Después de tantos años, los dos, que antes eran amigos, se habían encontrado en el mismo trabajo, en la misma empresa, en el mismo día, en el mismo año, en la misma vida.
A ella le gustaba durante su época de estudiantes. Lo había demostrado hasta el cansancio y sin embargo, él nunca se enamoró de ella.
Estaban en la fila de las copias. Se reconocieron y se saludaron.
-Buenos días.
-Buen día -le dijo él, sosteniendo su taza de café en una mano y en la otra, unas cuantas hojas-. No pensé que volvería a verte.
-Es el destino -respondió ella con voz baja.
-Supongo que es bueno recordar a las amistades del pasado.
-Supongo. Pero no sé si sea correcto usar la palabra amistad en este caso.
-¿Por qué? -preguntó intrigado. Se había olvidado por completo de esos sentimientos.
-Porque usted no sabe que es mi aire y que lo respiro. Usted no sabe que cada segundo transcurrido entre el pasado y la actualidad, nunca he dejado de quererle.
