pero seguí bailando.

La vivida, divertida atmósfera se convertía en algo oscuro y siniestro mientras la vil presencia se movía a lo largo del techo como una capa de aceite.

Agujas de temor apuñalaban mi instinto.

Después de todo este tiempo los Murmuradores me daban escalofríos. El Espíritu contempló la multitud, con el ceño fruncido a las personas sonrientes presentes en la fiesta y arremetiendo contra ellos con susurros penetrantes. Los que bailaban se mostraban agitados entre sí. Bebidas derramadas, las voces se levantaron y se comenzaron a empujar.

Me bajé de la mesa de café y me dirigí a la cocina. El Demonio cambió su dirección a seguir. Fingí no darme cuenta de las personas que trataban de detenerme y hablar conmigo mientras me movía entre la multitud.

En cuestión de segundos el Murmurador Oscuro se cernía sobre mí y me dijo:

—Hija de Belial, esta fiesta está muy calmada.

Apreté los dientes y un escalofrío visible mientras su voz rezumaba en mi cerebro como baba. Lo quería fuera de mi cabeza.

—Si, lo sé. —Envié mi respuesta telepática al Espíritu—. Pero eso está a punto de cambiar.

Recibí una cálida acogida en la cocina. Vasos levantados y mi nombre a gritos.

Mis compañeros me habían perdonado por los difíciles delitos pasados y pusieron a la vieja yo a descansar. Habían acogido a la "chica fiestera" cuando vino a la vida anormalmente seis meses atrás, como una flor abriéndose forzadamente en invierno.

—¿Qué tal todo el mundo? —Puse mi mayor sonrisa juguetona.

Una semana después de la cumbre los susurros del Demonio comenzaron a perseguirme. Por seis meses. Cada. Día. Hasta hace una semana. Pensé que ya había terminado. Tal vez ya me había probado y me dejarían en paz. Error.

#2 Dulce PeligroHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora