Marcame y estaré

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RubirexMonth2021 Día 6: Confianza
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Márcame y estaré

Se despertó ante el insistente llamado de su teléfono móvil que lloraba por tercera vez. Bostezó, obligando a su cuerpo a moverse para contestar. Sintió frío cuando su brazo se vio obligado a salir de debajo de las sábanas.

—¿Hola?—Su voz sonó ronca y levemente molesta. Quien sea que lo estuviera despertando en la madrugada, recibiría su mal humor. No había nada que odiara más que le arrebataran el sueño de las manos.

—¿Willy?—Una voz temblorosa y pesada, que reconoció al instante, le hizo saltar en la cama. El sueño lo abandonó al instante.

—¿Rubius? ¿Estás bien? ¿Qué sucede?

La voz no contestó enseguida. La respiración agitada del otro lado de la línea lo preocupó lo suficiente como para salir de la cama y comenzar a buscar su ropa. Vio la hora que su despertador marcaba, tres de la mañana, y volvió a hablar.

—¿Rubén?

—¿Puedes...puedes buscarme?—Su voz se oía rota y sollozante. Con las zapatillas a medio poner, salió de su habitación dejando las luces prendidas, y se apresuró a buscar las llaves del auto y las del departamento, que esperaban colgadas en la puerta.

—¿Dónde estás? Voy enseguida.—Una vez más Rubén se quedó callado del otro lado del móvil. Lo escuchó sollozar y juraba que podía oír los dientes ajenos castañear por el frío.

—Lo de Adam.

Guillermo aguantó la respiración unos segundos, saliendo del departamento, cerrando a las apuradas y apresurándose al ascensor. En esos segundos no se oyó nada más que la respiración agitada de Rubén.

—Vale, espérame allí.

Prefirió no pensar en Rubén volviendo a los brazos de Adam una vez más a pesar de lo mucho que le había costado terminar las cosas en primer lugar la primera vez. Y la segunda, y la tercera. Guillermo realmente deseaba que no existiera una cuarta...porque no había nada que odiara más que ver a Rubén sumergido en tanto dolor y en tanta toxicidad.

Conocía el camino a lo de Adam de memoria, no era la primera vez que buscaba a Rubius allí, ni en la madrugada, ni en cualquier momento del día. Tenía el volante agarrado con fuerza, la furia naciente en su estómago se sentía hirviente. Intentó borrar esa amargura para cuando llegase a su destino, no quería que Rubén se sintiera cohibido con su presencia, no quería que se sintiera peor, que se sintiera humillado.

Las calles estaban casi vacías y un viento frío hacía casi imposible tener la ventana un poco abierta. Al llegar a la cuadra que tan bien conocía era la dueña del departamento donde Adam residía, lo vio desde lejos. Rubén sentado en el escalón del edificio temblando, con la cabeza hundida entre las rodillas y su móvil en la mano. Se detuvo frente al edificio, como muchas veces había hecho, y abrió la puerta del auto. Ignoró que no se había atado los cordones aún, y trotó hasta su amigo. Apoyó, con mucho cuidado, su mano en la cabellera castaña.

Rubén estaba temblando, pero al sentir el tacto dio un pequeño salto.

—Rub...—Se agachó a su altura, buscando su rostro. Al cruzar miradas, finalmente, con el dueño de aquellas orbes oliva, le tembló el corazón. Rubius le miró culpable, deprimido, pintas de desesperación contrayendo sus pupilas.—Vamos al auto.

Rubén se acurrucó contra la calefacción ni bien estuvo sentado. Lo ayudó a ponerse el cinturón porque se veía perdido, sumido en su propio mundo. Le dio rabia ver sus mejillas hinchadas por el llanto, los ojos irritados, y pudo notar marcas rojizas asomándose en lo poco que se podía ver de sus clavículas. Notó entonces que la playera ajena se veía perdida. Apretó el volante con fuerza y respiró hondo.

One-Shots RubirexHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora