cap 67:El pensadero

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Se abrió la puerta del despacho. 

Moody:Hola, Potter —dijo Moody—. Entra. 

selene entró.

Ya en otra ocasión había estado en el despacho de Dumbledore: se trataba de una habitación circular, muy bonita, decorada con una hilera de retratos de anteriores directores de Hogwarts de ambos sexos, todos los cuales estaban profundamente dormidos. El pecho se les inflaba y desinflaba al respirar.

Cornelius Fudge se hallaba junto al escritorio de Dumbledore, con sus habituales sombrero hongo de color verde lima y capa a rayas. 

Fudge:¡selene! —dijo jovialmente, adelantándose un poco—. ¿Cómo estás? 

Sele:Bien —mintió selene. 

Fudge:Precisamente estábamos hablando de la noche en que apareció el señor Crouch en los terrenos —explicó—.Fuiste tú quien se lo encontró, ¿verdad? 

Sele:Sí —contestó —Luego, pensando que no había razón para fingir que no había oído nada de lo dicho, añadió.—Pero no vi a Madame Máxime por allí, y no le habría sido fácil ocultarse, ¿verdad? 

Con ojos risueños, Dumbledore le sonrió a espaldas de Fudge.

Fudge:Sí, bien —dijo embarazosa—.Estábamos a punto de bajar a dar un pequeño paseo, selene. Si nos perdonas... Tal vez sería mejor que volvieras a clase. 

Sele:Yo quería hablar con usted, profesor —se apresuró a decir mirando a Dumbledore, quien le dirigió una mirada rápida e inquisitiva. 

Dumbledore:Espérame aquí, selene —le indicó—. Nuestro examen de los terrenos no se prolongará demasiado.

Salieron en silencio y cerraron la puerta. Al cabo de un minuto más o menos dejaron de oírse, procedentes del corredor de abajo, los secos golpes de la pata de palo de Moody.

Buena manera de saber que los profesores ya se fueron_ dijo Marcus, todos asintieron, mientras Moody rodaba los ojos.

selene miró a su alrededor. 

Sele:Hola, Fawkes —saludó. 

Fawkes, el fénix del profesor Dumbledore, estaba posado en su percha de oro, al lado de la puerta. Era del tamaño de un cisne, con un magnífico plumaje dorado y escarlata. Lo saludó agitando en el aire su larga cola y mirándolo con ojos entornados y tiernos.

selene se sentó en una silla delante del escritorio de Dumbledore. Durante varios minutos se quedó allí, contemplando a los antiguos directores del colegio, que resoplaban en sus retratos, mientras pensaba en lo que acababa de oír y se pasaba distraídamente los dedos por la cicatriz: ya no le dolía.

Se sentía mucho más tranquila hallándose en el despacho de Dumbledore y sabiendo que no tardaría en hablar con él de su sueño.

selene miró la pared que había tras el escritorio: el Sombrero Seleccionador, remendado y andrajoso, descansaba sobre un estante. Junto a él había una urna de cristal que contenía una magnífica espada de plata con grandes rubíes incrustados en la empuñadura; selene la reconoció. Aquélla era la espada de Godric Gryffindor, el fundador de la casa a la que pertenecía su madre, cuando vio que sobre la urna de cristal temblaba un punto de luz plateada.

la aventura de Selene iris Potter GauntHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora