Leila
El rugido del motor vibró a través de mi cuerpo como si me atravesara desde dentro. El viento me golpeó de lleno, obligándome a aferrarme con más fuerza al torso de Dereck. Cerré los ojos por reflejo.
Mi corazón latía con tanta fuerza que parecía querer salirse de mi pecho. No era miedo. Bueno, sí, pero muy en el fondo.
Además de eso, había algo en esa sensación que se me subía a la garganta, algo tan intenso que me dejaba sin aliento. Cada intento de respirar hacía que mi pecho se apretara, como si el aire nunca fuera suficiente. Y, sin embargo, había algo... distinto en ello. Pensé que el vértigo y la adrenalina serían insoportables, pero en lugar de eso, sentía una extraña ligereza en la forma en que nos deslizábamos por la carretera. Casi como si flotáramos.
El rugido volvió, y mi cuerpo reaccionó sin pensarlo. Me pregunté si el corazón de Dereck también iba a la misma velocidad. Si él sentía lo mismo.
Entonces, sin aviso, la estabilidad bajo nosotros se desvaneció.
Un escalofrío me recorrió la columna en cuanto la moto se deslizó, levantándose apenas del suelo. Fue una fracción de segundo, pero en mi cuerpo se sintió como un salto al vacío. Sabía que era normal. Lo había visto en videos de gente manejando como lunáticos, levantando una rueda del suelo. O incluso en pilotos como Dereck, que de alguna forma incomprensible lograban inclinarse tan cerca del asfalto que parecía que iban a rozarlo. Aun así, el vértigo me golpeó seco en el pecho.
La voz de Dereck sonó a través de los audífonos del casco, pero no terminé de entender lo que decía. Aunque me pareció que la última palabra había sido "bien", por lo que supuse que me estaba preguntando si lo estaba.
Apreté los muslos contra el asiento con toda la fuerza que pude, tratando de mantenerme firme cuando la moto volvió a asentarse sobre el suelo. Pero mi corazón seguía golpeando mi pecho.
Intenté decir algo, específicamente un insulto para liberar la tensión de mi cuerpo, pero no funcionó. Así que me armé de valor para levantar el rostro y abrir los ojos lentamente.
—Dios...
Por encima del hombro de Dereck solo podía ver la carretera desapareciendo a toda velocidad, los árboles y el mar a lo lejos convertidos en manchas borrosas imposibles de enfocar.
Mis brazos se aferraron a Dereck, sabiendo que si me sostenía de él iba a estar bien. O, por lo menos, no me iba a caer. Y si lo hacía, bueno, él también caería conmigo y sería una clase de cojín humano.
Tomé una bocanada temblorosa, esperando que eso detuviera mis pensamientos sobre caerme. Porque si seguía así, me iba a lanzar por cuenta propia con tal de callarme.
Y, para mi sorpresa, al pasar los segundos... o minutos, no lo sé, la verdad... se sentía bien. De hecho, bastante bien.
Pensé que todo eso iba a disgustarme porque no terminaba de entender cómo alguien podría disfrutar al cien por ciento de una actividad así. Pero para mi sorpresa, era un sentimiento extrañamente familiar. Aunque no estaba segura de si me gustaba sentirlo otra vez.
—Dereck —mi voz salió más débil de lo que esperaba.
—¿Sí?
No sabía cuánto tiempo llevábamos andando así. Dos minutos. Cinco. Diez. Mi cabeza estaba demasiado lejos de la realidad como para notarlo. Solo sabía que el mundo era un borrón de viento y velocidad. Y sorprendentemente, era adictivo. Pero necesitaba procesarlo.
—¿Puedes detenerte?
Dereck obedeció casi al instante. Y no suavemente.
El frenazo me sacudió entera, haciéndome rebotar contra su espalda. Solté un quejido ahogado y me aferré más fuerte a su torso por puro instinto antes de obligarme a soltarlo con torpeza.
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Línea de meta
Teen FictionLo único que sabía Leila Kinsley sobre sí misma era que siempre había estado enamorada de la fotografía, y para ella eso era más que suficiente para saber quién era. Sin embargo, tras la muerte de su hermana mayor, ya no encuentra la misma emoción e...
