Tomamos turnos para echarnos vistazos entre sí mientras ella manejaba. Miraba fijamente hacia el frente o miraba fuera de la ventana del pasajero, viendo sus largas miradas en mi visión de perfil. Y entonces ponía su atención de vuelta a la carretera y sería mi turno para examinar su perfil. Mis ojos estaban hambrientos de cada detalle: el pequeño lunar en su cuello, la pequeña peca en su pómulo por lo demás perfecta, las ligeras ondas en su cabello, esas perfectamente formadas cejas y pestañas... he estado hambrienta de esas imágenes por tanto tiempo.
—Me sorprende que todavía tengas este auto —dije en un momento dado.
—Sí, bueno. Casi lo he cambiado unas veces, pero... el valor sentimental y todas esas sandeces.
Murmuró la última parte y rascó su cuello. Me dio un vuelco el corazón con el pensamiento de que el todoterreno podría recordarle nuestro viaje de carretera y esa era la razón por la cual lo había conservado.
—Me sorprende que todavía uses el collar.
Toqué la piedra turquesa.
—Lo uso todos los días.
Mantuvo los ojos en la carretera y en ese momento se veía tan tranquila.
Me curvé tan cerca de ella como el asiento lo permitía, y estuvimos en silencio en las dos horas de viaje a Los Ángeles. Fue más cómodo de lo que había sentido en años. No pensé sobre nuestra pelea, Chae, o la otra Jennie. No pensé en los Demonios susurradores. Solo disfruté este inesperado momento con ella.
Lisa vivía en un complejo de apartamentos que estaba repleto de vida. Su vecindario parecía un campus de universidad con edificios de dos pisos rodeados de un área común, y la gente pasaba el rato alrededor de la piscina sosteniendo vasos de plástico.
Cuando nos estacionamos y apagó la ignición, una mirada de pánico cruzó su rostro.
—¿Pasa algo? —pregunté.
—Er... justo recordé... el departamento está un poco, bueno... —Desvió sus ojos —. Es un desastre.
—No me importa eso. Puedo ayudarte a limpiarlo.
Sus ojos se abrieron de par en par.
—¡No! No puedo tenerte limpiando nada. Llamaré a alguien para que lo ordene. He tenido intención de hacerlo por años.
Bien, ahora solo estaba siendo ridícula.
Cuando rodé mis ojos, dijo:
—Tuve una pequeña fiesta antes de que me fuera para lo de Minnie, ves.
—Ya veo. —Alcanzando la manija de la puerta, sonreí—. Venga. Vámonos.
Justo cuando estaba a punto de salir la oí sisear. Seguí su mirada arriba a la parte superior de los escalones donde estaba un tipo con un mohawk falso, luciendo cabreado.
—¿No es ese Michael de tu banda? —pregunté.
—Sí. Maldición. —Sacó el celular de su bolsillo y tecleó, pero estaba muerto.
—Olvidé cargarlo en lo de Minnie. Quédate sentada mientras me ocupo de él.
Me acomodé de vuelta en mi asiento y empujé mi oído mientras Lisa subía los escalones.
—¿Dónde demonios has estado, mujer? —preguntó Michael —.Teníamos práctica hoy. Esta es la segunda vez que lo abandonas.
Lili abrió su boca para hablar, pero Michael le ganó.
—Amiga, si quieres renunciar di las palabras, pero no puedo tenerte haciéndonos tontos. No has estado en ello desde que llegamos aquí. Pensé que después del jueves tal vez la vieja Lisa estaba finalmente de vuelta y entonces vas y abandonas otra vez.
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#2 Dulce Peligro
Random"Abraza tu lado oscuro" Jennie Kim, hija de un Ángel y un Demonio, se prometió que nunca haría el trabajo de su padre: contaminar almas. Había sido ingenua en tal afirmación. Había sido ingenua con respecto a muchas cosas. Atormentada por los Demoni...
