El alta médica había sido firmada por Kazumi, y Shiro ya podía dejar el hospital, pero no estaba en las posibilidades de hacerlo porque no contaba con ropa limpia que ponerse. Cuando llegó, además de que los harapos que vestía fueron cortados y echados a la basura, no llevó consigo sus enseres personales, ya que su traslado hacia el nosocomio fue por una emergencia. Sin embargo, Masaki, quien había repasado cada escena de las posibles que se darían tras confesarle la verdad de su origen a Shiro, había solicitado a su chofer que vaya a la tienda de ropa masculina más cercana y compre unos pantalones, camiseta, ropa interior y calzado para un hombre con las medidas de su nieto. Así fue como el anciano marcó el número de móvil de su chofer y le pidió que subiera hasta la habitación en donde se encontraba para que le entregue las prendas recientemente adquiridas.
- No debió gastar dinero, Fukuda san. Pude haber llamado al teléfono fijo del restaurante y pedirle a mi amigo Tomeo que me traiga algo de mi ropa buena, la que uso cuando invito a Kazumi chan a pasear –dijo Shiro sintiéndose un poco incómodo al no poder solucionar él mismo ese problema. El joven había estado solo por tanto tiempo que le parecía inusual que alguien se preocupara por resolver sus contratiempos por él. «Quizás eso es parte de tener una familia: otros te pueden ayudar a estar bien», pensó Shiro mirando la sonrisa en la cara de aquel anciano que resultó ser su abuelo.
- El propósito del dinero es pagar por productos o servicios que se requieran. No me haré pobre por comprarte algo para que no salgas desnudo del hospital ni tampoco me haré más rico si no gasto en ese detalle para ti. El dinero se hace importante cuando sirve para encontrar soluciones que nos permitan vivir con comodidad –Shiro reflexionó sobre las palabras del anciano y concluyó que era cierto lo que decía: el dinero solo sirve para brindarnos una vida confortable.
- Gracias, Fukuda san –dijo Shiro junto a una reverencia. En ese momento, viendo la humildad de su nieto, se preguntó cuánto tiempo tendría que esperar para escucharlo llamarle abuelo.
Unos golpes en la puerta de la habitación los distrajo y el chofer ingresó para entregarle al anciano multimillonario las bolsas con las compras que encargó. Ver los logos de importantes y carísimas marcas de prendas de vestir en las bolsas hizo que Shiro mirara a Kazumi con algo de temor. Esa sería la primera vez que él usaría algo fino, costoso y de primer uso, ya que la mayoría de las prendas que tenía en su guardarropa, y él consideraba su "ropa buena", eran vestimentas de diseñador, pero de segunda mano. Olvidando la vergüenza que sintió minutos atrás cuando besó a su amado amigo para calmarlo, la médica tomó las bolsas que Masaki ofrecía a su nieto y sacó las prendas que guardaban, encontrando unos pantalones negros, una camiseta azul, una casaca de cuero negra, ropa interior y un par de mocasines negros.
- Parece que todo es de tu talla –dijo Kazumi sonriéndole a Shiro para que dejara de tener esa expresión de pavor que a ella no le gustaba-. ¿Qué tal si te pruebas la ropa y calzado? Algo me dice que te vas a ver mucho más guapo de lo que ya eres con estas prendas –el comentario de la médica hizo que Shiro dejara la cama y con cuidado, porque aún estaba recuperándose de la cirugía, caminara hacia el baño para vestirse.
Al salir del baño ya vestido y calzado, tanto Kazumi como Masaki quedaron impactados al ver lo bien que se veía y cómo le entallaban a la perfección las prendas.
- Parece que fueras un modelo a punto de iniciar una sesión fotográfica para publicitar la famosa marca de diseñador que vistes –soltó Kazumi, finalizando con un suspiro su intervención. Shiro la miró de esa manera particular que solo ofrecía a la médica, y esta se sonrojó al sentirse muy acalorada por esa expresión coqueta, provocativa que le brindaba su joven amigo.
- Me extraña que con esa percha ningún cazador de talentos te haya ofrecido sacarte de la pobreza dedicándote al modelaje o la actuación –bromeó Masaki al ver lo bien que se veía su nieto vistiendo ropas finas.
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El amante perdido
RomanceKazumi y Shiro eran unos adolescentes cuando por azares del destino se dejaron de ver. Cuando se volvieron a encontrar, ella era una mujer de 23 años, una médica exitosa, pero con muy baja autoestima al tener una familia que solo le ofrecía palabras...
