diez.

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chiara

Palabras, llanto, arrepentimiento, desesperación. Un abrazo.

No puedo decir que me acuerdo de mucho, porque no sería verdad. Recuerdo lo ridícula que me ví llorando desconsoladamente en frente de Valentín, y recuerdo su abrazo. Se había sentado al lado mío y lo había pensado por mucho tiempo, pero finalmente se dio vuelta, me sacó las manos de la cara y me envolvió en un abrazo que me dejó totalmente anonadada.

Admito que no supe cómo reaccionar y que no se lo devolví automáticamente. Era raro estar abrazada a alguien, no había experimentado esa situación muchas veces en mi vida. Los únicos que me abrazaban eran mi mamá y Manuel; muy de vez en cuando alguna de mis amigas, pero esos no eran abrazos reales, se sentían diferentes.

Pasó un tiempo en el que estando yo en el lugar del ojiazul, ya me hubiera separado, gracias a la inexistente respuesta. Pero él no lo hizo. Y finalmente, cuando pude dejarme llevar, le devolví el abrazo. No lo abracé con las misma fuerza con la que él lo hacía, me seguía sintiendo extraña, pero lo abracé.

No sé cuánto tiempo estuvimos sentados en una vereda en esa situación, pero sé que, cuando el sol empezó a picar, no volví a mi casa. Fuí a la de él. Recuerdo haber visto su cara de desagrado cuando era hora de entrar a mi casa, y su voz raramente vergonzosa ofreciéndome ir con él porque no se sentía seguro dejándome con mi papá después de lo (poco) que le conté.

Ahora, sentada en una enorme cama de más de dos plazas, no sé qué hacer. Con la poca batería que le queda a mi celular me doy cuenta que son casi las cinco de la tarde, qué vergüenza despertarme a esta hora en casa ajena. La cama está perfectamente tendida del otro lado, por lo que supongo me dejó dormir sola.

Miro un poco a mi alrededor; las paredes azules combinadas con las sábanas y frazadas de tonos parecidos le dan un aire de elegancia a la habitación; una de las paredes está llena de fotos que no me detengo a mirar, primero que nada porque tengo miopía y las veo todas borrosas, y segundo porque sería medio una invasión a la privacidad ¿no?

Me levanto de la cama y salgo de la habitación. Me doy cuenta que tengo puesto mi buzo y un short de fútbol que claramente mío no es. Reconozco el pequeño pasillo por el que me metí la última vez que estuve acá para ir al baño, y me dirijo hacia el living. Ahí me lo encuentro al ojiazul, acostado en el sillón con el celular en la mano, y el otro brazo debajo de su cabeza.

Me quedo parada en el medio de la sala de estar porque no sé qué hacer. Nunca estuve en una situación tan incómoda como esta. ¿Qué le digo? ¿"Hola buen día, perdón por moquearte toda la remera ayer, me voy" "¿Qué onda? jaja ¿Me abrís?"? Igualmente, para mi desgracia se da cuenta que estoy ahí parada y bloquea el teléfono mientras se sienta en el sillón.

—Buen día —ironiza—. ¿Querés un alikal?

—Hola —contesto, con la voz mucho más hecha mierda de lo que me gustaría—. No, no, gracias —Miro el sillón todo lleno de frazadas—. ¿Dormiste acá?

—Sí obvio, no me iba a acostar con vos.

Sé que es un pensamiento muy respetuoso y correcto, pero la forma en que lo dijo, o las palabras que usó, me hizo sentir medio mal. Cuando dejó de sonreír por su comentario solté una risa corta yo.

—Hubieses dormido vos en tu cama... Gracias igual.

Paso la lengua por mis labios y pienso en lo vulnerable que estoy siendo en este preciso momento. En la casa de un chico al que horas atrás le confesé llorando algo que nunca le había confesado a nadie más que a Sofía y encima usando ropa suya.

cry baby ; wosHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora