No tenía idea de lo que me esperaba, no sabía cuál ere la gravedad de lo que pasaba, nunca me imaginé cuál era el peligro de lo que me enfrentaba, me enliste con mis amigos creyendo que hacía un bien, creyendo que le debía algo a mi nación y por eso la iba a defender. En el pueblo los carteles pegados en las paredes nos hacían sentir culpables, nos hacían sentir inservibles sino participabamos en el combate, me describían que pelear en la guerra era patriótico y un motivo de orgullo, me decían que era algo heróico y me haría una estrella respetable en el mundo. Me manipularon emocionalmente para ir a matar a los franceses, nos dieron uniformes reutilizables para ir al frente, nos entrenaron para acribillar a los oponentes, para disparar sin ser concientes. Iba con una emoción ingenua a el matadero, iba con una sonrisa en la boca a el infierno, solo tenía 18 años cuando me monte en ese camión, era muy joven cuando bombardearon las trincheras de mi peloton, cuando ví morir a más de un compañero, cuando entendí que está aniquilación acabaría con mis sueños. Los meses se iban lento y con el pasar del tiempo mi rostro estaba luciendo atormentado, me encontraba sin una pisca de alegría mis ojos estaban apagados y mis gestos aterrorizados, era preso del hambre, los hombres eran como artefactos desechables, los hombres eran como fichas intercambiables, somos solo una estadística más, un número que no importa aminorar, un montón de placas para identificar, una pirámide de cadáveres que enterrar, la guerra mi globo hizo estallar.
La primera semana no pude dormir por las pesadillas, me sentía débil por la falta de comida, éramos unos zombies vivientes, atacabamos sin compasión a la gente. Bromear en los descansos del campamento se sentía como un bálsamo, en esos pequeños momentos de la realidad se eliminaba cualquier rastro, luego volvíamos a ser las marionetas de los altos mandos. Recibir una carta nunca había sido tan melancólico y agradable, nunca me sentí tan destruído y tranquilo al leer las palabras de mi madre, quiero regresar a casa y no me importa si eso me hace ver cómo un cobarde. Nunca voy a poder volver como todos mis familiares esperan, ahora solo puedo disfrutar de los minutos que vivo me quedan, estábamos en desventaja y aún así no paraban la violencia, ver cómo pierden la vida quemados mis compañeros me está dejando más de una secuela, el general no quiere rendirse y nos insita a continuar avivando las tragedias. A cada momento están muriendo miles de soldados inocentes, mientras que los superiores y delegados se sientan a tomar vino cómodamente, para llegar a un acuerdo que solo benefician sus propios intereses. Nos hemos convertido en animales insensibles, hasta las ratas le huían a los tanques que nos hacían la tarea de ganar imposible, derribar a los contrincantes era complicado, eran máquinas inteligentes que muchas jugadas Avilés nos habían lanzado, me dolía asesinar a muchos porque sabía que ambos bandos éramos humanos, ambos paises teníamos la misma sed de acabar con lo que por años el alma nos ha acabado. Cuando por fin llegó una esperanza de paz la codisia a el campo nos volvio a mandar, el mariscal no estaba de acuerdo con el armisticio y las horas que quedaban las iba a aprovechar, así que bajo su mirada malisiosa a los oponentes nos hizo atacar, los que se resistian eran fusilados por deslealtad, sin otra alternativa una batalla inecesaria nos hicieron iniciar, en 6 hora mataron a 3 millones de soñadores sin piedad, solo buscaban obtener unos pocos metros de terreno que costaron la pérdida de vidas en cantidad, fueron muy pocos los que pudieron sobrevivir a la maldad, fue una inútil matanza que condenó a la miseria a una generación de temprana edad. Me hicieron creer que la identidad nacional era el centro de mi identidad, pero eso era solo una ideología hipócrita utilizada para controlar. Nosotros moriamos mientras los comandantes observaban desde la distancia desconectados, de todo el terror que sufriamos cuando éramos masacrados, por aumentar el poder nuestra tranquilidad han sacrificado, ya no sabía quién era el enemigo ni quién eran los aliados.
La guerra nos arruino todo, ya no éramos esos viajeros que querían conquistar el universo, ahora de esta cruel letalidad estamos huyendo, ahora por la supervivencia estamos corriendo, de todo lo que hice para seguir de pie me arrepiento, ya no puedo corresponder la alegria del apego, los argumentos alentadores ya no nos producen ningún efecto, el régimen en el que nos estamos sometiendo está plagado de defectos, volamos de nosotros mismos, volamos de nuestros destinos, volamos directo al abismo, teníamos 18 años y habíamos empezado a amar la vida y al mundo, y lo tuvimos que balear en pedazos que punzaban en lo más profundo.
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