(XIX) El Lado Oscuro. Parte I

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"Y tal como aquella extraña sombra me dijo, viaje de un salto a Moraband, aunque en ese momento no tenía ni idea del por qué.

Nunca olvidaré esa sensación que sentí al salir del hiperespacio. Aquella enorme roca carmesí me hizo sentir algo incómodo. No sabría explicarlo con palabras, pero simplemente sabía que algo no andaba bien. Descendimos lentamente y sobrevolamos lo que parecían ser unos páramos interminables, com mesetas puntiagudas y fuertes tormentas de arena. Era como si el planeta entero estuviera muerto.

Después de varios minutos sobrevolando la zona algo llamó mi atención. Una extraña estructura que estaba muy bien escondida entre los picos de las montañas, pero tenía una especie de grieta sobre la punta que la hacía destacar.

Rage: - Kilo. Vamos a aterrizar sobre esa estructura. Encuentra una zona de aterrizaje. -

Kilo: - Me temo que es imposible señor. La tormenta de arena parece estar interfiriendo con los sensores. -

Rage: - Bueno. Será a la antigua entonces. -

Kilo: - Que la Fuerza nos acompañe. -

Rage: - ¿Por qué dices eso? -

Kilo: - No lo sé. Al parecer algunas formas de vida usan esa frase para tener suerte. -

Rage: - ¿Suerte? ¿Crees que no podré aterrizar esta cosa? -

Kilo: - No creo. Cómputo que será un aterrizaje forzoso. -

Rage: - Me encanta tu optimismo, Kilo. -

Kilo: - No es optimismo. Es análisis.

Rage: - Ya callate un rato, ¿quieres? -

A pesar de que quisiera decir lo contrario, Kilo estaba casi en lo cierto. Sobrevolé lo más bajo que pude y traté de encontrar un lugar para aterrizar. La tormenta era fuerte, y apenas podía ver más allá que un par de metros. Pero finalmente, logré aterrizar la nave sobre una explanada justo frente a lo que parecía un templo con forma de pirámide con dos picos en la punta.

Rage: - ¿Y bien? ¿Crees que eso fue suerte? - Le dije altanero al lograr aterrizar sin estrellarnos.

Kilo: - Teniendo en cuenta que las probabilidades eran de 89 a 11 por ciento. Yo diría que sí. Fue suerte. Habrá que indagar en la naturaleza de tal frase relacionada a la Fuerza. -

Rage: - No tienes remedio. - Dijo algo molesto.

Al salir de la nave me encontré directamente en el ojo de la tormenta.

Kilo: - ¿Qué se supone deba hacer si no regresa? -

Rage: - ¿De qué estás hablando? Por supuesto que regresaré. - Kilo se me quedó mirando sin decir una palabra, y realmente no quería que dijera nada. - 25 por ciento. -

Kilo: - ¿Señor? -

Rage: - Si tu batería llega al 25 por ciento regresa sin mí. ¿Entendido? - Kilo no respondió. - ¿¡Entendido!? -

Kilo: - Entendido. -

Comencé a caminar sin rumbo, mirando constantemente hacia el piso para no tropezar o caer en una grieta de la cuál no pudiera salir. La sensación de la arena metiéndose en mis ojos era insoportable y era algo complicado respirar. Cómo extrañaba mi incómodo casco en ese momento.

No sabría decir por cuanto tiempo caminé, pero comenzaba a sentirme cansado. Tampoco sabía que estaba buscando. Simplemente esperaba encontrar algo que llamara mi atención. Y entonces lo vi, a la distancia detrás de la espesa cortina de arena. Una silueta humanoide que parecía portar una especie de máscara que cubría su rostro.

La mera presencia de esa cosa hacía que se me pusieran los pelos de punta y comenzara a sudar sin control. Lentamente me acerqué a él, con la esperanza que fuera la respuesta que estaba buscando. Pero cuando apenas me encontraba a un par de metros, la silueta simplemente desapareció.

Corrí hacia donde estaba y no encontré nada. Ni siquiera marcas de huellas. No podía entender lo que estaba pasando. ¿Acaso eran alucinaciones mías? Eso pensé, pero al darme vuelta la volví a ver a la distancia.

Estaba claro que no eran alucinaciones. Obviamente algo estaba ahí, podía verlo perfectamente. Me volví a acercar mientras le gritaba que esperase, que me dijera quién era. Pero la silueta simplemente volvió a desaparecer cuando me acerqué, sólo para volver a aparecer en otro lado.

La seguí sin descanso, hasta que llegué a la entrada enorme con forma triangular de lo que parecía un templo antiguo. Un templo oscuro y lúgubre, con extraños grabados que nunca había visto. Ni siquiera en los registros de Kamino. Miré alrededor pero la silueta simplemente no estaba. ¿Acaso se había adentrado en el templo?

El templo estaba increíblemente oscuro. La poca luz del día que atravesaba la tormenta apenas iluminaba más de cuatro metros dentro del templo. Así que tuve que usar el sable de luz para poder ver a dónde iba. El templo era gigantesco, podría decirse que una maravilla de la ingeniería. Sin embargo, era tan siniestro que no había forma posible que me pudiera relajar.

Caminé dentro del templo buscando a la silueta que previamente había visto, o al menos algo que me diera una pista de donde estaba, pero no encontré nada. Finalmente llegué a una gigantesca sala que se extendía a todo lo largo tras descender por unas escaleras. Justo mirando hacia la entrada de la cámara, una colosal estatua con los brazos cruzados, y cuyo rostro no podía alcanzar a ver. Y justo al medio, un cuadrado de piedra tallado. No parecía ser... una tumba."

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