CAPÍTULO 15

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Let's be friends – Emily Osment

Rubén aparcó el coche en frente de la puerta de un local, con un giro elegante del volante, como si fuese lo más sencillo del mundo y llevara toda la vida haciéndolo. Era una calle bastante poco iluminada, de aspecto descuidado y ajado. Lo único que resaltaba en toda esa avenida era la luz azulada que salía de la puerta del local frente al que había estacionado el coche. Sobraba decir que me sentía algo insegura cuando bajé del coche, temblando por el frío que se asentó sobre mí. La llovizna seguía cayendo, siendo como finas agujas sobre mi febril piel.

Estaba perdiendo demasiada sangre.

Cerré la puerta de un caderazo, las manos demasiado manchadas de mi sangre como para tocar el vehículo. Me tambaleé ligeramente cuando intenté caminar hacia la puerta del local, siguiendo a Rubén. Él ya había salido del coche y había llegado hasta allí, sacando unas llaves del bolsillo de su chaqueta negra. Sé que debería acojonarme estar con un desconocido en un local que parecía digno de una película de terror, pero estaba comenzando a sentirme demasiado mareada.

La sangre seguía brotando de mi herida en el hombro, demasiado profunda como para que pudiera contener tanta solo tapándomela con la mano. Me esforcé en recorrer la distancia entre el coche y la puerta, pero trastabillé. Unas manos fuertes me sujetaron, y mi cara impactó contra un pecho caliente y duro. Cuando levanté la mirada, irguiéndome de nuevo, vi a Rubén mirándome con desaprobación.

—Olivia —me dijo para llamar mi atención, su mano aun alrededor de mi brazo sano—. ¿Cuántos dedos ves?

Extendió varios de ellos frente a mi cara, pero todo me daba vueltas demasiado como para centrarme en unos putos dedos. Les di un manotazo con la mano de mi brazo herido, movimiento que lanzó dardos de dolor intenso por todo él llegando incluso hasta mi cuello.

—Para con esa mierda —mascullé, cerrando los ojos para mitigar el dolor mediante respiraciones profundas.

Le escuché resoplar a mi lado... y luego me cogió en brazos. Solté una exclamación de sorpresa, chocándome contra su pecho de nuevo.

—¿Qué putas mierdas haces? —intenté revolverme con mis nulas fuerzas—. Bájame ahora mismo.

—En el local hay escaleras. —Se limitó a contestar, apretándome contra sí para impedir que me bajara—. No quiero que te partas la cabeza bajando. Has perdido mucha sangre.

Apretando los dientes con frustración, lancé mi último cartucho:

—Voy a mancharte de sangre. —Y mi voz sonó débil.

—Ya lo echaré a lavar. —Abrió la puerta con un puntapié y entramos en el oscuro local—. Agárrate a mí si no quieres caerte.

Se me vino a la cabeza la forma en que me llamó «reina» durante la persecución, la manera en la que esa palabra se deslizó por sus labios con una ligera diversión oscura. No le dije que se podía meter ese «reina» bien por el culo debido a la adrenalina y la confusión, igual que no le corregí entonces mientras me llevaba a través del espacio en sombras.

Le hice caso por el motivo único de que comenzaba a ver una especie de luz blanca, y estábamos en un local completamente a oscuras. Me agarré a su cuello, mi herida gorgoteando sangre cuando aparté la mano, y observé el lugar, aletargada. El espacio central parecía estar ocupado por una especie de ring, y colgaban sacos de boxeo aquí y allá, desperdigados por el espacio. Rubén me condujo a través de una puerta al fondo de la estancia que nos llevó a un pasillo largo. Estaba iluminado por luces blancas que me cegaron cuando cruzamos el umbral.

Cerré los ojos y apoyé mi cabeza en su pecho, sus pasos firmes mientras se dirigía a algún lugar que desconocía. Me dije a mí misma que se debía únicamente al desvanecimiento próximo debido a la falta de sangre. Las molestas luces blancas dejaron de ser tan intensas y pude abrir los ojos de nuevo para descubrir que ahora estábamos en una sala más estrecha. La pared estaba llena de taquillas, tan cubierta que no se apreciaba el color de la misma. Había dos bancos en el centro, dispuesto uno contra el otro. Parecía un vestuario de deportistas.

Mi Condena [Bilogía Condenados I] (+18)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora