Cinco semanas pasaron ese verano sin escuchar de papá. Lo bueno era, que los Demonios Murmuradores estaban checándome solo una vez cada par de semanas. Lo malo era, que odiaba estar encerrada en la oscuridad, y yo era impaciente. El verano pasó volando y había estado esperando conseguir que algunas cosas se llevaran a cabo antes al comienzo del último año.
Me senté en nuestro balcón antes de mi trote, deseando una brisa en el sofocante aire de la última hora de la mañana.
Tiff salió y me entregó una humeante taza de café.
—¿Trabajas hoy? —preguntó Tiff.
Sacudí la cabeza.
—Mañana. —Todavía tenía mi trabajo en el puesto de helados.
Tomó un largo trago de su café y sonrió.
—¿Quieres escuchar algo raro? Me siento con ganas de gastar algo de ese botín demoniaco.
Casi me atraganté con el sorbo que justo estaba tomando. Tiff nunca quería gastar ese dinero, especialmente el botín que papá nos había dado. Se echó a reír con mi expresión.
—Vamos —dijo—. Será divertido. Pongámonos locas.
—No tienes que preguntarme dos veces —dije.
Estábamos exhaustas para cuando partimos a casa. Una buena canción salía de la estación country, y Tiff subió el volumen. Cantamos a todo pulmón el coro gangoso tan ruidosamente que es una maravilla que escuché el timbre de mi celular. Bajé el volumen de la radio y mi corazón martilleó con la vista del número de papá.
—¿Dónde estas? —refunfuñó.
—Estoy en camino a casa con Tiff.
—¿De dónde?
Mordiendo la uña de mi pulgar, murmuré:
—Atlanta.
—¿Qué demonios estás haciendo allá afuera?
Me ericé con su tono.
—Solo estábamos de compras.
—¿De compras?
—Tiff gastó una tonelada de dinero. Fue asombroso. —Reí entre dientes y Tiff golpeó mi pierna.
Papá gruñó algo incoherente, entonces dijo:
—Bueno, apúrate. Estoy en tu casa.
¡Sí! ¡Noticias! Sonreí, me sentí parte presumida de que había tenido que esperar por mí por una vez.
—Dile que sujete sus caballos —dijo Tiff—. Estaremos ahí en veinte minutos.
Cuando llegamos al apartamento, me detuve en la entrada, sorprendida de ver a alguien parada a un lado de Papá.
—¡Chae! —No había querido correr a toda velocidad cruzando la pequeña habitación para abrazarla alrededor del cuello, pero lo hice. ¿Siempre había estado así de alta? Sentí su cuerpo retumbando con ligera risa. Se alejó de mi abrazo primero, dándome un sonrisa tímida que mostró el solitario hoyuelo en su mejilla. La negra insignia de Ira descansaba en su esternón.
Chae nunca había parecido muy joven para empezar. Demasiada sabiduría vivía en esos ojos miel. Pero se veía incluso más madura esos días con su expresión concentrada permanente. Su cabello negro estaba mucho más largo y completamente lacio, y su piel era tan suave como siempre. Encontró mi mirada total y yo no podía parar de sonreír. Ver a una de mis amigas Neph después de todo este tiempo era fortalecedor.
—Te ves bien, Jennie —dijo. No seguido usaba palabras largas, pero los sonidos finales de algunas palabras eran recortados y suavizados en cierta forma forzada y escurridiza, como cursiva verbal.
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#2 Dulce Peligro
Acak"Abraza tu lado oscuro" Jennie Kim, hija de un Ángel y un Demonio, se prometió que nunca haría el trabajo de su padre: contaminar almas. Había sido ingenua en tal afirmación. Había sido ingenua con respecto a muchas cosas. Atormentada por los Demoni...
