01

699 93 249
                                        

Leila

Las fotografías de mariposas sin vida y flores marchitas habían llenado las paredes de mi habitación como un virus propagándose por mi cuerpo.

Habían sido casi dos años de colgar aquellas imágenes una por una en cada espacio blanco que había en mi cuarto. Probablemente la razón principal por las que había empezado a tomar aquellas fotografías y dejarlas allí era porque me había parecido la única manera de día tras día recordarme como se veía la muerte y recordarme de que yo si seguía viva.

Aunque si era sincera conmigo misma, la mayoría de veces me sentía como una más de aquellas imágenes.

Y ahora que estaba frente a ellas con la mayoría de mis pertenencias en una maleta me había dado cuenta que quizá había encontrado algo de seguridad en verlas todos los días, como si fueran un recordatorio de lo horrible que era la muerte y eso, a su vez, me ayudara a sentirme un poco más viva. Desde hacía casi dos años todos los días de mi vida se habían basado en despertar, trabajar, comer y volver a mi habitación, y al contrario de lo que muchos pensarían había algo en repetir la misma rutina todos los días que me hacía sentir segura, como tomar la misma ruta todos los días sin miedo a perderte y no encontrar el camino de nuevo.

Así que mientras observaba la fotografía de mi hermana en la pared me preguntaba si era demasiado tarde aun para desempacar y quedarme, al final solo iba por la promesa que le habia hecho a Jayce hace unas semanas de acompañarlo y ver si volvia a disfrutar de la fotografia.

-¡Leila! ¡Voy a irme sin ti si no te apresuras! ¡Siempre salimos tarde por tu culpa!

Escuche a Jayce gritar desde la sala de tal forma que creo que todos los vecinos se han enterado de mi pequeño gran problema con la puntualidad. Antes de siquiera poder responderle ya estaba asomándose por la puerta de mi habitación con la frente arrugada como siempre que saliamos tarde por mi culpa.

-¿Se puede saber porque estas tardando tanto? ¿No habías hecho tus maletas ayer?

-Las maletas ya están hechas, no es eso -murmure algo bajo-. Sigo pensando en que no se si acompañarte sea lo mejor, Jayce.

-Leila -se acerco a mi para acariciar mi brazo con una pequeña sonrisa. Sabía que le había prometido ir con él, estaba comprometida a acompañarlo. Pero hacia ya tiempo que salir de casa había dejado de gustarme, específicamente desde que se fue mi hermana.

-Yo se que las cosas han sido difíciles, muy difíciles. Pero de verdad creo que esto te hará bien, a

-¿Cómo estás tan seguro de eso? -Dije aun insegura mientras apretaba la maleta entre mis brazos. Jayce trabajaba como director desde hace muchos años en proyectos pequeños como grandes, pero sin
duda sabia que este era especial para el, lo sabia porque hace mucho tiempo no lo veia sonreir tan entusiasmado como lo hacia cada que mencionaba el documental que estaba por dirigir al otro lado del pais.

-Soy dios, yo lo sé todo -dijo en un tono burlón mientras apretaba mis mejillas con sus dedos-. Además el gran niñero Jayce estará ahí para cuidar a la pequeña niñita de veintidós añitos.

-Que vas a ser tú mi niñero si no puedes ni cocinar un huevo sin mí, más bien eres como mi abuelo.

¿Yo? ¿Tu abuelo? -Se llevo la mano al corazon de una manera exageradamente dramática mientras se separaba de mí, y aunque no queria término riéndome de la falsa ofensa en su cara-. Apenas estoy en mis treinta, soy un alma joven aún como para ser tu abuelo.

Me despeino el cabello con las manos como tenia costumbre de hacer desde que nos conocíamos y me dedico una sonrisa dulce, esperando a que se la devolviera, y aunque no iba a hacerlo al mirar su mirada cansada senti que el tambien necesitaba que lo hiciera, como si de esa forma trataramos de convencer al otro de que todo iria bien. Y es que, aunque Jayce no lo dijera sabia que este cambio también era difícil para él.

Línea de metaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora