Leila
—Hay que superponer el audio de esta toma de él hablando sobre su rutina de entrenamiento sobre esta en la pista. El montaje se vería más fluido. La voz serviría como puente entre ambas escenas y ayudaría a que la transición se sienta más natural que la que hiciste antes.
—Me encanta que, con el paso de las semanas aquí, hayas tomado la confianza suficiente para dejar de sugerirme las cosas y decirme que las cambie directamente.
Dejé de mirar el portátil y alcé la vista hacia él con las cejas levemente levantadas.
—Yo no te digo que las cambies directamente —aclaré.
Su risa resonó en la habitación, que parecía más una oficina, mientras se arreglaba los lentes y negaba con la cabeza.
—Además, confianza ya había. Solo te ha faltado cambiarme los pañales de pequeña. Lo que he perdido es el respeto, abuelo.
—Eso me ha dolido.
—¿Lo del respeto o lo del abuelo?
Mis dedos se movieron por el mouse para hacer los recortes que le había sugerido, mientras seguía escuchando sus carcajadas a mi lado.
Luego de un par de ajustes, dejé reproducir el video para comprobar cómo ahora aquella escena de Dereck quitándose el casco y pasándose una toalla por la frente, tras varias horas de entrenamiento, se acompañaba por su voz de fondo explicando con detalle su rutina.
Y era verdad. Se suponía que los domingos eran sus días libres y, sin embargo, no había vuelto a verlo por el hotel. Zara solo comentó que "así era él cuando ponía su cabecita en modo competencia".
—Lo del abuelo. El respeto nunca lo he visto.
—Es que los treinta y siete no llegan solos; traen problemas de visión y dolores de espalda.
Un quejido salió de mi boca cuando empujó ligeramente mi cabeza entre risas, murmurando algo que no llegué a entender porque estaba escuchando el sonido del video. Sin embargo, por el rabillo del ojo lo vi caminar hacia la cocina con nuestras dos tazas vacías.
En mi defensa, yo sí respeto a Jayce... solo que quizá no tanto como el resto del mundo. Aunque no los culpo. Jayce es ese tipo de persona que siempre usa camisas perfectamente planchadas. Es alto, y aun cuando bromea, mantiene ese tono educado y elegante al hablar. Es como si un profesor de artes y un abogado hubieran tenido un hijo.
—¿No planeas hacer nada hoy, Leila?
—Nop —murmuré, dejando de teclear. En cuanto comprobé que el recorte quedó sincronizado, levanté la mirada hacia él—. ¿Por qué?
—Cuando recién llegamos, salir con los amigos de Dereck te... —hizo una pausa mientras dejaba la taza boca abajo en el fregadero— distraía. Pero en estas últimas semanas has pasado tus días libres trabajando conmigo.
—Es que ellos también están trabajando al fin y al cabo, ¿no? —levanté los hombros mientras me cruzaba de brazos y suspiraba. Zara me había invitado algunas veces a sus "noches de chicas", pero no sabía si lo hacía por compromiso o porque le daba pena que fueran las únicas personas con las que había interactuado aquí.
—A las siete debo ir con el señor Leiker —dejó la otra taza junto a la primera antes de darse la vuelta y tomar un paño para secarse las manos—. Volveré como a las once. Si aún estás despierta, dime y cenamos juntos.
—Seguramente lo estaré.
—Aún no te acostumbras al horario —comentó, apoyándose en la mesada con los brazos cruzados—. ¿Y si llamas a la pelirroja esa con la que sales?
ESTÁS LEYENDO
Línea de meta
Teen FictionLo único que sabía Leila Kinsley sobre sí misma era que siempre había estado enamorada de la fotografía, y para ella eso era más que suficiente para saber quién era. Sin embargo, tras la muerte de su hermana mayor, ya no encuentra la misma emoción e...
