Gimme More – Britney Spears
La cafetería era un lugar maloliente y pequeño, hasta rebosar de gente. Tuve que sortear a muchas personas para poder abrirme paso entre la multitud en un inútil intento por llegar a la barra, solo para descubrir que allí había más gente aglutinada para pedir. Seguí a mi vecina hasta el encuentro con dos chicas que recordaba haber visto con ella en clase, aunque no había registrado sus rostros como para poder reconocerlas.
—Joder, es imposible pedir —dijo una de ellas, la rubia que llevaba un recto flequillo y cabello liso, cayendo sobre su espalda—. Llevo media hora intentando llamar su atención, pero es imposible.
—Ya os dije que iba a ser imposible pedir nada a esta hora —habló la otra, una chica de cabello negro y piel tostada.
Me llamó la atención el hecho de que su pelo estaba seccionado en dos colores: la parte de arriba era negra, el que sería su color natural. La parte de abajo estaba teñida de azul eléctrico, tan vibrante como las luces de cualquier discoteca cara de Madrid.
—Esto se soluciona rápido —contestó mi vecina, y acto seguido empujó ligeramente a dos chicas que había a nuestro lado para hacerse paso y acercarse a la barra.
Se asomó por encima de la misma, agitando la mano con una sonrisa. La camarera la vio y se acercó hasta ella, casi como si se conocieran.
—Dime, guapa. —Llevaba un moño deshilachado y enredado, su vestimenta era un delantal blanco manchado por... cosas que no necesitaba saber. Ser camarera era un trabajo que no estaba suficientemente pagado.
—Dos cappuccino y un café late. —Mi vecina se giró hacia mí, con una pregunta clara en sus ojos de color extraño.
—Un café, solo —contesté por ella a la camarera.
Lo apuntó en una libreta y salió disparada entre las otras camareras que estaban tras la barra. Mi vecina se giró hacia mí con una sonrisa, su constante mirada analizadora escrutándome.
¿Era costumbre aquí o qué?
—Soy Delia, por cierto. —Me tendió la mano y yo se la cogí, sonriendo un pelín con el acto—. Creo que a todos nos ha quedado más que claro que tú eres Olivia.
—Por supuesto —dijo la chica morena, la que tenía parte del pelo teñido de azul—. Vaya cortes le has dado a Rubén. Dignos de rememorar.
Parecía bastante borde y antipática... así que la sonreí. Un ligero levantamiento de comisura, pero ahí estaba. La gente borde y antipática solía caerme mejor que el resto de humanos del planeta.
—Rebecca. —Me la presentó mi vecina—. Y ella es Sofía.
La rubia me tendió la mano, sonriendo con amplitud e inocencia. Se la cogí, agitándola durante unos tensos segundos. Cuando me volví hacia Delia, ya estaba pagando los cafés. Le tendió a Rebecca y a Sofía los suyos y después me dio el mío.
—Invita la casa, vecina —me dijo guiñándome un ojo.
Sí... me quedé parada como una cateta en medio de la gente, sorprendida por el buen gesto desinteresado. Reaccioné cuando casi se habían sumido entre la aglomeración de personas y me apresuré a seguirlas. Cuando me condujeron a una mesa y me percaté de quien estaba allí sentado... casi reí.
—Estamos fuera de clase, formalista y romántica —comentó Delia con sorna dejándose caer en una silla blanca de aspecto incómodo, dejándome una libre a su derecha—. Intentemos pasar el descanso con tranquilidad y diplomacia.
El aludido no pareció darse cuenta de nada... hasta que levantó los ojos del teléfono y se encontraron con los míos. El ceño de Rubén Soto se frunció tanto al percatarse de mi presencia que casi me lo tomé como un insulto. El sentimiento de recelo era mutuo. Apartó la mirada cuando tomé asiento, de vuelta a su móvil.
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Mi Condena [Bilogía Condenados I] (+18)
Romance¿Cuánto estarías dispuesto a traicionar por amor? ¿Cuánto pueden pesar los secretos? Olivia García es la hija de un millonario muy conocido en Madrid. Rubén Soto vive en los suburbios de Coruña, con el dinero justo para pasar el día. Aparentemente...
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