~Lavanda y Cobré~

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       (KARMA)

Cansancio, ira, agotamiento la pérdida de esperanza. Era los tiempo de sentimiemto que hace que te rindas y dejes de luchar, esa misma sensación me estaba invadiendo.

Haru cumplió cada uno de los castigo que me puso, me dejó débil y cansado. Mi cuerpo amenazaba con derrumbarse, ni siquiera sabía que día era.

El miserable se encargó de que no viera la luz del sol.

El sonido de la puerta abriéndose me obligó abrir los ojos, ese olor. Ese miserable y asqueroso olor lleno toda la sala, haciendo que mi estómago se resolviera, quería vomitar.

- dime, ¿Cómo estuvo tu castigo?- pregunto de forma burlona.

- Grrr- gruñi por lo bajo.

- solo vine para avisarte que tendremos visita- siguió hablando ignorando mis leves gruñidos de enfado- para que veas que soy alguien gentil, dejaré que está persona la que nos visitará atiendas tus heridas.

"Preferiría estar muerto, para por fin librarme de este infierno"

Pensé con enfadó, seguía acostado en el suelo mirando la pared. Dándole la espalda a Haru.

- jamás consiguiran librarse de mi, eso tenlo por seguro.

Fue lo último que escuché, antes de que la puerta se cerrará con fuerza.

No dejaré que sus palabras me afecten, pero está vez no solo se trataba de una simple escapada. Si de verdad quiero soltarme de estas ataduras que nos tenía atados por más de tres años, entonces tendré que destruir todo.

Destruirlo a el, antes de que el nos destruya a nosotros.

~~•~~•~~•~~

¿Día?, ¿Noche? O tardé, no sabía decir con exactitud. Estar encerrado sin darte cuenta del tiempo o de lo que pasa afuera, te priva de saber la hora o fecha.

En mi caso ni siquiera sabía si era de noche o de día, solo pasaron 30 minutos en la que Haru había venido. Unos minutos que para mí fue como hace horas.

El encierro me estaba volviendo loco, y no solo a mi también a mi lobo.

- por aquí.

Escuché la vos de Haru, ni si quiera me moleste a olfatear su asqueroso aroma.

Al momento en que la puerta se abrió y aroma embriagante y fantástico abrazo todos mis sentidos, era delicioso.

El aroma era tan fuerte que me obligué a mirar aquella persona, aún estando débil mi lobo me exigía ver el dueño de aquel olor espléndido.

Entonces fue cuando la vi a ella, una linda azabache de orbes color lavanda me miraban con un sin fin de sentimientos.

Tristeza, asombro, dolor y tal vez ¿Ternura?, No estaba seguro.

Por más que tratará de ver esos sentimientos, no podía.

- ¡Oh por Dios no puede ser!- grito ella con horror al ver mi estado- ¿Que fue lo que le hiciste?, ¿Que demonios estás haciendo con este pobre hombre?.

"¿Acaso ella no sabe de lo que esté mal nacido está haciendo?"

Me pregunté algo perplejo por la situación.

- eso a ti no te concierne Manami- respondió amargamente- te traje aquí para que atiendas sus heridas.

Ella lo volteó a ver con el ceño fruncido.

nuestra uniónDonde viven las historias. Descúbrelo ahora