La única cosa mejor que besar a Lisa era besarla entre bocado y bocado de un brownie caliente. Ahora entendía el dicho de que el amor es como una droga. Mi cuerpo estaba ardiendo. Aunque yo no utilizaba mis sentidos extendidos, estaban en alerta máxima desde la electrizante sensación flotante corriendo por mis venas.
Pude ver el peligro de amar, porque nada más existía para mí fuera de esa habitación. Nada más importaba. Ni los Duques o los susurradores. Ni la guerra espiritual. Y, ciertamente, ninguna razón por lo que cualquier alma desaprobaría una relación que llenara a dos personas con tanta alegría.
No. Nada de eso era real. Eran fugaces pesadillas distantes, empujadas a lo lejos con cada presión de nuestros labios, cada palabra hablada suavemente. Estábamos juntas. Estábamos vivas.
Todavía no podía creer que ella estaba permitiendo que esto sucediera. Dejando que la amara con mis toques. Ella tocándome en respuesta. Toques voraces.
De vez en cuando la sentía apartarse de mí cuando yo empujaba hacia delante, manteniéndome a raya cuando me dejaba llevar. En un momento dado después de que lamiera su oreja, ella cerró los ojos y su frente se arrugó en una mueca de dolor.
Me mordí el labio.
—Lo siento.
Quiero decir, realmente, sería difícil para las chicas normales, así que, tenía que ser especialmente difícil para ella.
Abrió los ojos para revelar la tormenta en su interior.
—Todos mis instintos me dicen que siga adelante contigo. —Hablaba muy en serio, por lo que mis mejillas se calentaron. Fuego brillaba en sus ojos y yo rompí el contacto visual, enterrando mi cara entre su pecho cubierto por su camiseta de algodón—. Pero no es ni de cerca tan difícil como pasar todo este tiempo sin ti —dijo.
Agarré su camiseta entre mis dedos y me acerqué cara a cara con ella. Sus ojos me devoraron.
—Jamás nos vamos a hacer eso a nosotras mismas otra vez. —Agarré el tejido más firme, con una gran cantidad de creciente pánico ante la idea de estar separada de ella—. Lo digo en serio, Lili. No importa lo que mi padre diga o cuán asustadas estemos. Podemos hablar cuando sea seguro. Tendremos cuidado. Por favor, no me apartes...
—Shh —susurró, tirando de mí hacia ella.
Aspiré el aroma de la piel en su cuello. Ella pasó una mano por mi cabello desordenado a medida que la ansiedad disminuía.
—¿Con qué frecuencia te llama tu padre? —preguntó.
—Cada mes o dos. —Me quedé acurrucada cerca, mientras ella seguía acariciando mi cabello.
—Bien, entonces. ¿Qué tal esto? Sabemos que él comprueba para asegurarse de que estés a salvo por tu lado. Así que cada vez que él llame, me puedes contactar inmediatamente después.
—De acuerdo —dije, y presioné mis labios en su cuello. Ella me abrazó más fuerte.
—Son las nueve y media —dijo de mala gana—. Tengo que ir a la práctica. ¿Te unirás a mí?
Yo le sonreí. ¿Ver a Lisa tocar?
—Por supuesto.
****
Oh, vaya.
Oh, gran bondad. Había olvidado lo que ver a Lisa en la batería me provocaba. Ella solo estaba calentando mientras que los chicos afinaban sus instrumentos, y ya necesitaba un ventilador.
Maré alrededor de la habitación a las otras personas sentadas y de pie; en su mayoría chicas, pero algunos chicos también. Una chica me dio una pequeña sonrisa y yo la devolví antes de que ella se volviera a mirar al cantante, Michael.
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#2 Dulce Peligro
De Todo"Abraza tu lado oscuro" Jennie Kim, hija de un Ángel y un Demonio, se prometió que nunca haría el trabajo de su padre: contaminar almas. Había sido ingenua en tal afirmación. Había sido ingenua con respecto a muchas cosas. Atormentada por los Demoni...
