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JENNIE

Me encontraba en mi habitación, aquel papel colocado en mi cama. Daba vueltas y vueltas alrededor de toda la habitación, pensando y pensando, ¿Acaso ese contrato sería la solución a todo?, ¿Acaso debía de tomar ese camino?.

El contrato no estaba mal, consistía en 10,000 dólares por encuentro, debía de estar a dispocisión de Lalisa cuando ella quisiera, sin excusas, incluso si Lisa viajaba por algún viaje de negocios, me llevaría con ella si ella así lo quiere, todo estaría pagado.

Pero por más tentador que sonaba, estaría perdiendo mi dignidad, mi integridad y sobre todo, el respeto hacia mi misma pero tal vez valdría la pena, tal vez ese contrato era la salida de deudas y de dejar de ver a mi madre llorar por las noches porque no tenemos ningún centavo para pagar absolutamente nada.

La diferencia es que ahora Lalisa es una perra sin corazón, si ella siguiera siendo la misma chica preparatoriana que conocí, no hubiera dudado ni un segundo en firmar ese contrato, pero ahora ella es tan... Diferente.

Al final, no tenía nada que perder, debería intentarlo, el sexo le gusta a todos ¿No?.

Decidida tomé el contrato y me decidí a ir a la oficina de Lisa a terminar con esto de una buena vez, con 5 veces que hiciera el amor con ella me bastaría, tendría 50 mil dólares en la bolsa y eso alcanzaría para cubrir las deudas, así que sería pan comido.

Me dirigí a su oficina en el primer taxi que encontré. Caminé con pasos rápidos y seguros, ni siquiera hice caso a los gritos locos de la secretaria que me suplicaban que no entrara a la oficina de Lalisa.

Cuando entré, me encontré con algo que hizo que mi corazón doliera un poco.
Lalisa estaba besando a una chica, la falda de esta estaba tirada en el suelo como si de cualquier trapo se tratase, su camisa desabrochada, la cual dejaba ver su sostén de encaje rojo. El saco estaba en el sofá, ella solo llevaba su camisa blanca desabrochada con las mangas hasta los codos.La mano de Lisa estaba entre sus piernas y la chica gemía tan fuerte que podía escucharse en todo el edificio.

Tosí ligeramente para que notaran mi presencia y así pasó, cuando Lalisa me vió, pude notar una sonrisa maliciosa y soltó una ligera risa nasal, lo cual me molestó... Me estaba haciendo enojar.

- Viniste - Dijo separándose de la chica y quitando el labial rojo intenso que tenía en la comisura de sus labios.

- ¿Tenía opción? - Contesté malhumorada.

- Cariño - Llamó a la chica que estaba sentada en el escritorio acomodando su ropa interior - Nos veremos otro día ¿Vale? - Tomó su mentón con su dedo pulgar - Dejemos esto pendiente, ¿Si?, Tengo que atender negocios - Habló con un tono seductor.

¿Negocios?, ¿Acaso eso era yo para Lalisa?, ¿Solo un maldito negocio?.

La chica asintió con una sonrisa coqueta, tomó su chaqueta y se fue, yo me quedé recargada en el marco de la puerta, esperando algún comentario de disculpa por parte de Lisa pero fue inútil, ella solo se sentó en su silla y comenzó a fumar.

- ¿No vas a disculparte? - Pregunté ingenua.

- ¿Por qué debería? - Alzó una ceja.

- ¿Por qué deberías?, Pues porque te ví coger en tu oficina, hay lugares para eso ¿lo sabías? - Me crucé de brazos molesta.

- Eres graciosa - Rió y se levantó de su silla para caminar hacia mí - Número uno: esta es MI oficina y puedo hacer lo que yo quiera en ella - Dijo firme - Número dos: tu no debiste entrar aquí sin permiso, para eso está mi secretaria, ella te dirá si puedes entrar o no - Se acercó a mi, quedando a solo unos centímetros de mi boca - Y número tres: puedo cogerme a quien quiera, yo decido eso - Soltó el humo de su cigarro en mi cara, lo cual me hizo toser.

Después de unos incómodos minutos de silencio total, en los que Lisa se sirvió un whisky en un vaso pequeño y puso hielos en él.

- Siéntate - Me indicó el asiento frente de ella.

Caminé hacia el y me senté, apretando mis piernas, pues realmente me sentía incómoda con todo esto.

- Así que... Quieres firmarlo ¿No es así? - Preguntó con una vez grave debido al reciente trago que le había dado a su whisky.

- A-Así es - Respondí nerviosa.

- Bien, hazlo entonces - Sacó una pluma de su saco y me la dió.

La tomé con todo el miedo del mundo, pero algo me decía que debía de aclarar algunas cosas primero.

- Pero antes... - Dejé la pluma en la mesa - Me gustaría dejar claras algunas cosas - Le dije.

- Habla - Le dió una calada a su cigarro.

- No haremos nada de cosas raras, si me siento mal, no tendré sexo contigo y lo más importante, esto será ocasional, no quiero que sea todos los días, y si viajamos muy lejos, llevaré todo el equipaje que quiera - Terminé de hablar.

- ¿Terminaste? - Me preguntó, yo asentí - Bien - Se levantó de su asiento y caminó hacia mi para pararse a 2 centímetros de mi cara - Tu no pones las órdenes Jennie, las pongo yo, igual que las condiciones, yo pago, tu haces lo que te digo ¿Entendido? - Me quedé atónita por su mirada tan penetrante - ¡Dije que si entendiste! - Me gritó, puso sus manos a los lados de mi, apretando el sofá.

Sentí que las palmas de las manos me sudaban, los nervios y miedo más que nada, no me dejaban hablar, la voz no salía de mi garganta, me quedé congelada en ese sofá viendo esos ojos llenos de rabia, esos ojos que una vez me miraron como si fuera la única en el mundo, esos ojos que una vez me miraron con amor, ahora me veían con odio y repulsión.

- Ahora eres mía Jennie y de aquí no vas a irte hasta que firmes ese maldito contrato, ¿Oíste? - Me tomó del cuello.

- S-Sueltame, m-me lastimas Lisa - Dije tratando de tomar aire e intentando quitar sus manos de mi cuello.

Entonces Lisa me acercó violentamente a ella para después darme un beso apasionado en los labios, su lengua invadió mi boca, explorando cada rincón de ella, siendo brusca y violenta. El beso solo duró unos pocos segundos, pero cuando dejó de besarme, sostuvo mis labios entre sus dientes, mordiéndolos muy fuerte, logrando sacar un poco de sangre de ellos.

- Fírmalo - Señaló el papel en el escritorio - Ahora - Demandó sentándose en su silla después de darme adolorida y confundida.

Y después de ese beso, lo hice... Firmé el contrato.

𝑴𝒚 𝑩𝒆𝒔𝒕 𝑭𝒓𝒊𝒆𝒏𝒅 Donde viven las historias. Descúbrelo ahora